sábado, 11 de octubre de 2025


 


 ENVÍO AGENTES DE PASTORAL

El próximo sábado día 18 de octubre en la misa de las 20 horas, tendrá lugar el envío de los agentes de pastoral .

CURSILLOS DE PREPARACIÓN AL MATRIMONIO

El lunes 13 de octubre a las 21 horas darán inicio los cursillos de preparación al matrimonio, en el salón parroquial
 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR

Darte las gracias por lo mucho que me das y de esperar, cuando tardas en llegar.

Darte las gracias por los detalles insignificantes por los dones que, de tantas personas, recibo sin saberlo por las sonrisas que, por la calle, se me regalan por los rostros que no me son indiferentes.

QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR.

De ver tu mano allá donde sólo veo el mundo.

De abrir mi corazón a tu presencia.

De tener mis ojos despiertos a tu paso.

De abrir mis manos a quien lo necesita.

QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR.

De cultivar la gratitud cuando tanto se me da.

De decir “gracias” por pequeñas o grandes cosas.

De agradecer la fe como don y como tarea.

De pedir cuanto necesite aunque no sea a la hora que yo lo espere.

QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR.

De cuidar el corazón, con la vitamina de la gratitud.

De fortalecer mí fe, con el arma de la oración.

De robustecer mi alma, con savia de la caridad.

De curar mi espíritu, con mi confianza en Ti.

Amén

2025 CICLO C

TIEMPO ORDINARIO XXVIII

 

La ley de Moisés, consideraba a los enfermos de lepra como personas impuras, que volvían impuro a quien los tocaba. Inhabilitados para la vida social, no podían permanecer con su familia y relacionarse con la gente. Tenían que vivir aislados fuera de las ciudades y gritar: “¡Impuro, impuro!”, a la distancia, para que nadie se les acercase.

Estos diez leprosos salen al encuentro de Jesús y le gritan: ¡Ten piedad de nosotros! Jesús se preocupa de restablecerles su dignidad de personas y los envía a los sacerdotes y mientras van de camino quedan curados.

A continuación, el evangelio resalta el comportamiento ambivalente mantenido por los curados. La actitud de Jesús ha sido ejemplar, pero nueve de los diez curados muestra actitudes cumplidoras, pero no agradecimiento. Muy pronto se han olvidado del gran favor recibido. Sólo uno de ellos y, por cierto, un samaritano, es decir, un hereje reprobado por los judíos, al verse sano, regresó alabando a Dios en voz alta y se postró a los pies de Jesús dándole gracias. Reconoce que Dios ha obrado en Jesús y lo declara abiertamente con un gesto de auténtica fe. Por eso le dice Jesús: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. Al volver junto al Señor recibe algo más que la curación física de los otros nueve: la salvación y la vida nueva que da Jesús.

En el evangelio Jesús ha curado porque sí, sin que se lo hayan pedido siquiera los diez leprosos. Si os fijáis ellos sólo reclamaron del Maestro compasión. Se habrían conformado con que tuviera por ellos un sentimiento de pena, de ternura, de empatía con su desgraciada situación.

El Maestro se queja:¿dónde están los otros nueve? ¿Sólo uno ha vuelto para dar gloria a Dios? Y sólo de él afirma que está salvado. Los diez recibieron el regalo de la curación. Pero sólo uno fue capaz de descubrir detrás de ello la mano de Dios.

Descubrimos que este leproso samaritano al sentirse curado vuelve a Jesús porque tenía un corazón agradecido. Esto nos ayuda a ser agradecidos con Dios y con las personas: valorando sus detalles y esfuerzos, aprendiendo de ellos, y multiplicándolos también nosotros. Un corazón agradecido abre las puertas de la salvación. Un corazón agradecido tiende puentes y reafirma las relaciones. Un corazón agradecido nos hace mucho mejores. Y tenemos tanto que agradecer a Dios.

Cada domingo al celebrar la Eucaristía, literalmente significa Acción de Gracias, supone haberse ido preparando durante la semana, en la oración y en la vida diaria, para ir cultivando ese corazón agradecido. Desgranar cada día los mil motivos que los ojos de la fe van descubriendo en lo que pasa y en lo que nos pasa. Mostrar agradecimiento concreto (con rostros, momentos, lugares), sintiéndonos en deuda de corresponder a sus dones. Al menos reconocerlos.

En nuestra «civilización mercantilista», cada vez hay menos lugar para lo gratuito. Todo se intercambia, se presta, se debe o se exige. En este clima social la gratitud desaparece. Ánimo y recuperemos la gratitud ante Dios y su bondad insondable. Esto genera una forma nueva de mirarse relacionarse con las cosas y de convivir con los demás.

