jueves, 6 de agosto de 2020



2020 ADORACIÓN EUCARÍSTICA

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR

 

Hoy que celebramos la transfiguración de Jesús ante sus apóstoles queremos meditar ante Jesús sacramentado el significado profundo de este acontecimiento.

Jesús había anunciado a los suyos la inminencia de su Pasión y los sufrimientos que había de padecer a manos de los judíos y de los gentiles. Y los exhortó a que le siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio. Sin embargo, Jesús quiso que sus discípulos conocieran, de algún modo, la meta a la que se dirigen: “El arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil. Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es lo mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Sto. Tomás, Suma teológica).

Nuestra vida es un camino hacia el Reino de Dios. Pero es una vía que pasa a través de la cruz y del sacrificio y hasta el último momento tendremos que luchar contra corriente. Jesús no nos promete una vida fácil, sino una vida coherente, plena y en plenitud.

También a nosotros el Señor quiere confortarnos en esta tarde de adoración con la esperanza del Cielo que nos aguarda, sobretodo cuando el camino se hace costoso y asoma el desaliento. Pensar en lo que nos aguarda nos ayudará a ser fuertes y a perseverar. El paso del tiempo para el cristiano no es, en modo alguno, una tragedia; acorta, por el contrario, el camino que hemos de recorrer para el abrazo definitivo con Dios: el encuentro tanto tiempo esperado.

Pedro recordará hasta el final de sus días esta experiencia de la transfiguración. En una de sus Cartas, dirigida a los primeros cristianos para confortarlos en un momento de dura persecución, afirma que ellos, los Apóstoles, no han dado a conocer a Jesucristo siguiendo fábulas llenas de ingenio, sino porque hemos sido testigos oculares de su majestad… Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias. Y esta voz, venida del cielo, la oímos nosotros estando con Él en el monte santo (2 Pdr 1, 16-18).

El rostro de Cristo resplandeciente como el sol, expresión de la luz más intensa. Como sucede con tanta gente buena que anda por nuestras calles que tienen rostros limpios, relucientes.

La presencia de Dios en nuestra vida es importante porque en las subidas a las montañas y en los momentos felices, y en los tristes, Él siempre está ahí. De diferentes maneras se hace presente, puede tocarnos de acuerdo a cómo nos sentimos porque nuestro Dios es personal y conoce el corazón humano.

Nuestra vida es como un monte en el que hay subidas y bajadas. La compañía es importante ya que puede cambiar mucho, si la montaña es muy pesada, el ascenso se hace más llevadero. Cuando se llega a la cima se disfruta el logro y, en la mayoría de los lugares, hay vistas preciosas en las que podemos contemplar las maravillas de Dios. Después de un camino difícil nos llega el tiempo de la recompensa.

En este día tan especial pidámosle al Señor que nos ayude a encontrarlo en nuestro camino para amarlo más y conocerlo mejor.

La actitud de Pedro es comprensible, porque inundado de la felicidad que le ha proporcionado la contemplación de Cristo transfigurado, propone hacer tres tiendas, una para Cristo, otra para Moisés y otra para Elí­as. Es la tentación que tantas veces nosotros también participamos, la tentación del bienestar, de la comodidad, del sentirnos bien y olvidamos la cruda realidad en la que muchas personas están sumergidas. Queremos con Jesús comprometernos a transfigurar este mundo, esta sociedad nuestra, tan colmada de si y que necesita una transformación radical.  

Queremos mantenernos siempre cerca de ti, Jesús, porque así nada nos hará verdaderamente daño: ni la ruina económica, ni la cárcel, ni la enfermedad grave..., mucho menos las pequeñas contradicciones diarias que tienden a quitarnos la paz si no estamos alerta.

Queremos ofrecer con paz el dolor y la fatiga que cada día trae consigo, con el pensamiento puesto en Jesús, que nos acompaña en esta vida y que nos espera, glorioso al final del camino.

domingo, 2 de agosto de 2020


2020 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XVIII

Los discípulos, hombres prácticos, sugieren: "despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida". Porque si Jesús no los despide, no se irán. Sin embargo, Jesús no despide a nadie, todo lo contrario, quiere a todos cerca de él, su deseo intimo es que nadie se separe de él. Al contrario, les dice a los discípulos “dadles vosotros de comer”.
La actitud de Jesús nos recuerda a la postura de una madre, y en definitiva nos dice quién es Dios: un Dios que nutre y alimenta cada ser vivo. Es algo habitual en Jesús el compartir las comidas con la gente desde Cana, pasando por la ultima cena y con los discípulos de Emaús.  
Tanto es así que él quiso que cada vez que repitiéramos el gesto de partir el pan y beber la copa de vino él estaría ahí para infundirnos fortaleza, vigor y ganas de vivir.
Las comidas de Jesús se caracterizan por el elemento fundamental del compartir. Con solo cinco panes y dos peces que alguien deposita en las manos de Cristo, se realiza le milagro de la multiplicación.  Solo hay que confiar y sin calcular y sin guardar nada para sí dieron de comer a más de 5.000 personas. Cinco panes y dos peces es poco, pero es todo, es solo una gota en el mar, pero es esa gota la que puede dar sentido a toda su vida.
Pero el gran milagro se realiza porque ese pequeño pan, esos pocos peces son suficientes para todos, suficientes porque son compartidos. Según una misteriosa regla divina, lo que compartes con los demás aumenta: cuando mi pan se vuelve nuestro, en lugar de disminuirlo, se multiplica. El milagro es que Dios detiene el hambre del mundo a través de nuestras manos cuando aprenden a dar. Tenemos la tierra, toda la tierra para alimentar, y es posible, siempre y cuando sea posible compartir.
Y finalmente: "Recogieron las sobras en doce canastas", una para cada tribu de Israel, una para cada mes del año. Todos comen y permanecen para todos y para siempre. Y las migajas también tienen valor, lo poco que eres y lo que tienes. Nada es demasiado pequeño para no servir a la comunión. Nada es demasiado pequeño de lo que haces con todo tu corazón, porque cada gesto 'total', sin medias tintas, por mínimo que sea, nos acerca al absoluto de Dios.
Hoy aprendimos que lo importante de la vida es ser solidarios y compasivos. Lo único que Jesús hizo en aquel lugar desértico fue «curar» y «dar de comer» a la gente.
La mirada compasiva sigue siendo la opción de los discípulos/as de Jesús. Más que nunca son necesarios los gestos de solidaridad que puestos en manos del Señor se multiplican en amor compasivo.

