miércoles, 29 de abril de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

La historia de Nicodemo

Señor Jesús en esta tarde de adoración queremos recordar el diálogo que mantuviste con el fariseo Nicodemo, hombre bueno y con inquietudes pero que estaba lejos del Dios Padre que tu anunciabas y vivías. Porque a veces no se trata solo de cumplir sino de vivir desde lo profundo del ser.

Nicodemo no era un hombre perdido ni desordenado. No llegó con una vida rota ni buscando salir de un caos. Llegó siendo alguien correcto. Era fariseo, y eso significaba disciplina, obediencia visible y una vida moralmente intachable. Además, era maestro de Israel, alguien que conocía la ley, que la estudiaba y la enseñaba. Si alguien parecía estar bien delante de Dios, era él.

Pero cuando se encuentra con Jesús, no recibe una aprobación. No escucha un “vas por buen camino”. Escucha algo completamente diferente: “tienes que nacer de nuevo”. Eso rompe cualquier expectativa.

Jesús no le estaba hablando a alguien que vivía mal, sino a alguien que aparentemente hacía todo bien. Y ahí se revela algo incómodo: el problema del ser humano no es solo hacer cosas malas. También puede ser construir una vida correcta… pero vacía por dentro.

Nicodemo representa a personas que cumplen, que hacen lo correcto, que tienen principios, que se comportan bien incluso cuando nadie los ve. Personas que no viven en excesos, que no dañan a otros, que mantienen una vida ordenada. Y, aun así, están lejos. No lejos en conducta, sino en esencia. Porque puedes tener disciplina sin transformación. Puedes dominar hábitos y aun así no haber rendido el corazón. Puedes conocer la ley y no conocer a Dios.

Por eso Jesús no le ofreció mejorar lo que ya tenía. No le dijo que ajustara detalles ni que se esforzara un poco más. Le dijo algo mucho más radical: empezar de cero. Todo lo que había construido, aunque se veía bien, no era vida espiritual.

Y eso es lo difícil de aceptar.

Cuando alguien ha hecho todo “bien” durante tanto tiempo, cuesta reconocer que eso no es suficiente. Por eso Nicodemo responde desde la lógica, preguntando cómo alguien puede nacer de nuevo. Pero en el fondo, la verdadera pregunta es otra: cómo alguien como él podría necesitar empezar otra vez.

Esa es la barrera más fuerte. No la del que sabe que está mal, sino la del que cree que está bien. Porque el que falla reconoce su necesidad, pero el correcto puede vivir sin cuestionarse. Y ahí es donde esta historia deja de ser antigua.

Hoy hay muchas personas así. Disciplinadas, éticas, respetadas, con una vida ordenada. Personas que hacen lo correcto, pero que nunca han permitido que Dios toque lo más profundo. Que nunca han soltado el control, ni han reconocido que su “bien” no les da vida. Y viven tranquilos, porque comparados con otros, parecen estar mejor.

Pero Jesús no compara, Jesús transforma.

Y eso incomoda, porque es más fácil corregir errores que aceptar que toda tu base necesita ser cambiada. Nicodemo no tenía una vida que arreglar, tenía una vida que reemplazar.

Y ahí está la verdad que pocos quieren enfrentar: no solo se pierde el que vive mal. También puede perderse el que vive “bien” sin Dios. No solo el que rompe las reglas, también el que las cumple sin conocer al que las dio.

Por eso Jesús fue tan directo, porque Nicodemo no necesitaba más información, necesitaba transformación. No necesitaba saber más, necesitaba nacer de nuevo.

Cuando entiendes esto, la historia deja de ser una conversación teológica y se convierte en un espejo. Ya no se trata de preguntarnos si hacemos lo correcto, sino de algo más profundo: si realmente estamos vivo por dentro. Porque podemos estar en orden y aun así estar lejos. Podemos saber mucho y aun así no haber comenzado de verdad.

Y entonces la pregunta cambia.

Si hoy tuviéramos que empezar de nuevo delante de Dios ¿tendríamos algo más que nuestras propias obras para sostenernos?

 

sábado, 25 de abril de 2026


 


 


 PRIMERAS COMUNIONES

El próximo fin de semana, los días 2 y 3 de Mayo a las 12 horas, celebraremos las primeras comuniones.
Pidamos al Señor por todos los niños que van a recibir por primera vez el sacramento de la comunión.

