miércoles, 27 de septiembre de 2023


 

2023 SEPTIEMBRE. Adoración eucarística

 

LAS SEIS MADEJAS DE HILO

Una tarde más Señor Jesús nos encontramos alrededor de tu altar. Tú sigues mostrándote como lo que verdaderamente eres: pan de vida, alimento para nuestras vidas, fuerza y vigor para nuestra alma. Tu nunca desistes de acompañarnos en todas las circunstancias de la vida y nos muestras el camino a recorrer. Muchas veces no somos conscientes de tu presencia y por eso nos vence la fragilidad y el desánimo.

Aportemos cada uno lo mejor que pueda y las cosas irán saliendo hacia adelante, no desistamos nunca el Señor hace el camino con nosotros, aunque muchas veces no lo sintamos cerca.

Escuchemos está interesante historia de confianza y de aportación de lo que cada uno buenamente pueda.

 

Las seis madejas de hilo: Hace ya muchos, pero que muchos años, había un famoso rey que vivía en su castillo-palacio de Renania. De todos era bien conocido por su avaricia y su mal carácter. En su deseo de aumentar sus arcas y su poder, no hacía más que inventarse nuevos impuestos con los que oprimía y empobrecía a sus súbditos.

No hacía mucho tiempo que el rey había apresado y encarcelado a Romualdo, a quien todo el pueblo veneraba y reverenciaba como a hombre de Dios y profeta de su pueblo. En un edicto redactado en un pergamino y hecho público en las plazas centrales y mercados de las villas de su reino, hizo saber que no lo pondría en libertad hasta que el pueblo pagase una muy elevada suma de dinero por su rescate. Esta era una manera un poco primitiva y bastante salvaje de cobrar impuestos; pero el rey sabía que el pueblo veneraba mucho al santo y acabaría pagando.

Después de varios meses recolectando dinero, ya habían pagado mucho, pero la cantidad recaudada no llegaba aún a lo estipulado.

Una viejecita de un pueblo muy lejano se enteró también de lo que sucedía y quiso contribuir en su pobreza. Era hilandera, y todo su capital en aquel momento eran seis madejas recién hiladas. Las tomó y se encaminó a palacio a entregarlas para el rescate.

Las personas, al verla pasar, se contaban unos a otros su caso, y no podían menos de sonreírse ante la ingenuidad de su gesto y la inutilidad de su esfuerzo.

- ¿Qué valen seis madejas de hilo en un rescate de millones? Decían entre ellos.

Algunos incluso se lo decían a la viejecita en su cara e intentaban disuadirla de su empeño. Pero ella seguía su camino y contestaba:

- “No sé si pondrán en libertad a Romualdo o no. Lo único que pretendo es que cuando Dios, en su juicio, me pregunte qué hice yo cuando Romualdo estaba en la cárcel, no tenga yo que bajar los ojos avergonzada”.

Y presentó su ofrenda.

El rey, a cuyos oídos había llegado ya su historia, en un arranque de comprensión, que no tenía explicación humana alguna, liberó al hombre de Dios.

 

Señor Jesús, ¡Cuántas veces nos excusamos nosotros también ante los problemas de las personas que nos rodean y no hacemos nada pensando que nuestro esfuerzo será inútil! ¡Y tú qué sabes! Historias como esta han sido capaces de conmover, no sólo a reyes, sino también al mismo Dios.

Acordémonos de la ofrenda de la pobre viuda que depositó en el tesoro del templo (Lc 21: 1-4) Es sensacional lo que Jesús dijo: todos los demás han echado de lo que les sobraba; en cambio esta mujer en su indigencia, ha dado todo, hasta lo que tenía para vivir.