miércoles, 29 de julio de 2020


ADORACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

DESCANSAR EN EL SEÑOR

En estos momentos vacacionales, de descanso y desconexión de la cotidianeidad nos encontramos ante Jesús sacramentado. Hoy queremos reflexionar sobre la necesidad del descanso sano y sobre todo descansar en el Señor.
¿Quién no ha sentido en algún momento la necesidad de descansar? Después de un trabajo o un estudio prolongado, unas horas de sueño o unos días de vacaciones vienen de maravilla, pero si profundizamos un poco más en nuestra vida, es necesario también un descanso más profundo; aquel que necesita el alma, que no se obtiene sólo con vacaciones o distracciones y que nos quitaría el peso de tanto desasosiego interior. Es el descanso que prometió Jesús a sus apóstoles: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vuestras almas”. (Mt 11,28-29)
Jesús habla de un reposo que los evangelistas describen con la palabra “anapausis”. Este concepto griego significa interrupción, calma, lugar de descanso. Dios también descansó al séptimo día de la creación.
La intranquilidad es una maldición por eso Caín debe andar errante e inquieto. Cuantas veces muchos de nosotros vivimos esta maldición de Caín porque sin calma andamos errantes. Nos esforzamos sin que realmente valga la pena. Nuestro esfuerzo y trabajo no tienen los frutos deseados. Parece que nuestra época está caracterizada por la maldición de la inquietud.
En esta tarde queremos descansar en el Señor. Se trata de la serenidad que nos abre a un nuevo horizonte y que se percibe en el silencio de cada acontecer. Es el reposo de la nueva creación que Jesús ha logrado muriendo en la cruz, bajando a los infiernos y alzándose del sepulcro. No fue en vano tanta fatiga. No acabó en el silencio de la muerte, sino que dio el paso a una nueva vida.
Sólo el que sigue a Cristo tomando el yugo de la cruz llega a poseer esta sabiduría. Es el descanso de quien renueva sus fuerzas directamente en la fuente. Es el reposo que llena de ánimo para comenzar de nuevo, no importa lo que se haya padecido antes. Cada día se puede retomar la lucha, porque la sangre de Cristo nos regenera sin cesar. Él mismo derrama sobre su Iglesia toda la vitalidad del agua sobre la tierra reseca, la misma vitalidad que sana las heridas y da el vigor a los miembros cansados.
San Jerónimo, además, desdobla el sentido de esta palabra y la traduce de dos maneras diferentes. La primera vez nos habla del descanso que restaura.
Este descanso se parece mucho al de las promesas cumplidas. Nuestro corazón que ha encontrado lo que buscaba con tanta inquietud. Porque la verdadera tierra prometida, esa que hace descansar lo más profundo del alma, no es ni un lugar ni una situación sin problemas: la tierra prometida es un Rostro, es una Persona divina que se ha hecho carne y que ha habitado entre nosotros. Cristo es el auténtico descanso para nuestras almas. Tomemos, pues, su invitación: “Venid a mí…”. ¿Cómo ir a Jesús? Él nos propone unos pasos concretos:
“Tomad mi yugo sobre vosotros…
 aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…
Y hallaréis descanso para vuestras almas.”

sábado, 25 de julio de 2020


2020 AÑO A 
TIEMPO ORDINARIO XVII
Hoy las lecturas nos hablan de la sabiduría, en la Biblia el sabio es el que sabe escuchar a Dios y a los demás en su vida; el que, por experiencia, se sabe humilde, sabe que él no es más que los demás. Es sabio el que sabe vivir la vida con acierto. El que sabe enjuiciar lo bueno frente a lo malo en cada circunstancia. Sabio es el que sabe discernir unos valores de otros y acierta a vivir desde el Valor fundamental de la existencia.
El evangelio nos concreta diciendo que un hombre y un comerciante encuentran tesoros. El hombre por casualidad, sin haberlo planeado, en un campo que no es el suyo, descubre un gran tesoro. Lo vuelve a esconder y va a vender todo lo suyo para comprar este campo que contiene tal tesoro. Vale tanto que se arriesga a vender todo lo que tiene para adquirirlo.
O un comerciante de perlas finas que encuentra una de gran valor y vende todo lo que tiene para comprarla. La idea siempre del evangelio perder para ganar.
Y todo eso sucede en la normalidad de la vida. Es que nuestro Dios está enamorado de la normalidad, como decía santa Teresa de Ávila, Dios está "entre las ollas de la cocina", Dios está en el campo todos los días, donde vive, trabaja y ama, como un trabajador del campo.
La fe en el Reino de Dios es una fuerza vital que cambia la vida. Y eso nos hace vivir la vida de forma alegre: "Habiendo encontrado el tesoro, el hombre lleno de alegría va, vende todas sus posesiones y compra ese campo". La alegría es el primer tesoro que da el tesoro, es el motivo que hace caminar, correr, volar: es el desbordamiento de un nuevo futuro, de una esperanza alegre. Los dos no pierden nada, lo invierten.
Así deberíamos ser los cristianos: elegimos el tesoro del Reino. No somos mejores que los demás, sino más ricos: hemos invertido en un tesoro de esperanza, de luz, de corazón y de ternura.
Los discípulos de Jesús no tenemos todas las soluciones en el bolsillo, pero nos fiamos y buscamos el reino. La sabiduría que hablamos al inicio está en saber elegir. Si nos preguntan porque somos cristianos la única respuesta posible no es teológica ni dogmática, sino simplemente para ser feliz.  
La Vida verdadera hay que buscarla. Tenemos que esforzarnos para hacer nuestro el tesoro, hacer nuestra la perla, es decir, hacer nuestra la Vida del resucitado. El tesoro no es tuyo, la perla no es tuya, tienes que comprarla. Tienes que saber invertir, tienes que vender todo y negociar. Conseguir el tesoro a cambio de lo que sea. Si no renuncias a nada, si no vendes; nunca tendrás Vida plena. La felicidad del Reino es la del ser, frente al tener. Por eso la opción por el reino es radical.
También narra Jesús la parábola de la red, donde cabe toda clase de peces (todos cabemos). La parábola apunta a la necesaria convivencia entre personas buenas y malas,
A nivel personal, la selección equivale a evaluar, a revisión de vida, a saber elegir, a discernir y quedarnos con lo bueno que tenemos cada uno, con todo lo que ayude a vivir y dar vida. "¿Entendemos bien todo esto?”