NOVENA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

Del 1 al 9 de Mayo a las 19’40 horas, celebración de la Novena a la Virgen de los Desamparados y a las 20 horas celebración de la eucaristía. 

 


 


ACCIÓN DE GRACIAS

Nos llamas por nuestro nombre y nos reconoces por mil gestos y detalles que llevas grabados en tus pupilas.

Dispuesto a dar la cara y la vida por nosotros, a pesar de nuestras tonterías, tus palabras son nuestra seguridad.

Tú eres el buen pastor que nos sacas del aprisco y nos pones en camino contigo, en búsqueda de otros pastos y fuentes.

Nos haces repudiar las doctrinas enlatadas, los ritos repetidos y sin sentido; y nos dices: Id donde el corazón os lleve.

Tú eres el buen pastor, que nos llamaste a tu compañía y al caminar juntos, hemos abierto los ojos y el corazón a nuevos y refrescantes horizontes.

Tú eres el buen pastor.

Contigo pasamos de la sumisión a la fe gozosa y personal, del gregarismo a la comunión, del miedo a la libertad, del individualismo a la solidaridad.

Tú eres el buen pastor.

Contigo hemos roto el silencio y nos atrevemos a levantar la voz, a la denuncia y a la contestación; y también al canto y a la alabanza porque bulle la vida en nuestras entrañas y late de esperanza nuestro corazón.

Amén. 


 

2026 Ciclo A

IV Domingo de Pascua

 

En la época de Jesús, los pastores llevaban a sus rebaños a un corral para pasar la noche. Por la mañana, cada pastor regresaba al corral, llamaba a sus ovejas, y éstas, solo sus ovejas, reconocían su voz y lo seguían.

- Primer momento importante, Jesús llama a sus ovejas por su nombre. Jesús no me confunde con nadie más. Me llama por mi simple nombre, es decir, sin títulos, roles, cargos ni títulos académicos. Tal como soy, por quien soy.

- El segundo: Él las saca hacia fuera y nos abre el camino hacia un viaje más allá de los corrales y refugios, más allá de mi pequeño agujero de hábitos, hacia la sorpresa de nuevos pastos. Es un pastor de libertad, no de miedo, que confía en lo que hay fuera y más allá; sabe que la estepa encierra una maraña de caminos, un abanico de senderos, entre los cuales encontrar el propio.

- La tercera característica del auténtico pastor es que camina delante de las ovejas. No tenemos un pastor que va a la zaga, sino un guía que abre caminos y traza nuevas rutas. Un pastor pionero que va delante de mí por nuevos caminos.

- Cuarto momento Yo soy la puerta, por lo tanto, no un muro cerrado, ni una valla que divide. Cristo es paso, apertura, una brecha de luz, un lugar por el que entra y sale la vida. Él va y viene; nunca cierra. Cruzar esa puerta nos convierte en puerta, como Cristo. Tenemos ante nosotros una alternativa, en nuestro mundo actual: levantar muros o abrir puertas. Aislarnos o abrirnos de par en par.

- Quinto momento: He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Es una frase que resume todo el evangelio y da sentido a todos lo que realizamos. No he venido a traer ese mínimo sin el cual la vida no es vida, sino la vida que rompe los diques y se desborda y fecunda; un derroche que huele a amor, a libertad y a valentía. A acogida, alegría, energía.

Fijaos bien que es la característica de toda la Sagrada Escritura: La abundancia. El maná no solo por un día, sino durante cuarenta años en el desierto; pan para cinco mil personas; piel fresca para diez leprosos; la piedra apartada para Lázaro; cien hermanas para la oveja que dejó su casa; un frasco de nardo precioso sobre los pies del gran Viajero de nuestras vidas.

Dios no pretende satisfacer tus necesidades básicas, de eso se encargarán las instituciones. Él es el Dios del ciento por uno, de los talentos que hay que multiplicar, de la semilla que se convierte en espiga, del perdón setenta veces siete, de la fiesta por el hijo que regresa. Esta es la única vocación para todos: tener la vida en plenitud.

Hoy es la jornada mundial de oración por las vocaciones. Pidamos insistentemente al Señor de la vida que mande pastores según su corazón; jóvenes y adultos que se entreguen sin reserva al servicio del amor y de la vida sin importarles las consecuencias personales.

miércoles, 22 de abril de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

EL BUEN PASTOR

El próximo domingo IV de Pascua aparece la figura de Jesús el buen pastor que da la vida por sus ovejas. El buen pastor no solo guía, sino que busca a la oveja perdida, mostrando cercanía y misericordia. La figura de Jesús como “el buen pastor” retoma y profundiza esta imagen: no solo guía y protege, sino que entrega su vida por amor. Escuchemos esta bonita historia:

Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare.

