miércoles, 18 de febrero de 2026


 

 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

 El corazón más hermoso

Jesús sacramentado un día más nos encuentras a tus pies, para buscar un poco de paz y de calma a nuestras vidas un tanto agitadas. Hoy miércoles de ceniza venimos con un corazón bien dispuesto a escuchar tu palabra y hacer lo posible para transformar nuestro corazón tantas veces de piedra por un corazón de carne. Escuchamos esta historia.

El corazón más hermoso: Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven sé sintió más orgulloso aun, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío? Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió, ¿Cómo puede decir él que su corazón es más hermoso?, pensaron...

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

- Debes estar bromeando, dijo. Comparar tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio, el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.

- Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.

Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.

- ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?

El joven permaneció en silencio, corrían lágrimas por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes. El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Jesús reconocemos que vivimos en una cultura que valora la perfección externa, lo intacto, lo que no muestra fallas. Pero el relato sugiere que un corazón que nunca ha sido herido tampoco ha amado profundamente. Las cicatrices no son señales de debilidad, sino de entrega y valentía emocional.

Cada vez que damos amor, dejamos parte de nosotros en otros. A veces ese amor es correspondido; otras veces no. Sin embargo, incluso cuando duele, el haber amado nos transforma y nos hace más humanos. El corazón del anciano es hermoso porque ha sufrido, ha sanado, pero ha seguido latiendo.

La verdadera belleza no está en la perfección, sino en la capacidad de amar, perdonar y volver a intentarlo. Las cicatrices emocionales son testimonio de una vida vivida con intensidad y generosidad.

La Cuaresma no es un tiempo para maquillar el corazón, sino para mirarlo con verdad. Muchos de nosotros hemos sido heridos. También hemos herido. Y a veces, para no volver a sufrir, endurecemos el corazón, lo blindamos, lo hacemos “perfecto” hacia afuera. Tu Jesús no tuviste un corazón intacto. Tu amor lo llevó a la entrega total. En la cruz, su corazón fue traspasado. No se reservó nada y nos animas a no temer a las heridas del corazón, porque son prueba de que hemos amado de verdad y eso, al final, es lo que nos hace verdaderamente hermosos. Un corazón herido por amor, perdonado y reconciliado, es más semejante al de Cristo que uno simplemente “correcto”. Que esta cuaresma no nos limitemos a prácticas externas, sino sea un camino hacia un corazón más compasivo, más humilde y más entregado. Porque el corazón más hermoso no es el que nunca sufrió, sino el que, a pesar de todo, sigue amando.  Amén

miércoles, 11 de febrero de 2026


 

Meditación eucarística:

Paciencia y Esperanza

Querido Jesús sacramentado en esta tarde en que nos reunimos en torno a tu eucaristía y en la que iniciamos el triduo a los Siete Santos Fundadores, queremos reflexionar contigo el tema de la esperanza y la paciencia. Es un tema clave dentro del cristianismo: la importancia de la esperanza y la paciencia en medio de las dificultades. En las enseñanzas cristianas, la esperanza es vista como una virtud que permite a las personas confiar en Dios, incluso cuando las circunstancias parecen ser desalentadoras. Nuestra confianza va mucho más allá de las apariencias.

Paciencia y esperanza: Un pastor tenía dos ovejas, y estaba contento porque las dos habían concebido, y tenían unos hermosos y juguetones corderitos. Durante la noche, el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día, las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre, y dejó a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río, caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas, y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató una tormenta muy fuerte, la lluvia fue repentina y torrencial y las aguas bajaban con fuerza y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían para amamantar a sus crías y pasar la noche en el corral, y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar pacientemente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:

- Esta agua no descenderá y mi hijito se morirá de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y moriremos. La compañera trató de calmarla:

- No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave, y mañana amamantaremos a nuestros hijos.

De nada valieron sus reflexiones; la oveja se arrojó a las aguas del rio y la corriente la arrastró. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros y la fuerza del rio la vencieron y la arrastraron río abajo; el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra las rocas salientes.

Al anochecer, las aguas ya habían descendido bastante. Pastor y oveja se miraban desde las dos orillas; el pastor, que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua, y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja, y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que el huerfanito mamara de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

Querido Jesús estamos convencidos que, sin esperanza, es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible, y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.