miércoles, 22 de julio de 2020


2020 ADORACIÓN EUCARÍSTICA

De nuevo estamos delante del Señor eucaristía. Venimos de la vida, de nuestras casas, de nuestras situaciones concretas, incluso de problemas que no sabemos cómo solucionar. Sin embargo, aquí estamos y nos situamos delante de él con la esperanza que nos dará su luz, su fuerza, su sabiduría.
Los tres leones
En la selva vivían 3 leones. Un día el mono, el representante electo por los animales, convocó a una reunión para pedirles una toma de decisión: Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero hay una gran duda en la selva: existen 3 leones y los 3 son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia? ¿Cuál de ellos deberá ser nuestro Rey?
Los leones supieron de la reunión y comentaron entre sí: Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener 3 reyes. Luchar entre nosotros no queremos ya que somos muy amigos. Necesitamos saber cuál será el elegido, pero, ¿cómo descubrirlo?
Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar, llegaron a una decisión y se la comunicaron a los 3 leones.
Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que los tres vais a escalar la Montaña Difícil. El que llegue primero a la cima será consagrado nuestro Rey.
La Montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir a la gran escalada.
El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado.
Los animales estaban impacientes y curiosos; si los 3 fueron derrotados, ¿Cómo elegirían un rey?
En ese momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:
¡Yo sé quién debe ser el rey! Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa.
¿Cómo? Preguntaron todos.
Es simple, dijo el águila. Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la Montaña Difícil escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.
El primer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El segundo león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El tercer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido, por ahora! Porque ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo. La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió y quien piensa así, su persona es más grande que su problema: Él es el rey de sí mismo, está preparado para ser rey de los demás. Los animales aplaudieron entusiasmadamente al tercer león que fue coronado El Rey de los animales.
Delante de Jesús sacramentado nos colocamos en disposición de pedirle que nos ayude a superar siempre todos los obstáculos. No importan lo grandes que sean, pues ellos ya han alcanzado su dimensión final, lo importante es la actitud con que me enfrento a ellos. Los problemas de la vida no son para eternizarlos, sino para darles solución y si no podemos darles solución los colocamos a los pies de Jesús.
No tiene mucha importancia el tamaño de las dificultades o problemas que tengas. Tus problemas, por lo menos en la mayor parte de las veces, ya llegaron al nivel máximo, pero tú no. Tú todavía estás creciendo y eres más grande que todos tus problemas juntos.
Todavía no llegaste al límite de tu potencial y de tu excelencia. La Montaña de las dificultades tiene un tamaño fijo, limitado. ¡Tú todavía estás creciendo!
Y acordémonos del dicho:  "NO DIGAS A DIOS QUE TIENES UN GRAN PROBLEMA, SINO DILE AL PROBLEMA QUE TIENES UN GRAN DIOS".
Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír.

sábado, 18 de julio de 2020


2020 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XVI
El Evangelio de hoy nos presenta una convicción y es que lo bueno y lo malo, la buena semilla y las malas hierbas, la cizaña, están enraizadas en nuestro pedazo de tierra. Es de una viveza exquisita la forma en que se mueven los protagonistas de la parábola: el dueño de la finca, que siembra buena semilla; un misterioso enemigo que trabaja en la noche, y cuyo rostro no podemos ver; y unos labradores que se sienten impotentes ante el avance de la cizaña. Ellos, proponen una solución errónea y desproporcionada para acabar con el mal: arrancarlo de raíz, sin ser conscientes que de esa manera iban a morir muchas espigas de buen trigo. Es, como muchas veces queremos extirparlo, “matando moscas a cañonazos”. ¿Quién distingue perfectamente -al ser casi iguales- el trigo de la cizaña?
Nuestra primera reacción, instinto ante las malas hierbas es siempre arrancar, erradicar de inmediato lo que es pueril, incorrecto, equivocado. Si lo arrancamos estaremos bien y produciremos fruto. 
La solución de Dios, el dueño del campo de la parábola, está en controlar los tiempos, creyendo en la fuerza del bien; su poder no es omnipotencia, sino confianza en los efectos que sus ritmos producen en las personas. Hay que mirar con confianza evangélica la realidad, respetando los procesos de lo humano, los ritmos lentos de las personas, los momentos en que aprendemos y cambiamos.
La madurez no depende de grandes reacciones inmediatas, sino de pensamientos positivos, de valores, de paciencia que todo lo alcanza. Lo importante es florecer y dar fruto y producir aquello que el Señor espera de nosotros. No solo preocuparse en ser perfectos y eliminar toda imperfección posible y todos los problemas, sino dar fruto sabroso y bueno. El Señor de la vida abraza la imperfección y no le preocupa la fragilidad, sino la capacidad de dar buen trigo en el futuro. 
No somos nuestros defectos, sino nuestros frutos; por los frutos los conoceréis. No somos creados a imagen del enemigo que actúa de noche, sino creados a semejanza del Padre y su trigo bueno para hacer buen pan. No estamos en el mundo para ser inmaculados, sino para caminar; no para ser perfectos, sino fructíferos. El bien es más importante que el mal, la luz cuenta más que la oscuridad, una espiga de trigo vale más que todas las malas hierbas del campo. Es el Evangelio de lo positivo. 
El valor de lo pequeño: la semilla de mostaza y la levadura: afianzan el valor de las cosas pequeñas. La comparación sorprende por el desfase entre el pequeño comienzo (la pizca de levadura y la diminuta semilla) y el gigantesco resultado final. Ahí está la paciencia, la dinámica propia del crecimiento. Si respetamos los procesos de crecimiento desde la confianza, entonces veremos sus frutos. La mostaza y la levadura son una llamada a la esperanza, a confiar en la fuerza pequeña y oculta que enreda y mueve lo humano y todos sus ritmos. También en estos tiempos de virus, crisis y mal humor… ¿Seremos capaces de confiar en que Dios conduce la Historia y sigue construyendo Reino? ¿Nos pondremos de su parte o seremos de los que bloquean su proyecto?

