sábado, 28 de febrero de 2026


 


 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

TRANSFIGURAME, SEÑOR

Con tu gracia, para entender tu muerte.

Con tu poder, para contemplar tu rostro.

Con tu majestad, para adorarte como Rey.

Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia porque, en muchas ocasiones, temo sólo verte como hombre y no como Dios.

Sí, Señor; transfigúrame con tu mirada porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte, a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista.

Sí, Señor; transfigúrame con tu amor y, entonces, comprenda lo mucho que me quieres: que me amas, hasta el extremo, que me amas, hasta dar tu vida por mí, que me amas, porque no quieres perderme, que me amas, porque Dios, es la fuente de tanto amor.

Sí, Señor; transfigúrame con tu fuerza porque me siento débil en la lucha, porque prefiero el dulce llano a la cuesta que acaba la cumbre de tu gloria.

Porque, siendo tu amigo como soy no siempre descubro la gloria que Tú escondes.

Transfigúrame, Señor.

Para que, mi vida como la tuya, sea un destello que desciende desde el mismo cielo.

Destello con sabor a Dios.

Destello con sabor al inmenso amor que Dios me tiene.

Amén.


 

2026 CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA II

 

En este domingo, el Evangelio nos conduce a un monte de luz y de pocas palabras, donde Dios deja entrever la verdad más honda del ser de su Hijo. Jesús sube a un monte alto con Pedro, Santiago y Juan. Allí se revela su identidad: su rostro brilla como el sol, y sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Moisés y Elías aparecen conversando con Él, como testigos de que Jesús es el cumplimiento de la Ley y los Profetas. Es un instante de claridad concedido a los discípulos, para que el escándalo de la Cruz que se aproxima no apague del todo su fe, sino que puedan acogerlo, aunque solo sea por un momento, a la luz de la gloria prometida.

Jesús vivió constantemente trasfigurado, pero no se manifestaba externamente con espectaculares síntomas. Su humanidad y su divinidad se expresaba cada vez que se acercaba a un hombre para ayudarle a ser él. La única luz que transforma a Jesús es la del amor y solo cuando manifiesta ese amor ilumina. En lo humano se puede trasparentar a Dios.

La escena está cargada de símbolos: la montaña, la nube luminosa, pero el centro no es el resplandor, sino la palabra: “Este es mi Hijo amado… escuchadlo”. La fe cristiana nace de la escucha. Escuchar a Jesús es dejar que su palabra ilumine nuestras sombras, cuestione nuestras seguridades, transforme nuestros criterios.

¡Escuchadlo! Es la clave del relato. Solo a él, ni siquiera a Moisés y a Elías. Jesús siempre fue luminoso y siempre transfigurado y nunca estuvo desfigurado. Siempre fue lo que era. Nosotros, que estamos desfigurados, sí tenemos que configurarnos conforme a Jesús y, por lo tanto, transfigurarnos. Y estamos desfigurados porque estamos en la superficie, pendientes y apegados a lo que no somos. Bastaría configurarnos de acuerdo con nuestro verdadero ser para que apareciera esa armonía. No se trata de conseguir nada sino de ser simplemente lo que somos.

La transfiguración nos dice quién era realmente Jesús y lo que somos nosotros. Entremos dentro de nosotros y encontraremos nuestro centro. No tenemos que buscar nada distinto de nosotros mismos.

El gesto final de Jesús es profundamente humano: se acerca, toca a los discípulos y les dice: “Levantaos, no tengáis miedo”. La Cuaresma es ese tiempo en el que Dios nos toca para levantarnos de nuestras postraciones: miedos, culpas, cansancios, heridas.

La luz de Cristo no humilla, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta.

La Cuaresma es subida al monte y bajada a la vida. Es contemplación y misión. Es luz que transforma y envío que compromete. Dios nos dice hoy, como a Jesús: “Tú eres mi hijo amado”. Desde esa certeza sigamos caminando hacia la Pascua.