Luego se ofreció a que le pidieran algún “bis”. Un sacerdote muy tímido preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: Sí, lo conozco y estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted.

EI sacerdote se sintió un poco incómodo, pero accedió a la propuesta. EI actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta, de “EI Señor es mi pastor, nada me falta…”. Los huéspedes aplaudieron vivamente.

Llegó el turno del sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo 22. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio y lágrimas en algún rostro.

EI actor se mantuvo en silencio unos instantes, luego se levantó y dijo: Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha ocurrido aquí esta noche. Yo conozco el Salmo, pero este hombre conoce al Pastor.

El actor domina la forma: la voz, el ritmo, la emoción. Su versión del salmo es impecable y logra admiración. Pero el sacerdote aporta algo distinto: coherencia vital. No interpreta el texto, lo encarna. Y eso conecta con la gente a un nivel más profundo, menos espectacular pero mucho más transformador.

El contraste que plantea el relato no es tanto entre talento y torpeza, sino entre:

habilidad técnica y autenticidad; entre impacto inmediato e impacto duradero; entre emocionar o conmover desde la verdad vivida.

También hay una crítica implícita: cuando el mensaje depende demasiado de la elocuencia, puede quedarse en superficie. En cambio, cuando nace de una vida coherente, incluso una voz sencilla puede tener un peso enorme.

Eso no significa que la oratoria no importe, claro que ayuda, pero el texto sugiere que sin sustancia detrás, la forma se queda vacía. Y al revés: con sustancia real, incluso una forma humilde puede ser profundamente eficaz. La gente percibe cuándo alguien vive lo que dice y cuándo solo lo representa.

Pero eso Jesús sacramentado, buen pastor, te pedimos en esta tarde que nos ayudes a entender la diferencia entre impresionar y transformar. El actor logra lo primero; el sacerdote, lo segundo. Y aunque el aplauso suele parecer más valioso porque es visible e inmediato, el silencio conmovido suele ser mucho más profundo.

Vivimos en una cultura que premia la forma: hablar bien, impactar, captar atención. Pero este tipo de historias recuerdan que lo que realmente deja huella no es tanto cómo se dice algo, sino desde dónde se dice. Cuando las palabras nacen de una experiencia real, de una convicción vivida, tienen un peso que no se puede imitar.

También invita a una cierta autocrítica: ¿cuántas veces repetimos ideas correctas sin que formen parte de nuestra vida? ¿Y cuántas veces infravaloramos a personas sencillas cuya autenticidad tiene más fuerza que cualquier discurso brillante?

En el fondo, el mensaje es exigente: no basta con conocer las palabras adecuadas; hay que convertirse en ellas. Porque las palabras pueden convencer por un momento, pero la coherencia es lo que realmente toca el corazón y permanece.

Querido Jesús, tú que eres el buen pastor te pedimos que cuides, guíes, protejas y alimentes a cada uno de nosotros: no solo provees lo necesario, sino que conoces íntimamente a cada oveja. Jesús no es solo un guía, sino alguien que da la vida por sus ovejas. Te pedimos que procures no solo el bienestar material, sino de una restauración profunda del alma. Jesús, como buen pastor, invita a una vida guiada no por el miedo, sino por la confianza. Amén

domingo, 19 de abril de 2026


 

PRIMERAS COMUNIONES

El próximo fin de semana, los días 25 y 26 de Abril a las 12 horas, celebraremos las primeras comuniones.

Pidamos al Señor por todos los niños que van a recibir por primera vez el sacramento de la comunión.

 

sábado, 18 de abril de 2026


QUEDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Que, si ahora todo es luz, sin ti y cuando te vayas, volverá a ser oscuridad.

Que, si ahora veo tu grandeza, sin Ti y cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Porque, mis dudas con tu Palabra, se convierten en seguras respuestas.

Porque, mi camino huidizo y pesaroso se transforma en un sendero de esperanza, en un grito a tu presencia real y resucitada.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Que, contigo y por TI, merece la pena aguardar y esperar.

Que, contigo y por Ti, no hay gran cruz sino fuerza para hacerle frente.