miércoles, 15 de julio de 2020



MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

Y DIOS DIJO

En este periodo estival nuestra meditación y oración ante el santísimo tiene que ser más profunda pues tenemos más tiempo que a lo largo del año y motivada por el amor a Dios. Por eso queremos escuchar lo que hoy nos dice el Señor. Y habla así:
- Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
- Si lloras, estoy deseando consolarte.
- Si eres débil, te daré mi fuerza y mi alegría.
- Si nadie te necesita, yo te busco.
- Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.
- Si estás vacío, mi ternura te colmará.
- Si tienes miedo, te llevaré en mis brazos.
- Si quieres caminar, iré contigo.
- Si me llamas, vengo siempre.
- Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
- Si estás cansado, yo soy tu descanso.
- Si pecas, soy tu perdón.
- Si me hablas, trátame de tú.
- Si me pides, soy don para ti.
- Si me necesitas, te digo: estoy aquí dentro de ti.
- Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.
- Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
- Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
- Si eres infiel, yo soy fiel contigo.
- Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
- Si me miras, verás la verdad en tu corazón.
- Si estás en prisión o encadenado a cualquier circunstancia, te voy a visitar y liberar.
- Si te marchas, no quiero que guardes las apariencias.
- Si piensas que soy tu rival, no quiero quedar por encima de ti
- Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un amanecer, un niño, un pobre.
- Si estás excluido, tu eres imprescindible para mí.
- Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.
- Si no tienes a nadie, me tienes a mí.
- Si eres silencio, mi palabra habitará en tu corazón. Amén.
Ante esta reflexión nos quedamos mudos de palabras, porque nos damos cuenta del valor de las palabras de Santa Teresa de Jesús: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; Quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.
Sí, en Él está todo lo que ansía nuestro corazón, todo lo demás es secundario. Cada vez que Teresa tenía una contradicción, se lo repetía interiormente y encontraba fuerza en este convencimiento, que heredó de san Pablo: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rom 8,31).
Esta oración íntima de santa Teresa sirve para cada uno de nosotros. Nosotros también podemos decir: «Alma mía que nada te turbe, que nada te espante… Solo Dios te basta. Él es tu amigo verdadero. Pon en Él tu confianza, que nunca te fallará».


sábado, 11 de julio de 2020


2020 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XV
El evangelio nos dice que Jesús hablaba a la gente: “muchas cosas en parábolas”. Las parábolas son un altavoz del Maestro, son sus mismas palabras, sus mismos conceptos, los ejemplos sencillos que usaba para hablar del Reino y de sus maravillas. Escucharlas es como escuchar el murmullo del manantial, la fuente original, el momento inicial, el frescor primaveral del Evangelio.
Las parábolas no son una alternativa o una excepción, representan la manera de expresarse de Jesús, una manera alta y brillante, es el lenguaje más refinado de Jesús. Jesús observaba la vida y las parábolas nacieron. Tomó historias de la vida e hizo historias de Dios.
Hoy nos habla de la parábola del Sembrados y empieza así: Salió el sembrador a sembrar. Jesús imaginaba la historia, la creación, el reino como una gran siembra: Compara la Palabra de Dios con la semilla. La semilla es promesa de vida futura; en ella, tan pequeña, se aprieta y comprime la vida que, pero al enterrarla en la tierra se desarrollará y dará mucho fruto. El secreto de la vida es germinar, brotar, madurar.
El sembrador puede parecer incauto, despreocupado porque parte de la semilla cae sobre piedras, zarzas o el camino, y otra caerá en tierra buena. A Jesús no le parecía incauto, sino todo lo contrario, la semilla es la Palabra de Dios y ésta tiene que ser sembrada en todo tipo de tierra; nadie es discriminado, nadie está excluido de la siembra divina. Él mismo indica el significado de cada uno de estos terrenos y por qué la semilla se malogra en ellos o da fruto abundante.
En algún momento de nuestra vida podemos llegar a ser duros, con espinas, heridos, opacos, superficiales, pero es a nuestra humanidad imperfecta a la que la palabra de Dios quiere llegar, y quiere convertimos en tierra buena. Todos experimentamos que hay fuerzas en el mundo y en mi corazón que se oponen a la vida, al renacer de nuevas esperanzas y expectativas.  
La parábola no explica por qué sucede esto, pero nos habla de un sembrador confiado, cuya tenacidad no es defraudada, porque la semilla está creciendo en el mundo y en mi corazón. El verbo más importante de la parábola es: y dio fruto. Hasta cien por uno. Y no es una exageración piadosa.
La ética evangélica no busca campos perfectos, sino fructíferos. La mirada del Señor no descansa en mis defectos, que son las piedras, caminos o zarzas, sino en el poder de la Palabra que ablanda los terrones pedregosos, se preocupa por los nuevos brotes y lucha contra toda esterilidad.
Jesús nos cuenta que Dios no viene como cosechador de nuestros pocos cultivos, sino como el sembrador incansable de nuestras tierras y matorrales.
Los campesinos, año tras año, cuidan sus tierras: quitan las malas hierbas, sacan las piedras, remueven la tierra y la abonan. El creyente ha de cuidar también con esmero su tierra, es decir su capacidad de escucha evitando los ruidos que apagan la voz de Dios. Hay que escuchar con corazón sencillo, con la docilidad de discípulo y “guardar” la Palabra que implica abrazarla, cuidarla, respetarla y agradecerla.