Segundo Viacrucis
Meditado por las catequistas de primera comunión

 

miércoles, 25 de febrero de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA

VALES MUCHO

Señor Jesús Sacramentado en este tiempo de cuaresma queremos pedirte con mayor insistencia tu presencia en medio de nosotros. Hazte presente en nuestras vidas y en nuestro quehacer cuotidiano. Sentir tu presencia nos ayudará a no desanimar en nuestro esfuerzo por convertirnos cada vez más a ti. A apreciar lo que somos para ti. Escuchemos

Vales Mucho: Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Marisa en un bar a tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias; que si el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su futuro…, todo parecía estar mal en su vida. Marisa introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 50 euros y le dijo:

- ¿Alfredo, quieres este billete? Alfredo, un poco confundido al principio, pero inmediatamente le dijo:

- Claro Marisa… son 50 euros, ¿quién no los querría?

Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña pelotita. Mostrando el estrujado billete a Alfredo volvió a preguntarle: Y ahora, ¿igual lo quieres?

- Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 euros, ¡claro que los tomaré si me lo entregas! Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con su pie en el piso, levantándolo luego sucio y manchado. ¿Lo sigues queriendo?

- Mira Marisa, sigo sin entender qué pretendes, pero ese es un billete de 50 euros y mientras no lo rompas conserva su valor.

- Entonces, Alfredo, debes saber que, aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido, lo que debes preguntarte es CUÁNTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

Alfredo quedó mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro. Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

- Toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal, pero, me debes un billete NUEVO de 50 euros para poder usarlo con el próximo amigo que lo necesite. Le dio un beso en la mejilla a Alfredo, y levantándose de su silla se alejó con su atractivo andar con rumbo a la puerta.

Alfredo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y dotado de una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta.

¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente merecemos más y que podemos conseguirlo si nos lo proponemos? Claro que el mero propósito no es suficiente, se requiere de la acción para lograr los beneficios.

Cuantas veces Jesús nos has enseñado que el valor del ser humano no depende de nuestro éxito, de nuestro estado emocional, del dinero o de lo que otros piensen de nosotros. Nuestro valor proviene de algo mucho más profundo: hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por eso, aunque la vida nos “arrugue” con fracasos, culpas, pérdidas o heridas, nuestra dignidad no disminuye ante los ojos de Dios.

El billete representa esa verdad: puede estar arrugado, sucio o pisoteado, pero no pierde su valor. Así también el cristiano, aun cuando cae en el pecado o atraviesa momentos de oscuridad, no deja de ser amado por Dios. Esto recuerda este tiempo que estamos viviendo de la cuaresma. Podemos degradarnos, desviarnos, malgasta nuestra vida y terminar en la miseria, como el hijo prodigo, pero para el padre seguimos siendo sus hijos. La cuaresma nos recuerda que nuestra identidad y nuestro valor nunca desaparecen. Por esos nos invita a volver a la casa del Padre, a recuperar la amistad perdida y a reconducir nuestro camino por la vida.

Además, tú Jesús entregaste tu vida por nosotros, significa que nuestro valor es inmenso. San Pablo lo expresa con fuerza: “Habéis sido comprados a gran precio” (1 Cor 6,20). Ese “precio” es la cruz. No somos valiosos por cómo nos sentimos, sino por cuánto nos ama Dios.

Además, la actitud de Marisa refleja algo profundamente cristiano: ser instrumento de esperanza para el otro. Ella no niega el sufrimiento de Alfredo, pero le ayuda a mirarse con otros ojos. Es una imagen de cómo la comunidad cristiana está llamada a recordarse mutuamente la verdad del amor de Dios.

La conclusión es clara: aunque la vida nos golpee, seguimos siendo hijos de Dios. Podemos estar heridos, pero no desvalorizados; pecadores, pero no desechables; caídos, pero nunca olvidados por el Padre. Amén.

sábado, 21 de febrero de 2026


 


 VIACRUCIS MEDITADO POR LOS CATEQUISTAS DE PRIMERA COMUNIÓN.