Que, contigo y por Ti, la sonrisa vuelve a mi rostro y el corazón recuperar su vivo palpitar.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Porque, contigo, mi camino es esperanza.

Porque, contigo, amanece la ilusión.

Porque, contigo, siento al cielo más cerca.

Porque, contigo, veo a más hermanos, y siento que tengo menos enemigos.

Porque, contigo, desaparece el desencanto y brota la firme fe de quien sabe que Tú, Señor, eres principio y final de todo.

Amén

 

 

2026 CICLO A

TIEMPO DE PASCUA III

 

Y lo reconocieron al partir el pan. Era común que el padre de familia partía el pan en casa. Pero tres días antes, Jesús había hecho algo inaudito: se había entregado e identificado a sí mismo: Tomad y comed, este es mi cuerpo.

Hoy el Evangelio nos propone una historia de camino y de hogar. Dos discípulos han abandonado la ciudad santa, ese grupo cerrado y temeroso en el que se encontraban, y se han puesto en camino. Ellos se alejan y Jesús se acerca. No para corregir el paso ni marcar el ritmo, no: para darles todo el tiempo para expresarse, porque si tienes prisa, no escuchas.

Se acerca y pregunta ¿Qué son estas conversaciones?». Y le hablan de Jesús. De cómo lo siguieron, lo amaron, esperaron que fuera él el libertador de Israel. Ellos se detuvieron con aire entristecido, detalle importante que nos indica a alguien a quien querían mucho. Las mujeres dejaron a todos consternados: La tumba estaba allí, pero él no.

Entonces Jesús le dice: Qué necios y torpes sois para creer. Vuestro corazón lento no os permite ver. Tenéis ante vosotros todas las piezas de la historia, pero no sabéis encajarlas en su sitio. Los ojos están vendados, pero la forma de ver depende del corazón. Si el corazón se abre, toda la historia cambia de color, lo sabemos por experiencia. Si el corazón se cierra, los ojos se vuelven ciegos ante las personas y solo ven sus defectos.

El corazón de los dos discípulos está cerrado, pero había una chispa: No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras. Jesús puede hacer arder nuestro corazón a pesar de los aparentes fracasos y frustraciones, si permanecemos abiertos a su palabra.

Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Tienen hambre de palabras, de compañía, de hogar. Donde se le invita Jesús entra en nuestras casas, en nuestros corazones. Dios está solo donde se le deja entrar.

Y lo reconocieron al partir el pan. Lo reconocieron por esto, por el gesto de darse, de entregarse. Tomar algo propio y dárselo a los demás encierra el secreto de todo el Evangelio. Dios que se entrega, nutre, alimenta y desaparece.

Tomad: es para vosotros. Este para vosotros es el gran milagro. He venido para que tengáis vida, para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena. Para vencer a la tristeza y mantener a raya a la decepción, dejemos entrar al resucitado en nuestros corazones y en nuestras casas.

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.

 

miércoles, 15 de abril de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

La pesca milagrosa

Querido Jesús en el santísimo sacramento en el altar, hoy queremos estar contigo y meditar junto a ti la pesca milagrosa que los discípulos en tu nombre volvieron a echar las redes.

Lucas 5, 1-11. Pedro ha trabajado toda la noche. Es pescador profesional. Sabe lo que hace. Conoce el lago, los tiempos, las redes. Y, aun así, el resultado es dolorosamente cotidiano: nada. Nada de peces. Nada de fruto. Nada que mostrar después de tanto esfuerzo. Y ahí empieza la historia, no en el milagro, sino en el cansancio.

Jesús llega cuando Pedro está lavando las redes. No está pescando. Está cerrando el día. Está aceptando que hoy no se pudo. Está haciendo lo que muchos hacen: seguir con la rutina después de un fracaso. Y Jesús le pide algo extraño: “Boga mar adentro, y echad las redes para pescar”.

Aquí está la primera verdad profunda que muchos pasan por alto: Jesús le pide a Pedro que vuelva a intentar en el mismo lugar donde ya fracasó. No le dice: “Vamos a otro lado”. No le dice: “Te daré otra estrategia”. Le dice: “Regresa ahí, donde no funcionó”.

Y eso confronta algo muy humano: nosotros queremos cambiar de lugar cuando fallamos, pero Dios muchas veces quiere cambiar nuestro corazón en el mismo lugar del fracaso. Pedro responde algo honesto, casi dolido: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado”. Eso no es rebeldía, es frustración. Es el grito silencioso de cualquiera que ha dado todo y no ha visto resultados. Pero luego dice algo que lo cambia todo: “Mas en tu palabra echaré la red”. Aquí está el punto central del milagro: La red no se llenó por la habilidad de Pedro, sino por la obediencia a una palabra que no tenía sentido.