 

jueves, 9 de octubre de 2025


 

Meditación eucarística:

Dios siempre escucha

Señor Jesús sacramentado junto a ti nos presentamos con nuestras manos vacías y nuestros corazones abiertos para experimentar tu gran amor hacia cada uno de nosotros. En el silencio de esta adoración estamos convencidos que tú estás ahí para escucharnos, acogernos, ayudarnos. Tú siempre estás atento a nuestras oraciones, pensamientos y necesidades. Puede que no siempre recibamos respuestas de la manera que esperamos, pero notamos tu presencia y cuidado de una manera constante. Escuchemos

Dios siempre escucha: Había una mujer, Angustias de nombre, que a pesar de sus pocos años había ya padecido mucho. Como consecuencia de tanto sufrimiento y de su precaria vida de piedad, fue perdiendo la fe y su confianza en Dios. Por si faltaba algo, su marido hacía unos meses que se había quedado sin trabajo y apenas si tenían para vivir ellos y sus cuatro hijos.

Una amiga suya Consuelo conociendo el mal estado emocional en el que se encontraba fue un día a visitarla: ¡Hola, Angustias! ¿Cómo te encuentras?

- No tan bien como deseara. La verdad es que últimamente estoy con la depresión. Ya sabes todo lo que nos está ocurriendo, respondió la amiga.

- Lo que debes hacer es tener fe. ¡Pídele a Dios y verás cómo te ayuda!

- Dios me ha abandonado. Al principio rezaba, pero me aburrí. No sé si habrá alguien arriba porque por más que le pido no me responde.

 Angustias, durante sus años mozos, había sido una “buena cristiana”; pero luego, cuando la vida empezó a azotarle, y debido también a que su marido era poco practicante, se fue separando de Dios y de la vida de piedad.

Consuelo le insistió en que rezara con fe, pues Dios nunca dejaba de escuchar nuestra oración.

- Mira, Angustias, nada vas a perder si le pides a Dios de nuevo. Él nunca abandona. Es más, a partir de ahora pediré yo también por ti.

Angustias no estaba muy convencida, pero para que su amiga se callara le prometió que volvería a rezar. Y no se le ocurrió otra cosa que decirle a Dios: ¡Señor! Ya sabes todo lo que me pasa. Mi amiga me ha pedido que te rece, pero la verdad es que he perdido la fe; así que te voy a pedir algo sencillo. ¡Mira!, me gustaría que, como signo de tu amor hacia mí, y para probarme que me escuchas, me regalaras una flor y una mariposa.

Pasaron unos días, y la mujer, enfrascada de nuevo en los quehaceres cotidianos, se olvidó de Dios y de lo que le había pedido. Un miércoles por la mañana, mientras la pobre mujer estaba haciendo la colada de toda la familia, sonó el timbre de la casa. Se secó las manos apresuradamente y acudió a la puerta a ver quién era.

- Un repartidor le pregunta: ¿Vive aquí Angustias Sánchez? Aquí le traigo un paquete.

La mujer lo recibió. Firmó la hoja de entrega. El furgón se marchó y la mujer, curiosa, se dispuso a abrir el paquete, no sin antes buscar el remitente del mismo. Por más que buscó no encontró nombre alguno. Al abrir la caja se encontró una maceta pequeña con un cactus pinchoso, un gusano negro feo y peludo y una pequeña tarjeta de visita que decía: “En respuesta a tu oración”.

En ese momento le entró un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Parecía que quería adivinar que el paquete venía del cielo. Pero no del cielo, pues eso no era lo que ella había pedido a Dios. Disgustada porque Dios tampoco le había escuchado, volvió a meter el cactus con el gusano y la nota en la caja y la tiró en una esquina del patio de la casa, pensando.

Pasaron ocho o diez días, y nuestra sufrida mujer se dispuso una mañanita a limpiar el patio de la casa. Era finales de la primavera. En eso que vio la caja que ella misma había tirado en el patio.

Angustias comenzó a limpiar el patio. Cogió la caja para tirarla a la basura, cuando de pronto, movida por la curiosidad y quizá también por algo de resentimiento con Dios, abrió la caja como para reírse de Él. Cuál fue su sorpresa, cuando al quitar la tapa, se encontró que en el cactus tenía una flor bellísima y el gusano negro, feo y peludo se había transformado en una preciosa mariposa multicolor.

El Señor siempre escucha nuestra oración. A veces lo que nos manda no es tanto lo que nosotros esperábamos, pero siempre es lo más nos conviene. Sencillamente lo único que tenemos que hacer es tener paciencia a que el cactus dé su flor y el gusano se transforme en mariposa…. Y es que Dios, siempre escucha. Amén