                Próximo viernes 27 de febrero a las 19'15 horas


 

ACCIÓN DE GRACIAS

CONTIGO EN EL DESIERTO, SEÑOR

Escucharé al silencio que habla y la Palabra que resuena.

Me sentiré preparado para la misión para así, ofrecerme hasta desgastarme contigo y por Ti.

¿Por qué vas a un desierto, Jesús?

¿Qué te brindan la arena y las montañas, sin alimento ni nada con lo que sustentarte?

El desierto habla, cuando el mundo calla, hace al cuerpo y a la fe, fuertes y resistentes, ante tantas cosas que los debilitan.

Llévame contigo al desierto, Señor, porque sin necesidad de estar en la aridez de esa tierra desértica, también aquí y ahora soy tentado.

Contigo en el desierto, Señor, seré fiel hasta el final, me prepararé a la dureza de la cruz, saldré victorioso frente al mal.

Romperé con aquella tentación que me persigue como si fuera mí misma sombra.

Dame, Señor, valor para triunfar sobre ellas.

Concédeme, la valentía necesaria para demostrarte mi fidelidad y mí entrega.

Quiero estar contigo en el desierto: con Dios, fortaleza; con Dios, salvación; con Dios, poderoso; con Dios, santo; con Dios, único.

Amén.


 

DOMINGO I DE CUARESMA

CICLO A

 

En el comienzo de la Cuaresma la liturgia nos presenta el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. El relato es sobrecogedor. En el desierto se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El diablo tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel: hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.

El evangelio de Marcos, que es el que seguimos este año, es el que las presenta de modo muy evidente, de una manera más concisa: apenas dos versículos que hablan del hecho de la tentación, sin mencionar sus contenidos, como sí hacen Mateo y Lucas. El Espíritu lo empujó al desierto y permaneció allí cuarenta días, siendo tentado por Satanás.

Para este evangelista el desierto es el lugar de una batalla encarnizada y áspera entre Jesús y Satanás, una batalla ya desde el comienzo de la vida pública de Jesús hasta el final mismo de su vida. Una batalla cuya finalidad es apartar a Jesús del plan del Padre, que no es otro que la entrega de su vida en favor de la humanidad.

También es la batalla de nuestra vida cristiana, que pasa por la prueba del desierto y, en ocasiones, de desiertos muy áridos. Contemplar el hecho de que Jesús fue tentado nos da lucidez para reconocer y aceptar nuestras tentaciones, y nos da también confianza para saber que, con la ayuda de Dios, las tentaciones se pueden superar a pesar de nuestra vulnerabilidad.

Más allá de las tentaciones que cada uno de nosotros podemos sufrir como incitaciones al mal, hay tentaciones en el seguir a Jesús, sutiles pero poderosas, que nos apartan del proyecto de Dios.

- La tentación de pensar que Dios nos ha abandonado: en momentos de dificultad o desolación, ternemos la sensación de que nos ha dejado de su mano, que ya no está presente en nuestra vida; es la tentación del desánimo, de la desconfianza, de abandonar nuestros propósitos de vida entregada.

- Otra tentación es la de los atajos, ir por caminos engañosos: de conducir mi vida por caminos y modos que son los míos y no los de Dios; evitar a toda costa lo que es difícil, lo que comporta un sacrificio, aquello que contradice mis planes y proyectos.

- La tentación de la soberbia, de vivir de mis supuestos méritos más que del agradecimiento por los dones que Dios me da o de vivir la vida espiritual más en clave de cumplimiento que de relación de amor.

Al iniciar la cuaresma no nos asustemos de ser tentados ni pensar que nos encontramos solos en la tentación. En situaciones de tentación se trata de orar y dejarnos ayudar y acompañar, porque también, como Jesús, en el desierto podemos encontrar esos ángeles que le servían. Y eso es un gran consuelo para nosotros. Pensar que estamos acompañados por el mismo Dios.

miércoles, 18 de febrero de 2026


 

 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

 El corazón más hermoso

Jesús sacramentado un día más nos encuentras a tus pies, para buscar un poco de paz y de calma a nuestras vidas un tanto agitadas. Hoy miércoles de ceniza venimos con un corazón bien dispuesto a escuchar tu palabra y hacer lo posible para transformar nuestro corazón tantas veces de piedra por un corazón de carne. Escuchamos esta historia.