La idea de que "nadie espera lo imposible" es una verdad profunda, porque la esperanza se basa en la fe de que, aunque no podamos ver la solución o el camino, Dios tiene un propósito y un plan para cada situación. La paciencia se convierte en un acto de confianza, esperando en el tiempo de Dios, sabiendo que Él trabaja todo para bien, aunque no siempre sea de acuerdo a nuestro tiempo.

La impaciencia, por otro lado, es como una tentación que nos lleva a querer controlarlo todo y obtener resultados inmediatos. Pero muchas veces, lo que realmente necesitamos no es un resultado rápido, sino el proceso que nos enseña a ser más fuertes, sabios y humildes. Es hermoso pensar que la esperanza más profunda se forja en momentos de desesperación, porque es precisamente cuando todo parece oscuro que uno se ve llamado a poner su fe en algo más grande que uno mismo. Ese tipo de esperanza es transformadora. Amén.

sábado, 7 de febrero de 2026


 El 17 de febrero  en las misas de las 8 y 20 horas, conmemoraremos la festividad de los 7 Padres Fundadores de los Frailes Siervos de María.


 


El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.

Triduo: miércoles 11 - jueves 12 y viernes 13
Horario: 19'40 horas


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que, lejos de falsificar mi vida,

la mantenga soldada a tu gracia,

alimentada por tu Palabra y

sostenida con tu mano salvadora.

Que siendo, Tú, el salero de mi existencia

cuentes conmigo, Señor,

para sazonar oportunamente tantas situaciones

que reclaman ilusión y fuerza,

alegría y optimismo, dignidad y verdad,

Que siendo, Tú, la fuente de la luz

cuentes conmigo, Señor,

para alumbrar miserias y soledades,

tristezas y angustias, aflicciones y pruebas,

luchas y tribulaciones

en las que combaten tantos hombres

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el mundo quiere,

y sí a una nueva forma de vivir y de sentir.

Que ofrezca, la luz de tu presencia,

a los que viven como si no existieras;

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio no conocieran.

Que sepa ser conservante como la sal:

que guarde, para mí y para los demás,

tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,

mi oración y mi confianza en Ti. Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO V

Tras el discurso de las bienaventuranzas, se nos dice que somos sal y luz. Dos elementos muy sencillos y humildes. Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal.

La sal da sabor a las comidas y a la vida, conserva los alimentos. Sería poner alma, corazón y creatividad en todo lo que hacemos. Cada persona, que aporte su granito de sal.

El signo de la sal es humilde, no pretencioso, y muy ajustado al estilo de Jesús. La sal sólo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo. Somos un yacimiento de sal, de luz y de sabor. Para que surja la Sal, es necesario el mar y del sol.

Ser luz, la luz sirve para iluminar, no existe para ser mirada o contemplada, porque nos quedaríamos ciegos. La luz resalta el ambiente, la perspectiva y los volúmenes para caminar por la vida con realidad y coherencia.

La invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que en todo caso somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. la vida cristiana es como un cirio, que si no se consume para dar luz no sirve para nada. Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

Jesús no vino a traer un nuevo sistema de pensamiento, el suyo es irradiación de luz, esparcimiento de sal, contagio de fuego y de sabor.

Si la sal permanece encerrada en su frasco, no sirve para nada, su vocación es dispersarse en la comida. La luz no se ilumina a sí misma, sino las cosas sobre las que se posa, y no vuelve a su fuente.  Observa la humildad de la sal y la luz. No llaman la atención sobre sí mismas, no se ponen en el centro. No tienen como objetivo perpetuarse a sí mismas, sino valorizar al otro. Y así es la Iglesia: no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de las personas.

Hagamos la guerra al hambre es la campaña de manos unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y toda clase de necesidades que pululan por el mundo en general. Colaboremos para que las personas indicadas puedan ayudar y mostrar solidaridad con todas estas necesidades.

