domingo, 31 de marzo de 2024


 

¡RESUCITASTE, SEÑOR! ¡ALELUYA!

Y nos diste la vida,

Y todo fue luz en la oscuridad,

Y despertó el mundo de su tristeza,

Y la muerte fue derrotada 

¡RESUCITASTE, SEÑOR! ¡ALELUYA!

Por el hombre que estaba perdido,

Por el que no tenía ganas de vivir,

Por aquel que se alejó de los buenos caminos.

¡RESUCITASTE, SEÑOR! ALELUYA!

Y nos trajiste felicidad,

Y nos infundiste paz,

Y nos libraste del olvido eterno, 

Y nos hiciste más hermanos.

¡RESUCITASTE, SEÑOR! ¡ALELUYA!

Para que nos amásemos más,

Para que mirásemos al cielo,

Para que no olvidásemos a Dios,

Para que fuéramos hombres y mujeres de fe,

Para que llevásemos tu nombre a todos los rincones de la tierra.

¡RESUCITASTE, SEÑOR! ¡ALELUYA!

¡GRACIAS, SEÑOR! ¡GRACIAS, AMIGO!

¡HAS VENCIDO A LA MUERTE!

¡ALELUYA, ALELUYA!

 


 

2024 CICLO B DIA DE PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

Felicidades a todos, es domingo de pascua. Es el momento en que todo se renueva, hasta hace rodar las piedras pesadas, no solo del sepulcro de Jesús sino también las losas pesadas sobre los corazones.

La Pascua no sólo trae la salvación que nos saca de las aguas fangosas, sino la redención, que es mucho más, que transforma la debilidad en fuerza, la maldición en bendición, la negación de Pedro en un acto de fe, mi defecto en nueva energía, mi huida en carrera sin miedo.

María Magdalena sale de casa envueltas en tinieblas, del cielo y del corazón. No lleva los aromas y perfumes, sino su amor mezclado de dolor, interrogación, de rebelión contra la ausencia de Jesús.

Al llegar vio que la piedra había sido removida del sepulcro. En el frescor del alba, el sepulcro está abierto de par en par, vacío y resplandeciente. Un sepulcro abierto como la cáscara de una semilla que germinó, o de un pájaro que ha aprendido a volar antes de posarse.

María corrió hacia Simón y el otro discípulo, al que Jesús amaba... Pedro y Juan corrieron juntos.

¿Por qué corren todos en esa mañana de Pascua? Porque todo lo de Jesús no aguanta medias tintas, y merece toda la prisa del amor, que siempre va por detrás del hambre de abrazos. Corren porque anhelan la luz que es la vida. El otro discípulo Juan, el que Jesús amaba, corrió más deprisa.

Juan llega antes que Pedro a comprender el sentido de la resurrección, y a creer en ella. El discípulo amado tiene la inteligencia del corazón. El que ama comprende más, comprende antes, comprende más profundamente. Porque los sabios caminan, los justos corren, pero los enamorados vuelan.

Juan entró, vio y creyó. Juan cree porque los signos sólo son elocuentes para el corazón que sabe leerlos, y el suyo quema la distancia entre Jerusalén y el huerto, entre los signos y su significado, entre los lienzos allí tendidos y el cuerpo ausente.

Es necesario “entrar” en la experiencia del misterio, en la celebración de aquello que creemos para poder “ver” con nuevos ojos y creer verdaderamente. Nosotros también, al igual que los discípulos “no entendemos las Escrituras”. Necesitamos más familiaridad con la Palabra.

El primer signo de la Pascua es el cuerpo ausente. Falta un cuerpo en la historia de la humanidad, para equilibrar el recuento de los muertos. Pero Jesús no es simplemente el Resucitado, no es el actor de un acontecimiento consumado. La Pascua no ha terminado. Si todos formamos el cuerpo de Cristo, así como la cruz es contemporánea mía, también lo es la Resurrección. El que vive en él, es comprendido, es decir, arrebatado en su resurrección.

La resurrección de Jesús es la fuerza y el poder que nos hace capaces de ser evangelizadores y testigos de la presencia de Dios en medio de nosotros. La alegría de la Pascua debe ser la fortaleza para todo el año, para cada día. En la Iglesia, necesitamos dar testimonio de la alegría del Evangelio, de la alegría de la Pascua, de la alegría de sabernos amados y redimidos por un Dios que nos ama infinitamente.

sábado, 30 de marzo de 2024


 

 

2024 CICLO B

VIGILIA PASCUAL

 

Queridos hermanos en esta santa noche celebrando la liturgia más importante de todo el año: la primera clave para entender lo que estamos celebrando es el fuego, la historia y el agua.

Las variadas lecturas que hemos proclamado y escuchado esta noche quieren guiarnos por el sendero de Dios, quieren indicarnos un proceso pascual, es decir, quieren conducirnos al encuentro con el Resucitado, con el portador de la Vida Nueva, que se nos ofrece gratuitamente, por pura misericordia y amor de Dios. No solo las lecturas, sino toda la liturgia: el fuego, la oscuridad, las luces, las campanas, los cantos, el aleluya, el agua, la renovación de las promesas el sacramento del bautismo, etc.