El corazón más hermoso: Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven sé sintió más orgulloso aun, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío? Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió, ¿Cómo puede decir él que su corazón es más hermoso?, pensaron...

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

- Debes estar bromeando, dijo. Comparar tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio, el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.

- Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.

Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.

- ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?

El joven permaneció en silencio, corrían lágrimas por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes. El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Jesús reconocemos que vivimos en una cultura que valora la perfección externa, lo intacto, lo que no muestra fallas. Pero el relato sugiere que un corazón que nunca ha sido herido tampoco ha amado profundamente. Las cicatrices no son señales de debilidad, sino de entrega y valentía emocional.

Cada vez que damos amor, dejamos parte de nosotros en otros. A veces ese amor es correspondido; otras veces no. Sin embargo, incluso cuando duele, el haber amado nos transforma y nos hace más humanos. El corazón del anciano es hermoso porque ha sufrido, ha sanado, pero ha seguido latiendo.

La verdadera belleza no está en la perfección, sino en la capacidad de amar, perdonar y volver a intentarlo. Las cicatrices emocionales son testimonio de una vida vivida con intensidad y generosidad.

La Cuaresma no es un tiempo para maquillar el corazón, sino para mirarlo con verdad. Muchos de nosotros hemos sido heridos. También hemos herido. Y a veces, para no volver a sufrir, endurecemos el corazón, lo blindamos, lo hacemos “perfecto” hacia afuera. Tu Jesús no tuviste un corazón intacto. Tu amor lo llevó a la entrega total. En la cruz, su corazón fue traspasado. No se reservó nada y nos animas a no temer a las heridas del corazón, porque son prueba de que hemos amado de verdad y eso, al final, es lo que nos hace verdaderamente hermosos. Un corazón herido por amor, perdonado y reconciliado, es más semejante al de Cristo que uno simplemente “correcto”. Que esta cuaresma no nos limitemos a prácticas externas, sino sea un camino hacia un corazón más compasivo, más humilde y más entregado. Porque el corazón más hermoso no es el que nunca sufrió, sino el que, a pesar de todo, sigue amando.  Amén

miércoles, 11 de febrero de 2026


 

Meditación eucarística:

Paciencia y Esperanza

Querido Jesús sacramentado en esta tarde en que nos reunimos en torno a tu eucaristía y en la que iniciamos el triduo a los Siete Santos Fundadores, queremos reflexionar contigo el tema de la esperanza y la paciencia. Es un tema clave dentro del cristianismo: la importancia de la esperanza y la paciencia en medio de las dificultades. En las enseñanzas cristianas, la esperanza es vista como una virtud que permite a las personas confiar en Dios, incluso cuando las circunstancias parecen ser desalentadoras. Nuestra confianza va mucho más allá de las apariencias.

Paciencia y esperanza: Un pastor tenía dos ovejas, y estaba contento porque las dos habían concebido, y tenían unos hermosos y juguetones corderitos. Durante la noche, el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día, las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre, y dejó a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río, caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas, y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató una tormenta muy fuerte, la lluvia fue repentina y torrencial y las aguas bajaban con fuerza y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían para amamantar a sus crías y pasar la noche en el corral, y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar pacientemente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:

- Esta agua no descenderá y mi hijito se morirá de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y moriremos. La compañera trató de calmarla:

- No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave, y mañana amamantaremos a nuestros hijos.

De nada valieron sus reflexiones; la oveja se arrojó a las aguas del rio y la corriente la arrastró. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros y la fuerza del rio la vencieron y la arrastraron río abajo; el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra las rocas salientes.

Al anochecer, las aguas ya habían descendido bastante. Pastor y oveja se miraban desde las dos orillas; el pastor, que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua, y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja, y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que el huerfanito mamara de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

Querido Jesús estamos convencidos que, sin esperanza, es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible, y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.