Así seremos sal y luz al estilo de Jesús; sin alardes ni espectáculos. Pero es muy difícil que “los hombres vean el amor del Padre” cuando lo que habitualmente ven en el mundo no es amor, sino injusticia, opresión y explotación. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y lo que él nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nosotros.

miércoles, 4 de febrero de 2026


 Domingo 8 de febrero

Campaña contra el hambre MANOS UNIDAS 2026 - Declara la Guerra al hambre



 

Meditación Eucarística: Naranjas para el personal

Señor Jesús, aquí estamos ante Ti, presente y vivo en la Eucaristía, Pan partido para todos, Pan que no se da a medias, Pan que conoce el corazón humano. Tú no te entregas a medias. No dices: “Esto es suficiente”. Tú te das entero, sin calcular, sin reservarte nada, pensando en todos, hasta el extremo. Queremos en esta tarde comprender que hay más felicidad en dar que en recibir y que nuestra misión es hacer no solo lo correcto y lo suficiente sino buscar nuevas posibilidades y oportunidades para todos. Escuchemos esta bonita historia.

Naranjas para el personal: José trabajaba en una empresa desde hace dos años.
Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual, y estaba orgulloso que en 2 años nunca recibió una amonestación. Cierto día, buscó al Gerente para hacerle un reclamo:

- Señor, trabajo en la empresa desde hace dos años con bastante esmero, y estoy contento con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a Supervisor.

Mostrando preocupación le dice el Gerente:

- Mientras resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero dar fruta al personal para postre en el almuerzo de hoy. En la tienda de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.

José se esmeró en cumplir con el encargo, y en 5 minutos estaba de vuelta. Bueno José, ¿qué averiguaste?

- Señor, sí tienen naranjas para la venta.

- ¿Y cuánto cuestan?  ¡Ah!... No pregunté por eso.

- Ok, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal? preguntaba serio el jefe.

- Tampoco pregunté por eso señor.

- ¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?  No sé, señor, pero creo...

- Bueno, siéntate un momento, le dijo el gerente.

El Gerente tomó el teléfono, y mandó llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a José, y en 10 minutos estaba de vuelta. Cuando retornó, el Gerente pregunta: Bien, Fernando, ¿qué noticias me tienes? 

- Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, o si prefiere también tienen plátano, papaya, melón y mango.

La naranja está a 1 euro el kilo, el plátano a 2€, el mango a 3€ el kilo, la papaya y el melón a 8€ el kilo. Me dicen que, si la compra es mucha, nos darán un descuento del 8%. He dejado apartada la naranja, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.

- Muchas gracias, Fernando, pero espera un momento... Se dirige a José, que aún seguía esperando estupefacto, y le dice:

- José, ¿qué me decías?

- Nada, señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.

Hoy, en el silencio de tu presencia, escuchamos este pequeño cuento que parece hablar de naranjas, pero en realidad habla del corazón. José cumplía. Era correcto, responsable, puntual. Hacía lo que se le pedía…pero sólo eso. No miró más allá del encargo, no se detuvo a pensar en los demás, no se preguntó por las necesidades reales de toda la comunidad.

Fernando, en cambio, no hizo nada extraordinario: simplemente miró más lejos. Pensó en todos, anticipó posibilidades, ofreció soluciones, y dejó abiertas opciones.

Señor, cuántas veces nosotros solo cumplimos, obedecemos, hacemos lo mínimo, pero sin amor creativo, sin implicarnos de verdad, sin preguntarnos: “¿Qué más puedo hacer? ¿A quién más puedo servir?” Enséñanos, Señor, a no vivir una fe rutinaria, a no servir por costumbre, a no amar con medidas pequeñas. Que ante tu presencia aprendamos a mirar la vida como Tú la miras: con atención, con responsabilidad, con amor que se adelanta a las necesidades del otro. Que no seamos cristianos que “cumplen”, sino discípulos que se entregan. Que, al salir de aquí, cada tarea, cada servicio, cada decisión, la hagamos con el corazón lleno de Ti, como Pan partido para los demás. Amén.

sábado, 31 de enero de 2026


 


 

Mañana domingo 1 de febrero, en el Convento de las Madres Agustinas Recoletas, a las 17 horas, con motivo de la celebración el lunes de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, tendrá lugar una oración. 

 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS

Cómo podrá alguien ayudar, si nunca ha necesitado un hombro amigo.

Cómo podrá alguien consolar, si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

Cómo podrá alguien curar, si nunca se ha sentido herido.

Cómo podrá alguien ser compasivo, si nunca se ha visto abatido.

Cómo podrá alguien comprender, si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.

Cómo podrá alguien ser misericordioso, si nunca se ha visto necesitado.

Cómo podrá alguien dar serenidad, si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.

Cómo podrá alguien alentar, si nunca se quebró por la amargura.