Dios no se fija tanto en la cantidad, sino en la calidad, en la totalidad. Dicho en otras palabras, si las acciones y los comportamientos lo realizamos por amor a Él y a los hermanos y hemos sido capaces de darlo todo, nunca nos quedaremos sin recompensa. Tu haz el bien y no mires a quien. Esfuérzate, colabora y participa en la vida colectiva con los demás. Y es que Dios se conmueve ante un corazón que ama de verdad. Probablemente nosotros no podamos hacer nada si actuamos usando solamente nuestras fuerzas; pero cuando Dios está a nuestro lado… nos hacemos todopoderosos. Colabora, participa según tus dones y talentos, el Señor añadirá el resto. Amén

domingo, 24 de septiembre de 2023


 

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi comodidad, estaba yo un día sentado cuando, por tu nombre,

salí hacia tu encuentro

GRACIAS, MI SEÑOR

porque en la plaza de mi egoísmo, estaba yo un día cerrado cuando, por tu nombre,

comprobé que la mayor riqueza es el dar y no recibir.

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi particular justicia, estaba yo confundido cuando, por tu nombre, aprendí a diferenciar la verdad de la mentira.

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi aburrimiento, estaba una tarde abatido cuando, por tu nombre,

me sentí llamado a la alegría de tu misión.

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi envidia, estaba un amanecer asomado cuando, por tu nombre,

acepté que es grande el servirte, sin juzgar ni exigir la suerte que Tú repartes.

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mis ideas, tejía proyectos y planes cuando, por tu nombre,

ví que los tuyos daban dignidad al hombre.

Por todo, eso y por mucho más,

GRACIAS, MI SEÑOR. Amén

 

sábado, 23 de septiembre de 2023


 


 

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN DE ADULTOS

Todos los adultos que deseen recibir el sacramento de la confirmación pueden pasar por la sacristía hasta mediados de octubre para inscribirse


 

       El martes 26 de septiembre de 18 a 19h

INSCRIPCIONES A LA CATEQUESIS DE COMUNIÓN

para todos aquellos que aún no han sido inscritos


 


 

2023 DOMINGO TIEMPO ORDINARIO XXV

Hoy Jesús nos cuenta una parábola sorprendente. Habla de un señor que contrató a todos los jornaleros que pudo. Él mismo fue a la plaza del pueblo una y otra vez, a horas diferentes. Al final de la jornada, aunque el trabajo había sido absolutamente desigual, a todos les dio un denario: era lo que su familia necesitaba para vivir.

El primer grupo protesta. No se quejan de recibir más o menos dinero. Lo que les ofende es que el señor ha tratado a los últimos igual que a nosotros. La respuesta del señor al que hace de portavoz es admirable: ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

La parábola es tan revolucionaria que seguramente después de veinte siglos no nos atrevemos todavía a tomarla en serio. ¿Será verdad que Dios es bueno incluso con aquellos que apenas pueden presentarse ante él con méritos y obras? ¿Será verdad que en su corazón de Padre no hay privilegios basados en el trabajo más o menos meritorio de quienes han trabajado en su viña?

Todos nuestros esquemas se tambalean cuando hace su aparición el amor libre e insondable de Dios. Por eso nos resulta escandaloso que Jesús parezca olvidarse de los «piadosos», cargados de méritos, y se acerque precisamente a los que no tienen derecho a recompensa alguna por parte de Dios: pecadores que no observan la Alianza o prostitutas que no tienen acceso al templo.

Nosotros nos encerramos a veces en nuestros cálculos, sin dejarle a Dios ser bueno con todos. No toleramos su bondad infinita hacia todos: hay personas que no se lo merecen. Nos parece que Dios tendría que dar a cada uno su merecido, y solo su merecido. Menos mal que Dios no es como nosotros. Desde su corazón de Padre, él sabe regalar también su amor salvador a esas personas a las que nosotros no sabemos amar.

Son reveladoras las palabras del dueño de la viña: ¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada? El no hacer nada produce un vacío, provoca una falta de sentido, el día a su alrededor enferma. Esto sucede porque la madurez del hombre se realiza siempre en tres direcciones: saber amar, saber trabajar, saber alegrarse.

1- gesto inquietante: los últimos son los primeros en ser llamados, los que menos han trabajado.

2- gesto que es ilógico: ellos, que sólo han trabajado una hora, reciben la paga de un día entero por una fracción de día. Y comprendemos que no se trata de un salario, sino de otra forma de habitar la tierra y el corazón.