miércoles, 8 de julio de 2020


SANTÍSIMA SANGRE DE CRISTO


En la exposición eucarística de esta tarde queremos meditar sobre la fiesta que hoy celebramos en nuestra ciudad: La Santísima Sangre de Cristo. La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo lleva a adorar al Señor Jesús reconociendo, con gratitud y amor, el valor de su vida dada, derramada en su sangre.
Fue el papa Juan XXIII que fomentó el culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Esta fiesta enfoca la mirada, la atención y la fe en el misterio del Amor de Dios encarnado, y nos recuerda que Cristo, derramando su sangre, ha ofrecido y ofrece su amor, fuente de reconciliación y principio de vida nueva en el Espíritu Santo.
La sangre es vida, cuando somos donantes de sangre estamos compartiendo nuestra vida con aquel que lo está necesitando, porque sin transfusiones de sangre perdería la vida.
También decimos que esta persona es sangre de mi sangre, es decir la familia es el conjunto de personas que tenemos lazos de sangre. Sin embargo, hay otras realidades que nos hacer estar más unidos
Todo el mundo tiene una familia. Tener una es algo fácil: todos tenemos un origen y unas raíces. No obstante, mantener una familia y saber cómo construirla, alimentando el vínculo día a día para conseguir que esté unida, es más complicado.
La sangre nos hace parientes, pero la lealtad nos convierte en familia
La Sangre de Cristo es la prueba irrefutable del Amor de Dios Trinidad a todo hombre, sin excluir a nadie. Jesús fue fiel hasta el final, por amor. Mantuvo su lealtad al ser humano sin importarle si éramos buenos o malos, todo lo hacía simplemente por amor. Así nos mostró la nueva familia que surgía de su corazón traspasado, no por lazos de sangre sino por fidelidad a su persona y a su vida.
La devoción a la Sangre de Cristo es en el fondo un acto de amor y de respeto al misterio insondable del Amor y de la Misericordia divinas.
Pero una cosa es la correcta devoción y otra muy diferente, que hay que evitar, es darle a la Preciosa Sangre de Cristo una connotación esotérica, de magia o de superstición. La sangre de Cristo no es un amuleto ni un fetiche, ni una «fórmula» mágica.
El único poder que ha tenido y tiene la Sagrada Sangre de Cristo es redentor. No pensemos en ella como una especie de coraza contra todos los males de este mundo. No confundamos la Sangre de Cristo con un chaleco antibalas en el sentido de considerarla como algo utilitario. Tampoco se trata de encargar milagros a un Dios que está obligado a hacer todo lo que se le ordene en el nombre de Jesús o en el nombre de su sangre.
La sangre de Cristo facilita la fraternidad universal y nos abre el camino que hay que recorrer. El amor triunfa siempre sobre las desgracias, violencias y el desamor. La lucha ha de ser constante. Incluso el amor es más fuerte que la misma muerte. El amor tiene raíces profundas y se ramifica desde el interior y llega hasta donde no sospechábamos.
Jesús, derrama hasta su última gota de sangre en la cruz. Y, por si fuera poco, nos regala, nos dona en cada Eucaristía su Cuerpo y su Sangre. Delante de Jesús sacramentado, pedimos que nos alimente y nos fortalezca, nos conforte y nos ayude a seguir viviendo. Porque desde esa donación, podremos comprender con generosidad, con humildad y confraternidad que la caridad debe ser nuestra vestimenta, que nuestro sagrario es el prójimo y que en la custodia no solamente está Cristo Sacramentado, sino todos y cuantos sufren como Jesús de Nazaret.