La idea de que "nadie espera lo imposible" es una verdad profunda, porque la esperanza se basa en la fe de que, aunque no podamos ver la solución o el camino, Dios tiene un propósito y un plan para cada situación. La paciencia se convierte en un acto de confianza, esperando en el tiempo de Dios, sabiendo que Él trabaja todo para bien, aunque no siempre sea de acuerdo a nuestro tiempo.

La impaciencia, por otro lado, es como una tentación que nos lleva a querer controlarlo todo y obtener resultados inmediatos. Pero muchas veces, lo que realmente necesitamos no es un resultado rápido, sino el proceso que nos enseña a ser más fuertes, sabios y humildes. Es hermoso pensar que la esperanza más profunda se forja en momentos de desesperación, porque es precisamente cuando todo parece oscuro que uno se ve llamado a poner su fe en algo más grande que uno mismo. Ese tipo de esperanza es transformadora. Amén.

sábado, 7 de febrero de 2026


 El 17 de febrero  en las misas de las 8 y 20 horas, conmemoraremos la festividad de los 7 Padres Fundadores de los Frailes Siervos de María.


 


El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.

Triduo: miércoles 11 - jueves 12 y viernes 13
Horario: 19'40 horas


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que, lejos de falsificar mi vida,

la mantenga soldada a tu gracia,

alimentada por tu Palabra y

sostenida con tu mano salvadora.

Que siendo, Tú, el salero de mi existencia

cuentes conmigo, Señor,

para sazonar oportunamente tantas situaciones

que reclaman ilusión y fuerza,

alegría y optimismo, dignidad y verdad,

Que siendo, Tú, la fuente de la luz

cuentes conmigo, Señor,

para alumbrar miserias y soledades,

tristezas y angustias, aflicciones y pruebas,

luchas y tribulaciones

en las que combaten tantos hombres

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el mundo quiere,

y sí a una nueva forma de vivir y de sentir.

Que ofrezca, la luz de tu presencia,

a los que viven como si no existieras;

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio no conocieran.

Que sepa ser conservante como la sal:

que guarde, para mí y para los demás,

tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,

mi oración y mi confianza en Ti. Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO V

Tras el discurso de las bienaventuranzas, se nos dice que somos sal y luz. Dos elementos muy sencillos y humildes. Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal.

La sal da sabor a las comidas y a la vida, conserva los alimentos. Sería poner alma, corazón y creatividad en todo lo que hacemos. Cada persona, que aporte su granito de sal.

El signo de la sal es humilde, no pretencioso, y muy ajustado al estilo de Jesús. La sal sólo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo. Somos un yacimiento de sal, de luz y de sabor. Para que surja la Sal, es necesario el mar y del sol.

Ser luz, la luz sirve para iluminar, no existe para ser mirada o contemplada, porque nos quedaríamos ciegos. La luz resalta el ambiente, la perspectiva y los volúmenes para caminar por la vida con realidad y coherencia.

La invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que en todo caso somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. la vida cristiana es como un cirio, que si no se consume para dar luz no sirve para nada. Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

Jesús no vino a traer un nuevo sistema de pensamiento, el suyo es irradiación de luz, esparcimiento de sal, contagio de fuego y de sabor.

Si la sal permanece encerrada en su frasco, no sirve para nada, su vocación es dispersarse en la comida. La luz no se ilumina a sí misma, sino las cosas sobre las que se posa, y no vuelve a su fuente.  Observa la humildad de la sal y la luz. No llaman la atención sobre sí mismas, no se ponen en el centro. No tienen como objetivo perpetuarse a sí mismas, sino valorizar al otro. Y así es la Iglesia: no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de las personas.

Hagamos la guerra al hambre es la campaña de manos unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y toda clase de necesidades que pululan por el mundo en general. Colaboremos para que las personas indicadas puedan ayudar y mostrar solidaridad con todas estas necesidades.