3- gesto llega el turno de los que han trabajado doce horas, soportando la carga del calor y la fatiga, esperan, con razón, una paga extra. La paga es la misma: "No es justo", protestan. Es cierto: no es justo. Pero el amo no sabe de justicia, es generoso. Incluso el amor no es justo, es más. El maestro no quita nada a los primeros, añade a los últimos. No resta nada, da. No es injusto, sino generoso. La justicia humana es dar a cada uno lo suyo, la justicia de Dios es dar a cada uno lo mejor. Dios no es un contador de méritos, es el Dador.

miércoles, 20 de septiembre de 2023


 

2023 septiembre ADORACIÓN EUCARISTICA.

El desierto

De nuevo estamos aquí junto a ti Señor Jesús sacramentado. Queremos fiarnos siempre de ti y confiar, confiar siempre. No nunca nos defraudas y siempre nos apoyas prestándonos tu mano cuando desfallecemos.

El desierto: Un hombre que se fue al desierto en una excursión. Las dunas del desierto le fascinaban. Una noche salió del campamento para ver la multitud de estrellas, que brillaban con intensidad. Y caminó y caminó cada vez más entusiasmado apartándose cada vez más del campamento, al sentirse cansado se sentó y se durmió. A la mañana siguiente ya no supo orientarse y no sabía cómo volver al campamento.

Estuvo caminando durante casi dos días sin ver nada más que arena. A media tarde del segundo día, cuando los rayos del sol comenzaban a declinar, de tanto andar tenía grandes ampollas en los pies, divisó a lo lejos una mancha verdusca y como árboles que se levantaban entre las dunas. Aceleró el paso con la esperanza de llegar a lo que él creía que era el campamento o un oasis.

Después de andar por poco más de media hora, por fin llegó a las palmeras y a su destino. La boca la tenía seca y los labios comenzaban a agrietarse; pero sólo de pensar que en unos minutos estaría bebiendo agua fresca, fue capaz de dar los últimos pasos. De pronto, lo que de lejos le había parecido un charco de agua, no era sino un espejismo. Tremendamente cansado y desanimado, encontró una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del sol del desierto, mientras pensaba alguna otra posible salida.

El desánimo y el horror ante una posible muerte, cada vez más cercana, se fue apoderando de él. Miró a su alrededor, y detrás de una maleza prácticamente seca que había junto al tronco de una palmera, vio una vieja bomba de agua toda oxidada. Un atisbo de esperanza le dio fuerzas para caminar los pasos que le separaban de la bomba. Una vez junto a ella, cogió la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Aparentemente el aljibe, pozo o lo que fuera estaba seco. Entonces notó que a su lado había una botella vieja con una pequeña nota de papel, ya quemada por el sol. La miró, la limpió de todo el polvo y la arena que la cubría, y pudo leer que decía:

“Necesita primero cebar la bomba con toda el agua que contiene esta botella. Una vez cebada, podrá sacar agua fresca del aljibe. Cuando acabe, tenga la gentileza de llenar la botella nuevamente antes de marchar para que otro desafortunado pueda usarla también”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, podría sobrevivir; pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca del fondo del aljibe, y podría tomar toda el agua que quisiese; o tal vez no. Tal vez, la bomba no funcionaría y el agua sería desperdiciada.

¿Qué debería hacer? En medio del dilema, la sed y el calor, todavía tuvo la mente fría para pensar: Esta agua sólo me puede servir para como mucho un día; en cambio, si saco agua del pozo, podré hartarme y al mismo tiempo tomar algo para el resto del camino; y ya de paso, ayudar a otro futuro desafortunado como yo.

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró con las pocas fuerzas que le quedaban la manivela y comenzó a bombear. La bomba comenzó a chirriar. Probablemente habían pasado algunos años desde la última vez que alguien la usara. Bombeaba insistentemente, pero ¡nada pasaba! Siguió bombeando, era su única esperanza. La bomba continuaba con sus ruidos hasta que de pronto surgió, primero, un hilo de agua, después, un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… ¡Agua fresca, cristalina! Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante.