miércoles, 1 de julio de 2020


LA MAYOR PRUEBA DE AMOR Y AMISTAD

En esta tarde de adoración, delante de Jesús sacramentado os invito a meditar sobre la entrega de Jesús, ya que dentro de unos días celebraremos la santísima sangre, nuestra patrona y todos los hombres y mujeres de fe de Denia pedimos su protección y bendición.
“Nadie tiene amor más grande que este, dar la vida por sus amigos”. —Juan 15:13
Cuenta la historia que Dionisio un tirano que dominaba la tierra de Siracusa, condenaba a muerte a todo aquel que lo hiciera enojar. Cierto día se enfadó mucho con un joven llamado León. Tanto se enojó que lo condenó a morir. Sabiendo que aquel era el fin de su vida, León pidió al tirano que le permitiera ir a despedirse primero de su familia.
- Si te dejo ir, te escaparás- advirtió Dionisio. Pero León llegó a un acuerdo con Dionisio. Consistía en que un amigo suyo llamado Pitias se quedaría encarcelado en su lugar, como fianza, y si León no llegaba a tiempo, Dionisio podría quitarle la vida a él.
- Si León no vuelve, yo moriré en su lugar- confirmó Pitias.
Dionisio aceptó el trato, dándole a León un máximo de seis horas para ir a despedirse de los suyos. A León le sobraban cuatro horas para poder estar de regreso, así que partió confiado. Dionisio estaba convencido de que iba a ver morir a Pitias, el amigo de León, y se preguntaba cómo alguien podía estar dispuesto a dar su vida por otro, siendo inocente. Y fue a burlarse de Pitias cuando habían pasado ya cinco horas y León no había vuelto.
- Mi amigo habrá tenido un accidente- le dijo Pitias.
De repente, en el último momento, apareció León y abrazó a su amigo. Estaba sin aliento y apestando a sudor. De camino, alguien había matado a su caballo y había tenido que hacer el resto del trayecto corriendo. Asombrado Dionisio, que no había visto jamás semejante lealtad, los dejó libres.
Cada momento en la vida nos vemos rodeados de diferentes tipos de personas, aquellas que nos ofrecen su amistad a cambio de algo material que les podemos dar, o por el puesto social o económico que tenemos, entre otras cosas, todo va de acorde a lo que poseemos y cuando lo perdemos, ellos fácilmente se alejan.
También está ese tipo de personas que nos muestra una amistad sincera, que no les importa lo que podamos ofrecer, ellos siempre estarán aun cuando lo perdamos todo y estarían dispuestos a dar su vida por nosotros, es una lealtad que no tiene precio.
Cuando Jesús camino sobre la tierra se encontró con estos tipos de personas, aquellas que lo amaban con sinceridad y lealtad y aquellas que lo amaban por lo que él les daba. Él conocía sus corazones y sabía distinguir entre aquellos que le acompañarían hasta el final y aquellos que le darían muerte.
Si por alguna razón tú no encuentras amigos sinceros y leales, toma el primer paso y se amigó de Jesús, él te mostrará la mejor amistad.

sábado, 27 de junio de 2020




SOLEMNIDAD DE 
SAN PEDRO Y SAN PABLO
La manera de hablar semita nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Ellos hablan por contraste y cuanto más mejor. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Se han dicho cantidad de tonterías sobre al amor a la familia y el amor a Dios. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre, a un padre.
El amor a Dios es único, como único es el amor a un padre o a una madre. En otro apartado del evangelio: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás, amándome a mí mismo como Dios manda.
El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. El amor tiene que ser concreto. Hay que revisar el tipo de amor que ejercemos sobre los demás: hay amores que matan, asfixian, oprimen. El amor verdadero nunca está en contra de mi humanidad. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.
El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. En griego hay tres palabras que nosotros traducimos por vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata, pues, de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, del hombre capaz de relaciones interpersonales. Esto no sería “perder”, sino “ganar” humanidad.
El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer “Un vaso de agua fresca” a un desconocido que tiene sed, puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar, sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo no hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende.
El amor puramente teórico no tiene consistencia. Un vaso de agua puede ser la manifestación más auténtica de amor. No tiene importancia ninguna lo que hagas. Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.
También celebramos la festividad de s. Pedro y S. Pablo. Jesús llamó a Simón, Cefas que significa "piedra" y sobre ella edificaría Su Iglesia. Pescador de oficio, Jesús lo llamó a ser pescador de hombres. Durante la persecución en Roma del año 64, que duró unos tres años, Pedro murió crucificado por mandato del emperador Nerón. Pidió ser crucificado de cabeza para abajo, porque no 
se sentía digno de morir como su Maestro. Nos enseña que, a pesar de la debilidad humana, Dios nos ama y nos llama a la santidad. A pesar de todos los defectos, Pedro logró cumplir con su misión.
Pablo enemigo de la nueva religión cristiana ya que era un fariseo muy estricto. Estaba convencido y comprometido con su fe judía. Quería dar testimonio de ésta y defenderla a toda costa. Consideraba a los cristianos como una amenaza para su religión y creía que se debía acabar con ellos a cualquier costo. Pablo comprendió que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios y que al perseguir a los cristianos perseguía al mismo Cristo que vivía en cada cristiano. La conversión de Pablo fue total y es el más grande apóstol que la Iglesia ha tenido. Fue el "apóstol de los gentiles" ya que llevó el Evangelio a todos los hombres, no sólo al pueblo judío. Comprendió muy bien el significado de ser apóstol, y de hacer apostolado a favor del mensaje de Jesús.
Feliz domingo

miércoles, 24 de junio de 2020


ADORACIÓN EUCARÍSTICA
En esta tarde de miércoles nos disponemos a colocarnos delante del señor sacramentado para pasar un momento de oración con él. Pensado en el tema del domingo pasado en el que Jesús nos animaba a no tener miedo, quiero proponeros este cuento para que reflexionemos y saquemos consecuencias. Animo poco a poco iremos recobrando una normalidad aún mejor de la que teníamos. Confiemos siempre en la fuerza de Dios que no nos abandona.

«LA FÁBULA DE LA RANA SORDA»
«Había una vez un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.
Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuán hondo era, dijeron a las dos ranas que estaban en el fondo, que, para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.
La multitud de ranas le gritaba que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltaba cada vez con más fuerza hasta que finalmente saltó fuera del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron:
– ¿No escuchaste lo que te decíamos?
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más para salir de allí.»