Porque esto es clave: Los pescadores sabían que el mejor momento para pescar era de noche, no de día. Jesús le está dando una instrucción que contradice la lógica y la experiencia de Pedro. O sea, Pedro no solo está cansado, también está siendo desafiado en su conocimiento, en su experiencia, en su “yo sé cómo funcionan las cosas”. Y ahí está la lección que pocos ven: El mayor obstáculo para el milagro no es la falta de fe, es la confianza excesiva en lo que tú crees que ya sabes. Cuando finalmente obedecen, la red se llena tanto que se rompe.

Y aquí viene otra verdad profunda: Pedro no estaba preparado para la bendición que Dios le iba a dar. Porque a veces oramos por más, pedimos más, queremos más, pero nuestras “redes” (nuestro carácter, nuestra capacidad, nuestra obediencia) no están listas para sostener lo que estamos pidiendo.

El milagro revela abundancia, pero también revela límites. Tuvieron que llamar a otros. Tuvieron que compartir la bendición. Tuvieron que reconocer que solos no podían manejar lo que Dios hizo. Y entonces pasa algo que parece extraño: Pedro no celebra, Pedro se quiebra. “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”.

¿Por qué reacciona así? Porque entendió algo que muchos no entienden: El milagro no solo muestra el poder de Dios, también muestra cómo está nuestro corazón. No fue solo una pesca. Fue un espejo. Pedro vio que mientras él decía “no hay nada”, Jesús ya tenía preparado “demasiado”. Mientras él confiaba en su esfuerzo, Jesús le mostró gracia. Mientras él se sentía capaz, el milagro lo hizo sentirse insuficiente. Y ahí está el momento más profundo: Jesús no vino a mejorar la pesca de Pedro, vino a cambiar su vida. “Desde ahora serás pescador de hombres”.

No se trata de que tengas más resultados, se trata de que seas transformado. Dios puede llenarte las redes, pero su verdadero propósito es vaciar tu corazón de orgullo, autosuficiencia y control.

Y “Dejándolo todo, le siguieron”. Después de la mayor pesca de sus vidas, lo dejan todo. Porque cuando entiendes quién es Jesús, ya no te aferras ni siquiera a los milagros. Esta historia toca lo más cotidiano del ser humano: El cansancio de darlo todo y no ver resultados. La frustración de intentar y fallar. La confianza en pensar que ya sabes cómo funciona la vida. El miedo de volver a intentar donde ya dolió. Pero también trae una verdad que cambia todo: Tu noche vacía no significa que Dios esté ausente, puede ser el lugar donde Él está a punto de revelarse. Y quizás hoy la palabra para ti es simple, pero incómoda: Vuelve a echar la red. No porque tenga lógica. No porque tengas fuerzas. No porque sepas que funcionará. Sino porque Él lo dijo. Y cuando obedeces una palabra de Dios, incluso en tu cansancio, lo que viene no es solo un milagro, es un encuentro que transforma tu vida para siempre. Amén

sábado, 11 de abril de 2026


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Sin miedo a los nuevos retos y con las puertas bien abiertas.

Con alegría y alejándonos de la tristeza, sintiéndonos llamados y comprometidos, empujados y urgidos a dar razón de Ti.

¡POR TU PAZ, SEÑOR! 

Sabiendo que, con tu aliento, no temeremos tormenta alguna, ni huracán alguno detendrá nuestro valor.

Si como Tomás, pedimos pruebas de tu existencia, muéstranos tu rostro por la fuerza de la Eucaristía, y, si como Tomás, no creemos sino después de ver, haznos saber que, Tú Señor, caminas a nuestro lado.

¡POR TU PAZ, SEÑOR! 

Y si las dificultades asoman en el horizonte, que, Tú Señor, despejes con tu poder, aquello que entorpece nuestra labor de mensajeros.

Porque en Ti confiamos.

Porque en Ti esperamos.

Y, de tu misericordia, agradecemos tus desvelos.

Y, de tu misericordia, esperamos tus caricias.

Y, de tu misericordia, añoramos tu abrazo.

Y, de tu misericordia, deseamos la paz verdadera, la paz que Tú sólo das, la paz que, sin Ti, no la puede alcanzar el mundo.