Una vez que él se había saciado y cogido abundante agua para el resto de su camino, la llenó de nuevo con agua para el próximo viajante. Tomó la pequeña nota que tenía y añadió otra frase: “¡Créame que funciona! Eche toda el agua y verá como la bomba no le traiciona”.

Señor Jesús esta historia nos enseña lo que tú mismo nos muestras en el evangelio: “El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí la hallará”. (Mc 8:35)

Cuántas veces somos tentados de beber del agua de la botella, creyendo que, si invertimos toda esa agua en reparar la bomba, al final nos quedaremos sin agua y sin vida. Si confiamos en el mensaje de Dios, Él, como en el caso de la samaritana en el pozo de Jacob (Jn 4: 5-43), nos dará un agua que saltará hasta la vida eterna. Amén

domingo, 17 de septiembre de 2023


 

CUÁNTO CUESTA, SEÑOR Ofrecer el perdón, cuando en recompensa,

se recibe el silencio o la mofa.

Sentirse cristiano y, mirarse a uno mismo,

comprobando que la misericordia la derramo con cuenta gotas;

a quien quiero, a quien más quiero y cuando yo quiero.

Qué difícil es perdonar y cuánto cuesta, Señor

sabiendo que, mi corazón, no es tan grande como el tuyo:

siempre dispuesto a comenzar de nuevo.

¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!

Ser siervo del perdón y no del orgullo,

Arrodillarme ante el que me injuria

o cerrar los ojos ante el que me denigra.

Decir “lo intentaré de nuevo” a pesar de la traición

o disculpar los golpes recibidos.

Abrazar tu evangelio sabiendo que, el perdón,

sin límites y sin farsa, sin miedos ni fronteras,

es el resumen de tu paso entre nosotros de tu vida en medio de la nuestra

tu palabra que se hace carne más allá de teorías y de discursos

¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!

Vivir sin sentirse perdonado

y, vivir, con la conciencia de no haber disculpado.

Romper con las historias pasadas para caminar de nuevo

e iniciar un rumbo distinto sin pensar en vencedores ni derrotados.

Ser generoso ofreciendo semillas de reconciliación, Decir “lo siento” o “te perdono”

Recordar que, para entrar en el cielo,

la llave que mueve su puerta

es precisamente esa: perdonar siempre

Dime, Señor, cómo hacerlo. Amén.

sábado, 16 de septiembre de 2023


 

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN DE ADULTOS
Todos los adultos que deseen recibir el sacramento de la confirmación pueden pasar por la sacristía hasta mediados de octubre para inscribirse

 


 


 


 

2023 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XXIV

 

Cuantas veces Jesús hablaba de cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración por los que nos persiguen, perdonar a quien nos hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario, pero poco realista.

Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos, conflictos y rencillas. ¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los esenios que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces.

La respuesta de Jesús nos pone en otra onda. En el perdón no hay límites: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. No tiene sentido llevar cuentas del perdón.

Desde hace unos cuantos años crece el malestar en el interior de la Iglesia provocando conflictos y enfrentamientos cada vez más desgarradores y dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son cada vez más frecuentes, incluso al Papa. Sectores que se dicen cristianos se sirven de internet para sembrar agresividad y odio destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes.

Hoy más que nunca necesitamos urgentemente testigos de Jesús, que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación de la crítica y del no perdón.

Hay que volver a Jesús. En su Iglesia hacen falta hombres y mujeres que estén dispuestos a perdonar como él, introduciendo entre nosotros su gesto de perdón en toda su gratuidad y grandeza. Es lo que mejor hace brillar en la Iglesia el rostro de Cristo.

Muchas veces solemos decir aquello de “perdono, pero no olvido”. El perdón se hace más real y más puro cuando se desea para el otro todo lo mejor. El perdón, además de desatarnos de nuestros propios egoísmos, nos hace comprender, vivir, gustar y entender el gran amor que Dios siente por cada uno de nosotros. ¿Perdonas? Estás cerca de Dios. ¿No perdonas? Tu corazón no está totalmente ocupado por Dios.