Así seremos sal y luz al estilo de Jesús; sin alardes ni espectáculos. Pero es muy difícil que “los hombres vean el amor del Padre” cuando lo que habitualmente ven en el mundo no es amor, sino injusticia, opresión y explotación. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y lo que él nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nosotros.

miércoles, 4 de febrero de 2026


 Domingo 8 de febrero

Campaña contra el hambre MANOS UNIDAS 2026 - Declara la Guerra al hambre



 

Meditación Eucarística: Naranjas para el personal

Señor Jesús, aquí estamos ante Ti, presente y vivo en la Eucaristía, Pan partido para todos, Pan que no se da a medias, Pan que conoce el corazón humano. Tú no te entregas a medias. No dices: “Esto es suficiente”. Tú te das entero, sin calcular, sin reservarte nada, pensando en todos, hasta el extremo. Queremos en esta tarde comprender que hay más felicidad en dar que en recibir y que nuestra misión es hacer no solo lo correcto y lo suficiente sino buscar nuevas posibilidades y oportunidades para todos. Escuchemos esta bonita historia.

Naranjas para el personal: José trabajaba en una empresa desde hace dos años.
Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual, y estaba orgulloso que en 2 años nunca recibió una amonestación. Cierto día, buscó al Gerente para hacerle un reclamo:

- Señor, trabajo en la empresa desde hace dos años con bastante esmero, y estoy contento con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a Supervisor.

Mostrando preocupación le dice el Gerente:

- Mientras resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero dar fruta al personal para postre en el almuerzo de hoy. En la tienda de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.

José se esmeró en cumplir con el encargo, y en 5 minutos estaba de vuelta. Bueno José, ¿qué averiguaste?

- Señor, sí tienen naranjas para la venta.

- ¿Y cuánto cuestan?  ¡Ah!... No pregunté por eso.

- Ok, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal? preguntaba serio el jefe.

- Tampoco pregunté por eso señor.

- ¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?  No sé, señor, pero creo...

- Bueno, siéntate un momento, le dijo el gerente.

El Gerente tomó el teléfono, y mandó llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a José, y en 10 minutos estaba de vuelta. Cuando retornó, el Gerente pregunta: Bien, Fernando, ¿qué noticias me tienes? 

- Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, o si prefiere también tienen plátano, papaya, melón y mango.

La naranja está a 1 euro el kilo, el plátano a 2€, el mango a 3€ el kilo, la papaya y el melón a 8€ el kilo. Me dicen que, si la compra es mucha, nos darán un descuento del 8%. He dejado apartada la naranja, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.

- Muchas gracias, Fernando, pero espera un momento... Se dirige a José, que aún seguía esperando estupefacto, y le dice:

- José, ¿qué me decías?

- Nada, señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.

Hoy, en el silencio de tu presencia, escuchamos este pequeño cuento que parece hablar de naranjas, pero en realidad habla del corazón. José cumplía. Era correcto, responsable, puntual. Hacía lo que se le pedía…pero sólo eso. No miró más allá del encargo, no se detuvo a pensar en los demás, no se preguntó por las necesidades reales de toda la comunidad.

Fernando, en cambio, no hizo nada extraordinario: simplemente miró más lejos. Pensó en todos, anticipó posibilidades, ofreció soluciones, y dejó abiertas opciones.

Señor, cuántas veces nosotros solo cumplimos, obedecemos, hacemos lo mínimo, pero sin amor creativo, sin implicarnos de verdad, sin preguntarnos: “¿Qué más puedo hacer? ¿A quién más puedo servir?” Enséñanos, Señor, a no vivir una fe rutinaria, a no servir por costumbre, a no amar con medidas pequeñas. Que ante tu presencia aprendamos a mirar la vida como Tú la miras: con atención, con responsabilidad, con amor que se adelanta a las necesidades del otro. Que no seamos cristianos que “cumplen”, sino discípulos que se entregan. Que, al salir de aquí, cada tarea, cada servicio, cada decisión, la hagamos con el corazón lleno de Ti, como Pan partido para los demás. Amén.