Amén

 

 


 

TIEMPO DE PASCUA.

DIVINA MISERICORDIA

Estamos en el segundo domingo de Pascua, la Divina Misericordia; una ocasión preciosa para redescubrir, contemplar y saborear la infinita misericordia de Dios.

Nos encontramos que los discípulos están encerrados en casa. No por prudencia, sino por miedo; miedo a los judíos, sufrir, a morir. Las puertas cerradas no son solo las de madera: representan nuestras defensas, los muros que levantamos cuando la vida nos ha herido o cuando nos sentimos amenazados. Muchas veces es precisamente el miedo a volver a vivir lo que nos mantiene bloqueados; muchas veces, por miedo a sufrir de nuevo, nos cerramos al amor.

Pero en este cierre, Jesús resucitado se hace presente. En primer lugar, no llama a la puerta, no reprende, no hace preguntas. Se queda en medio y dice: «La paz esté con vosotros». La paz de Jesús no es solo un deseo, es un don: es el don de esa paz verdadera de la que Jesús es la fuente. Paz que no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Alguien que te hace sentir seguro incluso en medio de los problemas. Paz de alguien que te ama y te perdona. Precisamente a esos discípulos con sus miedos, sus sentimientos de culpa, Jesús va al encuentro y dice: Paz.

Luego Jesús muestra las heridas. No ha querido borrarlas; las heridas permanecen, pero ya no duelen como antes. Son como sellos de autenticidad: Es precisamente Él, el Resucitado, quien nos ha amado así, hasta ese punto. En esas llagas está el precio de nuestra redención y, junto a él, grabado de forma indeleble, está nuestro nombre. Jesús no se avergüenza de sus heridas, porque son el lugar donde el amor ha vencido. Así, la resurrección nos recuerda que lo que importa no es evitar el sufrimiento, sino amar, y seguir amando incluso cuando duele, seguros de que ese es el camino.

Inmediatamente después, Jesús sopla sobre ellos. Es un gesto frágil, humano, casi íntimo. Es como decir: recomenzamos desde aquí. El Espíritu Santo no llega como un fuego espectacular, sino como un aliento que vuelve a poner en pie a quien estaba sin aliento, como un soplo capaz de devolver la vida a quien ya estaba apagado. Así nace la Iglesia: no de héroes, sino de hombres asustados que reciben una confianza inmerecida y, con ella, una vida capaz de vencer todo cierre, todo pecado, incluso la muerte: la vida misma de Dios en ellos. Soplo de vida que sigue llegando hasta nosotros, especialmente a través del sacramento de la reconciliación, momento de gracia en el que el Señor resucita nuestras almas a una vida nueva.

Y luego está Tomás. Él no se conforma con los relatos de los demás, quiere tocar, quiere una experiencia verdadera. A los ocho días Jesús vuelve expresamente por él. Dios tiene una paciencia infinita y no quiere perder a nadie por el camino. Y cuando Tomás se encuentra ante el Resucitado, no dice: Ahora lo entiendo, sino: Señor mío y Dios mío. La fe no consiste en comprenderlo todo, sino en reconocer a Quien tienes delante.

En el fondo, la experiencia de la Pascua es una experiencia de misericordia. Dios sale a nuestro encuentro en nuestro encerramiento, permanece con los heridos para dar sentido a nuestras heridas, no se asusta ante nuestras dudas y nos devuelve la paz. Y nos envía al mundo no como personas perfectas o resueltas, sino como hijos e hijas reconciliados con nuestra propia fragilidad.


 

miércoles, 8 de abril de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

María Magdalena

Aquí estamos Jesús resucitado en el santísimo sacramento del altar, para meditar y pasar unos momentos contigo. El domingo de Pascua descubrimos el papel que tuvo María Magdalena en el anuncio de tu resurrección y sobre ello queremos meditar.

La historia de María Magdalena ha sido mal entendida durante siglos. ¿Y si te dijera que la mujer que muchos señalaron como “la peor” fue la primera en ver lo más glorioso? Muchos la redujeron a un pasado oscuro, pero el texto bíblico es claro en algo profundo: no la define por su pecado, sino por su liberación. En Evangelio de Lucas 8, 2 se nos dice que de ella salieron siete demonios. En el lenguaje del tiempo, eso no era solo posesión; era opresión total, una vida fragmentada, rota en todas sus áreas. Era alguien que había perdido el control de sí misma, de su mente, de su dignidad. Pero ahí no termina la historia, ahí comienza.