A veces corremos el riesgo de creer, que Dios, entra en ese juego que nosotros mismos nos montamos. Como si se tratara de un partido de futbol donde, los hinchas de uno o de otro, pretenden que Dios les ayude frente, al contrario.

En este domingo, Jesús, nos propone a las claras que nos dejemos de evasivas y que practiquemos aquello que emana del corazón de Dios por los cuatro costados: yo os perdono… haced también vosotros lo mismo. Si muchas heridas permanecen abiertas y sangrando es en parte por la pobreza de nuestra fe.

miércoles, 13 de septiembre de 2023


 

2023 ADORACIÓN EUCARISTICA:

Carpintería el Siete

Señor Jesús en esta tarde queremos meditar sobre la generosidad, tú fuiste el primero en entregarnos tu propia vida para que nosotros tuviéramos más vida y ésta en abundancia. Escuchemos esta impresionante historia.

CARPINTERÍA “EL SIETE”: Era una pequeña casucha, casi una chabola en las afueras de la ciudad. Un pequeño taller al lado con unas pocas máquinas y herramientas. Sin embargo, Joaquín no se quejaba, en estos dos años el taller de carpintería “El 7” se había hecho conocer en el pueblo y él ganaba suficiente dinero como para no tener que recurrir a sus magros ahorros.

Esa mañana, como todas, se levantó a las seis y media para ver salir el sol. No obstante, no llegó al lago. En el camino, a unos 200 metros de su casa, casi tropezó con el cuerpo herido y maltrecho de un joven. Con rapidez, apoyó su oído contra el pecho del joven, y débilmente su corazón luchaba por mantener lo que quedaba de vida en ese cuerpo sucio, maloliente a sangre, mugre y alcohol.

Al llegar a la casa tendió el cuerpo sobre su cama, cortó las raídas ropas y lo lavó cuidadosamente. El muchacho, tenía heridas cortantes en las manos y la espalda, y su pierna derecha estaba fracturada. Durante los siguientes dos días, toda la vida de Joaquín se centró en la salud de su obligado huésped: curó y vendó las heridas, entablilló su pierna y alimentó al joven con pequeñas cucharadas de caldo de pollo. Cuando el joven despertó, Joaquín estaba a su lado mirándolo con ternura y ansiedad. ¿Cómo estás? –preguntó Joaquín.

- Bien... creo, el joven miraba su cuerpo aseado y curado, ¿me has curado? ¿Por qué?

- Porque estabas herido.

- ¿Sólo por eso?

- No, también porque necesito un ayudante. Y ambos rieron con ganas. Bien comido, bien dormido y sin beber alcohol, Manuel, que así se llamaba el joven, se fortaleció enseguida. Joaquín intentaba enseñarle el oficio y Manuel intentaba rehuir del trabajo todo lo que podía. Una y otra vez Joaquín inculcaba en aquella cabeza deteriorada por la vida transcurrida, las ventajas del buen trabajo, del buen nombre y de la vida buena. Pero Manuel no estaba muy interesado en aprender y se olvidaba de cumplir con la tarea que Joaquín le había encomendado.

Pasaron meses. Manuel estaba curado. Joaquín lo acogió en su modesta casa a cambio de la promesa del joven de dedicarse al trabajo. Una noche, mientras Joaquín dormía, Manuel decidió que seis meses de abstinencia eran bastante y creyó que una copa en el pueblo no le haría daño. Por si Joaquín se despertaba en la noche, cerró la puerta de su habitación desde adentro y salió por la ventana dejando la vela encendida para dar la impresión de que se encontraba allí.

A la primera copa siguió la segunda, y a esta la tercera, y la cuarta, y otras muchas... Pasaron los bomberos por la puerta de la taberna haciendo sonar la sirena. Manuel no asoció este hecho con lo ocurrido hasta que, de madrugada, tambaleándose hasta su casa, vio la muchedumbre. Sólo alguna pared, las máquinas y unas pocas herramientas se salvaron del incendio. Todo lo demás quedó destruido por el fuego. De Joaquín sólo se encontraron cuatro o cinco huesos chamuscados, que enterraron en el cementerio bajo una lápida donde Manuel escribió: “Lo haré, Joaquín. lo haré”.