Esta fábula oriental, 'La rana sorda', nos trae una preciosa moraleja: ayuda a los demás a alcanzar sus sueños motivándoles y ayudándoles a confiar en sí mismos y en sus capacidades.
Hablemos de vida, de alegría, de esperanza, de que todo saldrá bien a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. Ese es el poder de las palabras. A veces es difícil comprender que una palabra de ánimo pueda hacer tanto bien.
Esta fábula nos demuestra cuánta fuerza e influencia pueden tener las palabras de los demás en nuestras reacciones y cómo una palabra de ánimo puede ayudarnos a “salir del hoyo” y enfrentarnos a nuestros problemas. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida con alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día.
Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentra desanimado puede ser que acabe por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras que roben a los demás el espíritu que les lleva a seguir en la lucha en medio de tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobre todo con lo que escuchamos, no siempre hay que prestar atención, utilicemos sólo lo que es bueno.
Una sola palabra de aliento puede más de lo que imaginas. Una frase positiva, una mirada cómplice o un abrazo, puede ser determinante para que otros conquisten sus sueños.
Por lo tanto, debemos cuidar lo que decimos a los demás, pero también a nosotros mismos. Porque a veces las ranas que gritan para que nos rindamos y no salgamos del hoyo, somos nosotros mismos: nuestros miedos o la falta de autoconfianza en nuestras posibilidades consiguen que creamos que es mejor rendirse que intentar superar nuestros problemas. A veces damos por imposibles cosas que no lo son: lo que pasa es que cuesta encontrar la solución.
Como la rana sorda, no permitas que los demás, ni tampoco tus propios miedos, consigan que dejes de luchar para superar los problemas. Y recuerda que con una palabra de aliento o simplemente prestando tu atención y tu apoyo, puedes ayudar a los que quieres a que superen los suyos.
Jesús te pedimos hacer oídos sordos a las cosas negativas y anímanos a hacer algo todos para que este tiempo que nos toca vivir, sea mucho mejor para todos. Amén


sábado, 20 de junio de 2020


Jesús no quería que sus discípulos se hicieran falsas esperanzas y les deja claro que el Reino de Dios se predica no solo con la palabra sino sobre todo con la vida. Muchos aceptarán, pero otros los rechazarán, maltratarán, insultarán o condenarán. “No tengáis miedo” les repite Jesús tres veces.
No tengáis miedo, no temáis, precisamente en este tiempo de incertidumbre, de miedos, que poco a poco se va comiendo la vida. Para Jesús lo opuesto del miedo no es tener coraje sino tener fe. Recordemos aquella vez que estando en la barca, en una noche tormentosa, El Maestro dice a sus discípulos: ¿por qué tenéis miedo, todavía no tenéis fe? No somos héroes, somos creyentes y lo que se opone al miedo es la fe. La fe nos hace confiar y esperar en la voluntad salvífica del Padre.
Ni siquiera un gorrión caerá al suelo sin conocimiento del Padre. Nada ni nadie está fuera de la presencia del Padre. Dios siempre nos acompaña en los acontecimientos de la vida, nunca estamos solos. Hasta el punto de que cualquier persona necesitada, hambrienta, sedienta, enferma, crucificada es el mismo Cristo quien está clavado en la misma cruz. El Espíritu Santo, el aliento divino, teje e identifica su aliento con el nuestro; y cuando un hombre no puede respirar porque otro hombre presiona su rodilla sobre su cuello, es el Espíritu, el aliento de Dios, quien no puede respirar. Dios no rompe alas, las cura, las fortalece, las alarga.
La fuerza de la palabra de Jesús hoy es muy importante: no tengas miedo, vales mucho más que los gorriones, Tú vales: ¡qué hermoso es este verbo! Valemos más que muchos gorriones, más que todas las flores del campo, más de lo que nos atrevemos a esperar. Se acabó el miedo de no contar, de tener que demostrar siempre algo. No nos preocupemos, valemos más.
- “No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma…”. La confianza en Dios frente a las afrentas que pueden ocasionar los hombres; al final, hay un Juez que nos va a juzgar a todos en función de nuestras obras. Jesús nos dice que no nos preocupemos por aquellos que nos pueden destruir nuestra alma, sino preocupémonos de aquello que nos aleja de Dios.
- “Vosotros valéis más que muchos pajarillos”. Si para Dios todas las cosas son importantes, mucho más los hombres. El Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a ocuparse de cada uno de nosotros?
Dios me ama fragmento a fragmento, fibra a fibra, célula a célula, cabello a cabello.
Para aquellos que no aman, las personas son insignificantes, ningún detalle les provoca emoción. Pero aquel que ama de verdad siente una gran emoción ante cualquier detalle de la persona amada. Su vida, su sonrisa, su pelo, todo cuenta para el amante. No porque seas exitoso o tengas fama, sino porque existes, porque estás. “Lo propio del verdadero creyente no es la cobardía y la resignación, sino la audacia y la creatividad” Pagola.
La Nueva etapa pasa por empezar desde cero a fraguar la vida de muchos cristianos que viven como si no lo fueran. A formar familias desde el Evangelio. A ocupar puestos de responsabilidad en la sociedad civil sin renunciar ni menospreciar los valores del cristianismo. Sólo entonces, cuando seamos templados, cuando lleguemos a ese grado de madurez, es cuando veremos y comprobaremos que el Señor va por delante.


El próximo lunes día 22 de Junio, - primer aniversario del fallecimiento de la madre de Fray Sami -
Celebraremos eucaristía a las 20h. en su memoria