Porque cuando María se encuentra con Jesucristo, no recibe solo un milagro, recibe una identidad nueva. Y eso es clave: Jesús nunca la vuelve a llamar por su pasado. No la etiqueta. No la exhibe. La restaura en silencio, pero la honra en público.

Y aquí está lo que muchos no ven: María Magdalena no solo fue sanada, fue transformada en discípula. Mientras muchos dudaban, ella permanecía. Mientras otros se escondían, ella estaba cerca. Ella estuvo al pie de la cruz junto a María, la madre de Jesús, cuando otros huyeron. Y en el Evangelio de Juan 20, se convierte en la primera testigo de la resurrección. Entre las santas mujeres que fueron fieles a Jesús hasta el final, destaca María Magdalena. No sólo estuvo presente en la Pasión, sino que también fue la primera testigo y heraldo del Resucitado. Como resultado de sus encuentros personales con Jesús a lo largo de los años, y especialmente el día de su resurrección, María Magdalena se convirtió en una poderosa testigo del Señor resucitado. Santo Tomás de Aquino la llamó la “Apóstol de los Apóstoles”.

En una cultura donde el testimonio de una mujer no tenía peso legal, Dios decide comenzar el anuncio más importante de la historia con alguien que antes había sido despreciada. Eso no es casualidad, eso es redención. Porque el Reino de Dios no funciona como el mundo. El mundo te recuerda quién fuiste. Dios te muestra en quién te puedes convertir.

María fue y anunció a los discípulos: “¡He visto al Señor!”. Este es el mensaje que la Iglesia, todos los que hemos sido bautizados, tenemos el mandato de compartir con todas las naciones y pueblos. Llevamos a cabo esta misión con mayor eficacia cuando reconocemos que las mujeres son indispensables para la vida de nuestra Iglesia.

María no seguía a Jesús por religión, lo seguía por gratitud. No caminaba detrás de Él por obligación, sino porque sabía de dónde la había sacado. Su fidelidad no nació en un templo, nació en un corazón que fue reconstruido pieza por pieza. Y aquí está la verdad que golpea hoy: Hay personas que creen que su pasado las descalifica. Que lo que hicieron, lo que vivieron, lo que cargan, es demasiado. Pero María Magdalena es la prueba viviente de que no importa cuán profundo hayas caído, lo que importa es quién te levanta.

Hoy en día, María Magdalena se ve en esa persona que todos etiquetaron, pero que Dios sigue llamando por su nombre. Se dice que el Diablo recuerda siempre tu pasado y tu pecado, pero no sabe tu nombre, sin embargo, Dios te llama por tu nombre y no le importa tu pasado.

También María Magdalena se ve reflejada en quien fue rechazado, pero no dejó de amar. Se ve en quien fue roto, pero decidió quedarse cerca de Jesús, aun cuando dolía.

Porque tener “un encuentro real” con Jesús no te hace perfecto, te hace fiel. No borra tu historia, pero la redime.

Y tal vez eso es lo que más incomoda: que Dios use a quien nadie hubiera escogido. Así que mírate bien. No desde lo que hiciste. Sino desde lo que Dios puede hacer contigo. Porque al final, la pregunta no es qué tan roto estuviste. La pregunta es: ¿Te vas a quedar definido por tu pasado o vas a permitir que Dios te convierta en alguien que ni tú mismo reconocerías?

 

domingo, 5 de abril de 2026


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Vivir pascualmente es vivir cada momento intensamente, como si fuese el último, y dar cada paso, con sorpresa y gozo, como si fuese el primero.

Es inspirar amor y conciencia en nuestro frágil cuerpo e historia, y entrar con gozo y paz en el cuerpo universal y místico.

Es acoger la liberación y sanación de nuestro ser entero.

Que se hacen presentes, aquí y hora y en el reverso de la historia, rompiendo nuestros normas y credos.

Es compartir lo que tenemos, con generosidad y gozo, con los hermanos necesitados, aunque no los conozcamos y sólo sea un trozo de pez asado.

Es desprendernos del sufrimiento y miedo, que atenazan y cierran nuestra mente, corazón y entrañas, y abrir todas las ventanas a tu brisa resucitada.

Es no perder la capacidad de asombro, abrir nuestro entendimiento, aprender día a día en cada encuentro, alegrarse por todo lo bueno, y ser testigos de lo vivido.