Con mucho trabajo, Manuel, reconstruyó la carpintería. Él era vago, pero hábil y lo que aprendió de Joaquín alcanzó para llevar adelante el negocio. Siempre sentía que, desde algún lugar, Joaquín lo miraba y alentaba. Manuel lo recordaba en cada logro: su casamiento, el nacimiento de su primer hijo, la compra de su primer auto...

A quinientos kilómetros de allí Joaquín, vivito y coleando, se preguntaba si era lícito mentir, engañar y prenderle fuego a esa casa sólo para salvar a un joven. Se contestó que sí. Su nueva carpintería era un poco más modesta que la anterior, pero ya era conocida en el pueblo... se llamaba, CARPINTERÍA “EL 8”.

Señor Jesús, muchas veces se hace difícil poder ayudar a un ser querido. No obstante, si hay alguna dificultad que vale la pena enfrentar, es la de estar para otro. Esto no es un “deber moral”, sino una elección de vida que cada debe hacer. El ser humano libre y consciente de sí mismo es generoso, solidario, amable y capaz de disfrutar por igual del dar y del recibir.

Por lo tanto, cada vez que nos encontremos con aquellos que viven mirándose al ombligo, no los odiemos; ya bastante lio deben tener con ellos mismos. Cada vez que descubramos estas actitudes mezquinas, ruines o pequeñas, aprovecha para ayudar y ser generoso.

martes, 12 de septiembre de 2023


 

El viernes día 15 de Septiembre

 FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES.

Para preparar dicha festividad iniciamos hoy la celebración del

 TRIDUO PREPARATORIO a la festividad, en la misa de las 20 h.

domingo, 10 de septiembre de 2023

                                                     HAZLO CON AMOR

Si tengo defectos y dificultan mi camino

ayúdame a superarlos…pero con amor.

Si avanzo en la dirección equivocada

indícame el camino verdadero…pero con amor.

Si hay algo que de mí no te gusta y te hiere

házmelo saber…pero con amor.

Si mi vida se dispara hacia un túnel sin salida

adviértemelo…pero con amor.

Si soy egoísta o vanidoso, si la envidia no me deja ser feliz

si tengo mil vicios o caídas dímelo…pero con amor.

Si yo vivo en la mentira dime cómo se sale de ella…pero con amor.

Si me falta corazón y caridad reza por mí…pero hazlo con amor.

Si estoy mal conmigo mismo y con los demás,

si me encuentro agarrotado por la soberbia,

si hace tiempo que perdí el norte de mi existir,

mírame a los ojos…pero hazlo con amor.

Si pensamos de forma diferente,

si crees que podemos caminar juntos, si todavía confías en mí,

lo intentemos de nuevo…pero con amor.

Dime lo que quieras…

pero eso sí…hazlo con amor.

Amén

 

 

 

 

sábado, 9 de septiembre de 2023


 

CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN PARA JÓVENES
Para los jóvenes que estén cursando 2º y 3º de la ESO
Las inscripciones serán en la parroquia hasta el 15 de octubre

 


 INSCRIPCIONES A LA CATEQUESIS DE PRIMERA COMUNIÓN

Los que falten para inscribirse a la catequesis de primera comunión, podrán realizar la inscripción el próximo día 26 de septiembre a las 18 horas


 

2023 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XXIII

 

La vida de cada día está llena de errores, heridas, exclusiones, descartes. Hoy Jesús nos habla de la necesidad de ayudarnos unos a otros, de decirnos las cosas en verdad y con amor. Lo que nosotros no percibimos a lo mejor el hermano que está a nuestro lado si, y sus advertencias pueden ayudarnos a mejorar nuestra vida. Nos guste o no, somos responsables unos de otros. Es evidente que las acciones de cada persona y de cada colectivo humano repercuten en la vida de los demás y cómo repercuten las acciones de los demás en la vida de cada uno de nosotros o del colectivo.