Fuego y agua son los dos elementos indispensables para la vida biológica. Del fuego surgen dos cualidades luz y calor, necesario para haber vida. El agua es el elemento fundamental para formar un ser vivo. El 80% somos agua. Recordar nuestro bautismo es la clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. Hoy, fuego y agua simbolizan la nueva Vida de Jesús, porque le recordamos VIVO y comunicando VIDA.

Celebrar la Vigilia Pascual es aceptar y proclamar que la muerte no tiene la última palabra, que la injusticia no tiene la última palabra, que el dolor y el sufrimiento inocentes no quedan en vano. Esta noche debemos estar alegres, contentos, dejar que nuestros corazones sean invadidos por la alegría que da el Señor.

En un mundo lleno de malas noticias, que parece rumbo a la deriva y sin señales de mejoría, los cristianos una vez más, creemos que la Vida en abundancia está con nosotros, que Dios no se ha quedado en la tumba, que la fuerza del Resucitado es capaz de transformar nuestras vidas y nuestro mundo.

Así como las mujeres que fueron al sepulcro a buscar a Jesús, escucharon la voz del joven vestido de blanco, también nosotros hoy necesitamos volver a escuchar las mismas palabras: “No os asustéis… No está aquí. Ha resucitado”

Esta noche estamos todos enviados a compartir la gran noticia: ¡Jesús no está en el sepulcro, ha resucitado! Hay que compartir con la comunidad, con la familia, con los amigos, con todo el mundo. La fuerza del resucitado nos empuja y anima a compartir nuestra fe en el Dios de la vida.

La vida que esta noche celebramos no es la física, ni la psíquica, sino la trascendente. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre”. Solo el ser humano es capaz de conocer y de amar, y por eso podemos acceder a la Vida divina.

Lo que estamos celebrando esta noche es la llegada de Jesús a esa cumbre. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva, que es la de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es eterna.

Por otro lado, es importante volver a nuestra Galilea, a aquel lugar donde empezó todo, donde fuimos llamados y elegidos, a aquel momento donde hemos sentido la voz del maestro que nos llamaba para seguirle. En momentos de crisis, de muerte y tristeza, hay que volver y descubrir la presencia del resucitado.

Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la Vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Jesús estuvo constantemente muriendo y resucitando. Muriendo a lo terreno y caduco, al egoísmo, y naciendo a la verdadera Vida, la divina. Tenemos una concepción estática del bautismo. Creemos que hemos sido bautizados un día y una hora y que allí se realizó un milagro; sin embargo, el sacramento es dinámico, continuamente avanza o decrece, por eso en unos momentos renovaremos nuestras promesas bautismales.





































 VIERNES SANTO

PASIÓN DEL SEÑOR

viernes, 29 de marzo de 2024


 


 

2024 CICLO B VIERNES SANTO 

Hoy viernes santo es el día de las preguntas. Por qué tanto cuerpo roto. Por qué tantos niños muertos por falta de alimento. Por qué tanta soledad de los ancianos. Por qué tanta mujer violada. Por qué tanta explotación, humillación, calumnia, masacres, pobreza y desencanto.

Muchas veces lanzamos a Dios nuestras quejas y pretendemos una respuesta; Él debe rendir cuentas, está obligado a facilitarnos explicaciones. Dios debe justificarse. Pero Dios no responde como yo quiero que lo haga; Dios no entra en este juego.

La respuesta que Dios ofrece está en las palabras de Pilato; “He ahí al hombre”. Puede ser muy crudo escuchar que Dios no ha venido a eliminar el dolor humano ni a presentarnos un piadoso tratado sobre el sufrimiento. Dios no ha dado explicaciones. Dios hace algo mucho más importante: viene a compartir y a participar de nuestra condición: tomando sobre sí nuestro sufrimiento. Esta es la Cruz y su sentido; una señal, un signo, un sacramento del sufrimiento de la humanidad. Y a Dios se le desgarra el corazón; y eso que Dios hace es muy propio de un padre que ama sin límite; es algo locamente divino. Ya nada se pierde.

“El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 9, 10). Ha venido a buscar nuestro dolor inútil para llevar, soportar y quitar nuestra angustia, ya que desde ese día en que Cristo Jesús fue ofrecido como espectáculo de humillación y de sufrimiento, lo divino y lo humano se identifican hasta el punto de constituir un verdadero sacramento ofrecido a todos, creyentes o no, bautizados o no, pecadores e inocentes; un sacramento de vida.

“Aquí lo tenéis”; “he ahí al hombre” que hace posible el camino a Dios desde la Cruz que salva y redime todo lo que parece estar perdido a los ojos de la humanidad.

Junto a la cruz de Jesús aparece su Madre y en el discípulo a quien amaba. Al pie de la cruz nace la nueva familia de Jesús. El discípulo acoge a la Madre de Jesús como algo suyo. Al pie de la cruz, asistimos al nacimiento de la Iglesia. Somos una familia nacida del costado que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz. Somos una familia que trabaja por un reino de amor apasionado.

María, madre nuestra déjanos estar contigo al pie de todas las cruces del mundo. Déjanos entender que dar la vida, día a día, es la única forma segura de tenerla en abundancia.

El mismo evangelista Juan que hoy nos narra la pasión de Jesús, él mismo nos anunciará a gran voz y con gran sobresalto que la losa del sepulcro estaba quitada y que Jesús nos muestra un nuevo éxodo de vuelta a la vida.

 























































JUEVES SANTO

CENA DEL SEÑOR