Martes 23 de Junio a las 20'30h.
Reunión de lectores y ministros extraordinarios de la Comunión

miércoles, 17 de junio de 2020



MIÉRCOLES EUCARÍSTICOS
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Cercana la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, queremos contemplar en esta tarde el amor loco de Cristo.
El corazón tiene motivos que la razón no comprende – decía Pascal.
En el Sagrado Corazón de Jesús están encerrados todos los tesoros de ternura, compasión y misericordia divinas para todos los hombres y mujeres. ¡Menos mal que Dios en Cristo se hizo amor misericordioso y loco para salvarnos! De lo contrario, ¿dónde estaríamos ahora?
El amor que manifiesta su Corazón es un amor humanamente lleno de locura, que revela un amor divino todavía más loco.
Los escribas y fariseos del evangelio no entienden esta locura de amor de Jesús con los pecadores y publicanos, tienen el corazón cerrado en el legalismo y en pergaminos. ¿A quién se le ocurre dejar las 99 ovejas e ir a buscar a la oveja perdida e indócil que se ha alejado del rebaño? La pérdida de la oveja provoca en el pastor un sentimiento de privación y de vacío, que invade todo su corazón y le hace olvidar todos los otros afectos. Y cuando la encuentra, se alegra, la sube a sus hombros, la acaricia, y cuando llega a casa, hace fiesta, y comparte su alegría con los vecinos. Gestos todos de un corazón lleno de amor y misericordia. Humanamente, este comportamiento del pastor es criticable, porque no es justo reservar más amor a quien merece menos. No es razonable este comportamiento. Pero el amor de Dios no hace cálculos, razonamientos. Lo que quiere es salvar a todos. ¡Cuánto tuvo que luchar Jesús en su vida pública con esos hombres acartonados en la ley, pero sin caridad! Pero el mensaje de Jesús era justamente esto: el amor misericordioso.
El Corazón de Jesús no siguió la lógica de la razón, sino la del amor divino. Y sigue entregándose a sí mismo por nosotros en la Eucaristía: nos entrega su Cuerpo y su Sangre derramada por nosotros. Su muerte en la cruz es la mayor locura de amor que se pueda concebir.
Algunos cristianos santos y mártires sí comprendieron este amor loco: san Maximiliano María Kolbe. En 1941 es hecho prisionero y llevado al campo de concentración de Auschwitz (campo de concentración construido tras la invasión de Polonia por los alemanes). Allí prosiguió su ministerio a pesar de las terribles condiciones de vida. Eran momentos difíciles en el campo, pero su generosidad y su preocupación por los demás nunca le abandonaron. El 3 de agosto de 1941, un prisionero escapa; y en represalia, el comandante del campo ordena escoger a 10 prisioneros para ser condenados a morir de hambre. Entre los hombres escogidos estaba un sargento, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos. “No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). San Maximiliano, que no se encontraba dentro de los 10 prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio. Luego de 10 días de su condena y al encontrarlo todavía con vida, los nazis le colocan una inyección letal el 14 de agosto de 1941.
Cómo es nuestro amor por Jesús: sólo sentimental, esporádico, interesado, inconstante. O es fuerte, firme, demostrado en obras.
Recemos con el cardenal, ya santo, John Henry Newman:
Amado Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de espíritu y vida. Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida sólo sea una emanación de la tuya. Brilla a través de mí, y mora en mi de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí sino solamente a ti, oh Señor. Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí. La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú, quien ilumine a los demás a través de mí. Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean. Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón. Amén.

domingo, 14 de junio de 2020


FESTIVIDAD DEL CORPUS CRISTI
FIESTA DIA DE LA PARROQUIA

Queridos hermanos celebramos hoy dos fiestas importantes una del Corpus, Jesús se quedó como comida y bebida y la de San Antonio de Padua, día de nuestra comunidad parroquial.
Lo primero que sale de nuestros labios es la gratitud, es decir tomamos conciencia de los dones que recibimos cada día, el don de la eucaristía, el don de la vida plena, el don de la comunidad. Estos dones, tenemos que aprovecharlos, desarrollarlos y disfrutarlos juntos.
Jesús realiza un discurso muy perturbador: habla de comer mi carne y beber mi sangre. Esta invitación desconcierta a amigos y adversarios. Jesús reitera ocho veces, clarificando la motivación: para vivir, simplemente vivir, vivir realmente. Jesús tiene algo que cambia la dirección de la vida.
Experimentamos que la vida se desliza, se resbala inexorablemente hacia la muerte, sin embargo, Jesús cambia la perspectiva de este plano inclinado y muestra que nuestra vida se desliza hacia Dios. De hecho, es la vida de Dios que fluye, que entra y se pierde dentro de la nuestra. Aquí está la genialidad y la originalidad del cristianismo: Dios entra dentro de sus criaturas, como la levadura dentro del pan, como el pan dentro del cuerpo.
Nuestros pensamientos corren hacia la Eucaristía. Pero Jesús no está indicando un rito litúrgico; No vino al mundo a inventar liturgias, sino a crear hermanos y personas capaces de amar con libertad. Jesús está hablando de la gran liturgia de la existencia, personal y colectiva.
Dios entra en cada fibra del ser humano. Cristo quiere que el flujo cálido de su vida fluya en nuestras venas, que su coraje arraigue en nuestros corazones, porque vamos a vivir la existencia como él la vivió. Dios se hizo hombre para que cada hombre se vuelva como Dios. Él quiere estar en nuestras manos como regalo, en nuestra boca como pan, en nuestro interior como sangre. Aquí está el milagro, el corazón palpitando, y llega el asombro: Dios en nosotros, nuestro corazón lo absorbe, él absorbe nuestro corazón y nos convertimos en uno.
Motivo para dar gracias a Dios por el don de la comunidad parroquial, de San Antonio:
- Dar gracias por lo que se tiene y por lo que se es, en lugar de lamentarse por lo que no se tiene.
- Todos somos capaces de dar algo bueno. Ser agradecidos con todos.
- Ser agradecidos para vivir la vida plenamente de acuerdo con el fin para el cual fuimos creados.
- Aprender a estar atentos, detenerse y disfrutar de los momentos de felicidad, de alegría sencilla.
- Hacer felices a los demás, un gracias y una sonrisa puede cambiar la convivencia.
- La humildad, como san Antonio, nos ayuda a reconocer todo lo que hemos recibido. El humilde es una persona agradecida con Dios y con las demás personas. Surge espontáneamente la amabilidad, bondad, cordialidad, generosidad; disponibilidad, solidaridad.