A todos (no solo a creyentes, no solo a cristianos) nos viene bien escuchar: si tu hermano peca, repréndelo. Son palabras incómodas, pueden flaquearnos las fuerzas en el propósito, pero no estamos solos; tenemos un sentido fraterno en que crecer, una comunidad en que apoyarnos, una presencia del mismo Jesús entre quienes se reúnen (actúan) en su nombre (inspirados por él).

El individualismo no salva. Somos una entera familia humana en la que cuidarnos y salvarnos unos a otros. Sus vidas dependen de la mía y la mía de las suyas. La corrección fraterna no es una estrategia, es un don de Dios con el que construir y alentar la comunidad creyente.

Jesús menciona aún otra dimensión de la fraternidad: Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

En la Iglesia no se puede estar de cualquier manera: por costumbre, por inercia, por miedo… Los seguidores de Jesús hemos de estar reunidos en su nombre, convirtiéndonos a él, alimentándonos de su evangelio, sintiendo el atractivo de Jesús y el ánimo de su Espíritu. Él es la razón y el motivo del encuentro. Escuchar su mensaje, celebrar su presencia nos ayuda a entender mejor el sentido de nuestra vida, independientemente de quiénes y cuántos seamos.

La comunidad de Jesús será lo que seamos nosotros, si somos capaces de repensar nuestra vida a la luz del evangelio. Quizá los indiferentes, los que no creen, los que se alejaron, necesitan ver que vivimos el evangelio. Quizá nos falta acogida, corrección fraterna, escucha, cercanía con los más débiles y necesitados, disposición a caminar juntos, todas ellas formas de vivir que construyen la comunidad. Quizá nos paraliza el miedo y nos condiciona el pasado, haciéndonos renunciar a la creatividad del evangelio. O quizá no terminamos de comprender y de creer la comparación con la levadura capaz de fermentar la masa.

El Señor nos cuida y nosotros cuidamos. Sólo quien nos ama sabe cuidar y amonestar de la manera correcta, otros sólo saben herir o adular. Hay personas que acumulan dinero, personas que ganan prestigio o poder, y luego hay personas que ganan hermanos. El crecimiento de la fraternidad es el tesoro de la historia, la única inversión que produce verdadera vida.

miércoles, 6 de septiembre de 2023


 

2023 SEPTIEMBRE. ADORACIÓN EUCARISTICA.

El orgullo de la montaña

 

Señor Jesús una tarde mas nos encontramos junto a ti en estos momentos de oración y de adoración. Tu presencia nos ayuda a vivir con mayor entereza y con mayor disponibilidad. A pesar de nuestros caracteres y de nuestro orgullo, que siempre quiere predominar sobre los demás. Junto a ti percibimos que quien quiera ser el primero que sea el último y servidor de todos, tal como tú lo fuiste. Tú el señor nunca te creíste superior a nadie, sino te consideraste hermanos de todos los hombres, de toda criatura. Tú nos enseñaste el camino de la dulzura, de la humildad y de la entrega generosa. Escuchemos esta historia.

El orgullo de la montaña: Hace ya muchos, pero que muchos años, hubo un planeta pequeñito, muy joven, completamente liso, al que le salió una montañita que creció hasta 736 metros. Así estuvo un millón de años. Con el tiempo comenzaron a surgir en la llanura otras montañitas, que también crecieron. La primera, irritada por la pérdida de su dominio, hizo esfuerzos y creció 362 metros más y, a medida que transcurría el tiempo, creció algunos metros en proporción a su orgullo.

Pero tanto crecer fue en vano pues comprobó que en sus cumbres ya no había vida a causa del frío y de los fuertes vientos; en cambio, las otras montañitas se cubrían de árboles donde anidaban mil clases de pájaros y eran acariciadas por suaves brisas. ¡Qué envidia!

Finalmente, no lo pudo aguantar y estalló convertida en fiero volcán, envenenó el aire, mató toda vida, desoló sus propias laderas, secó y arruinó a todas las montañas. Pasada la furia loca, vio su obra y…, apagándose se arrepintió.