Es ver en cada paso humano tu paso divino de enamorado, tan pascual y cercano, tan rompedor y solidario, tan al lado de nuestros pies cansados.

 

viernes, 3 de abril de 2026


 VIGILIA PASCUAL

Horario 23 horas


 

SÁBADO SANTO
Apertura de la Iglesia 9 h.

HORA DE LA MADRE, ACOMPAÑANDO A MARÍA EN SU SOLEDAD


 

2026 CICLO A

VIERNES SANTO

 

Llegamos al final de este recorrido humano de Jesús. Él vino para darnos vida y nosotros entregamos muerte. Pero en este acto salvador se manifiesta el ser de Dios y la plenitud de lo humano. Es la mayor prueba de que Dios nos ama. La muerte de Jesús en la cruz, al mismo tiempo de mostrar una crudeza y crueldad profundas, manifiesta que Jesús, vivió una vida entregada a los demás. Jesús pone de relieve el amor con que Dios nos ama y que no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

En la cruz de Nuestro Señor Jesucristo adoramos no a un Dios muerto, sino la vitalidad de su amor porque del madero de la cruz brota con mayor fuerza su presencia amorosa.

Jesús en la cruz muestra la capacidad del ser humano de acoger lo divino y de actuar como tal. Jesús ayer se entregó los cercanos en la Última Cena, en la forma de pan y vino, y hoy finalmente en la cruz, lo hace por toda la humanidad.

Para los cristianos, la cruz de Cristo no es sólo motivo de veneración, sino que es el camino propuesto por nuestro salvador para poder llegar al destino final preparado por Dios para nosotros. Hemos de abrazar la cruz, en la que nos entregamos totalmente al servicio de los demás, para así acoger la vida que Dios, que, por su gracia, nos regala.

La imagen de Jesús muerto y suspendido en la cruz quedó grabada en la memoria de los creyentes. Una estampa ante la cual nos sale decir: ¡No me lo puedo creer! Y la fe reclama que digamos: Esto es lo que hay que creer. A Este crucificado es al que hay que creer. Éste es verdaderamente el Hijo de Dios. Aquí está la salvación del mundo, como dirá la Liturgia del Viernes Santo».

Levantar los ojos hacia él no es sólo un acto físico. Es, sobre todo, un acto de fe. La verdadera fe afirma «Dios es así», «Dios está en El», «Él es Dios». Para muchos parece imposible que un condenado a muerte pueda ser Dios. Demasiado fuerte. Donde unos no ven nada más que escándalo, otros vemos amor, todo el amor que Dios nos tiene. Donde unos no ven nada más que fracaso, otros vemos el triunfo del amor. Donde unos no ven nada más que un final, otros vemos la máxima expresión del amor, de la entrega por amor hasta la muerte. Ahí está el nudo del problema. ¿Es posible amar tanto que te entregues hasta la muerte? Esta pregunta la tienen que responder los que de verdad aman y los que amando están dispuestos a lo que sea.

Muchos dejan «todo» por conseguir a alguien. Todo encuentro de dos personas lleva implícita una renuncia, una entrega que tiene mil plasmaciones. Por la otra persona hay personas que son capaces de entregar la vida, poco a poco, como se hacen las cosas de la vida: en el paso rutinario de las horas…

La entrega no es una experiencia lejana ni ajena a nuestra propia vida. Cada uno sabe lo que es capaz de entregar y por quién tenemos fuerzas para entregarnos… Cada uno sabe qué cruces estamos dispuestos a llevar y por quién…

jueves, 2 de abril de 2026

ACCIÓN DE GRACIAS

Gracias, Jesús, por la Eucaristía.

Gracias, Jesús, porque deseabas ardientemente celebrar la Pascua con nosotros.

Gracias, Jesús, porque en la última cena nos entregaste tu vida y nos llenas de tu presencia.

Gracias, Jesús, porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar; morir por otro, dar la vida por otro.

Gracias, Jesús, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor contigo.

Gracias, Jesús, porque nos dijiste que celebrásemos la eucaristía en memoria tuya.

Gracias, Jesús, porque podemos celebrar la Eucaristía todos los días.

Gracias, Jesús, porque cada día podemos seguir alimentándonos de ti para seguir AMANDO y SIRVIENDO fraternalmente a quienes se encuentren con nosotros, y seguir nuestro camino para llegar a ser uno CONTIGO. Amén