Entonces de sus laderas brotaron lágrimas en forma de fuentes purísimas a cuyas aguas regresaron de nuevo los pájaros y con ellos las semillas.

Cuando se disiparon las cenizas, volvió a brillar el sol. Como su tierra era nueva, salida de las entrañas del planeta y rica en minerales y gérmenes de vida, pronto se hizo hermosa, muy verde y adornada de nubes que le dieron sombra y caricias.

Su vida contagió a las otras tierras y en adelante, vivió erosionándose callada y humildemente, convirtiéndose en un frondoso valle de ríos y bosques que aún hoy se pueden reconocer.

El principio de esta historia podría asemejarse mucho a los primeros años de la vida de muchos de nosotros. Estamos preocupados en crecer. No nos gusta que nadie destaque más que nosotros. Y cuando sentimos que alguien empieza a hacernos sombra, intentamos crecer y crecer más para siempre destacar. Llega un momento en el que hemos crecido tanto que nos separamos de las personas que nos rodean. Ya nadie nos soporta ni viene a solicitar nuestra ayuda, pues nos hemos transformado en personas intratables y de carácter bastante agrio.

Señor Jesús haznos conscientes de la vaciedad de nuestra vida, reconocer nuestros fracasos, reconocer que muchas veces hemos estallado, como volcán lleno de orgullo, sin darnos cuenta del todo el daño que hemos causado a los que nos rodearan; sin darnos cuenta que también hemos destruido la poca vida que quedaba en nosotros mismos.

Te pedimos en este momento de nuestra vida, tener la inteligencia para reconocer el mal que hemos hecho, y la humildad para saber que necesitábamos cambiar, y lo primero que vendría a nuestro corazón serían lágrimas de arrepentimiento. Lágrimas que regarían nuestras laderas en las que de nuevo comenzarían a verse la luz, el color y el fruto. Sería entonces cuando otros, atraídos por nuestra belleza, se acercarían a encontrar paz y alegría a nuestro lado; y con ellos, nosotros también encontraríamos la nuestra.

Y sin darnos cuenta, como si se tratara de un relámpago que ilumina fugazmente el horizonte, habrán pasado los años de nuestra vida. Si hubo un tiempo en el que creíamos que la vida era crecer, destacar sobre los demás, conseguir poder…, pero ha llegado el momento, quizás causado por la soledad, el vacío y la tristeza, en el que descubrir que es mejor contar con los demás, ser humildes, dejarse erosionar, aceptar la voluntad de Dios.

Benditos seremos, si al final de nuestros días, después de haber comprendido como la montaña, que es más bello ser humildes y dejarse erosionar por el viento, la lluvia y el tiempo, ir caminando lenta, serena y felizmente, como las aguas de este río, hasta encontrarnos con nuestro Hacedor. Amén

domingo, 3 de septiembre de 2023


 

COGERÉ TU CRUZ, SEÑOR

Pues su madera es escalera que conduce a la Resurrección.

Cogeré tu cruz, Señor, pues su altura, es altura de miras

para los que creen en otro mundo,

para los que esperan en Dios,

para los que, cansándose o desangrándose,

saben compartir y repartir en los demás.

Cogeré tu cruz, Señor, pues sus clavos,

pasan la carne, pero no matan la fe.

Es la fe que le da otro brillo y hasta otro color a la cruz.

Después de la cruz, vendrá la vida.

¡Dame tu cruz, Señor! 

Merece la pena arriesgarse por Ti.

Merece la pena sembrar en tu campo.

Merece le pena sufrir contratiempos.

Merece la pena adentrarse en tus caminos

sabiendo que, Tú, los recorriste primero.

¡Cogeré tu cruz, Señor! Enséñame dónde y cómo

Indícame hacia dónde.

Háblame cuando, por su peso, caiga en el duro asfalto.

Quiero coger tu cruz, Señor, porque bien lo sé,

que ideales como los tuyos tienen y se pagan por un alto precio.

Quiero coger tu cruz, Señor, porque es preferible,

en el horizonte de los montes,

ver tu cruz que el vacío del hombre errante.

Amén