Cómo podrá alguien levantar a otros, si nunca se ha visto caído.

Cómo podrá alguien dar alegría, si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.

Cómo podrá alguien ser tierno, si en su vida todo son convenios.

Cómo podrá alguien acompañar a otros, si su vida es un camino solitario.

Cómo podrá alguien compartirse, si en su vida todo lo tiene cubierto.

Cómo podrá alguien encontrar, si nunca ha estado perdido.

AMÉN


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO IV

Estando Jesús en el monte y viendo la multitud empezó a hablar enseñándoles. El corazón humano busca y anhela la felicidad, pero una felicidad con futuro, con valor para hoy y mañana. No una felicidad pasajera, del momento sino para siempre.

En el discurso de las bienaventuranzas Jesús va aludiendo a diferentes situaciones existenciales. Unas se padecen y otras son provocadas por la actitud que asumimos. El camino de la salvación combina siempre lo que depende de nosotros con las consecuencias de nuestra decisión.

Todas esas situaciones descritas por Jesús tienen un rasgo común: son declaradas dichosas y son de largo recorrido. No se refiere únicamente al más allá. Se inicia hoy y apunta a la eternidad.

La Buena noticia del Reino está destinada a todos. Pero, sin embargo, no todos la aceptan. De ahí que tenga unos destinarios a los que se dirige en primer lugar. Y es que para lograr alcanzar esta bienaventuranza (presente y futura) es preciso conectar con el Dios que revela Jesucristo.

Quienes no aceptan la propuesta, ya hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de felicidad en los que no hay futuro.

Las bienaventuranzas no establecen nuevos preceptos, sino que son el alegre anuncio de que Dios da vida a quienes producen amor. Si uno hace feliz a alguien, el Padre se hace cargo de su felicidad.

Si acoges las bienaventuranzas, su lógica te cambia el corazón, a la medida del de Dios. Que no es imparcial, tiene debilidad por los débiles, comienza desde las periferias de la historia, ha elegido lo que en el mundo es pobre y enfermo para cambiar radicalmente el mundo, para hacer una historia basada no en las victorias de la fuerza, sino por las siembras de justicia y las cosechas de paz.

Se dice bienaventurados a los pobres, no a la pobreza. Son bienaventurados los hombres, no las situaciones. Dios está con los pobres contra la pobreza. Bienaventurados los que lloran: Dios está del lado de los que lloran, pero no del lado del dolor.

Dios está contigo, en el reflejo más profundo de tus lágrimas, para multiplicar tu valor. En la tormenta está a tu lado, fuerza de tu fuerza. Como para los discípulos, sorprendidos por la noche por la tormenta en el lago: él está ahí, en la fuerza de los remeros que no se rinden, en los brazos firmes del timonel, en los ojos del vigía que escudriña la orilla y busca el amanecer.

Bienaventurados los misericordiosos: son los únicos que en el futuro encontrarán lo que ya tienen, la misericordia. Es algo que se lleva consigo para siempre, equipaje para el viaje eterno, equipamiento y sello de eternidad colocado a lo largo de todo el tiempo.

Quizás nosotros no somos pobres o no estamos perseguidos, pero podemos escoger a lado de quiénes nos posicionamos y con qué actitudes vivimos. En estos momentos en los que parece que la violencia y la opresión alzan su voz a nivel mundial, que los poderes políticos y económicos muestran la cara más voraz de la avaricia, ¿cuál es nuestra postura?, ¿cuáles son nuestras opciones? pesar del dolor o el sufrimiento que experimentemos, nuestro corazón se llenará de un gozo y una paz que nada ni nadie nos podrá quitar.

miércoles, 28 de enero de 2026


 

2026 MEDITACIÓN EUCARISTICA

EL PARAÍSO

Aquí estamos Jesús en silencio, frente al Santísimo Sacramento, y queremos que ilumines nuestro corazón. Tantas veces pensamos en paraísos perdidos y lo que tenemos a nuestro alance como don somos incapaces de aprovecharlo para el bien.

Ante ti Jesús Eucaristía, entendemos que el verdadero paraíso no es un lugar perfecto, sino una presencia perfecta. No es tenerlo todo, sino tenerte a ti. Cuantas veces nosotros buscamos llenar con cosas, reconocimientos o comparaciones el vacío que solo Dios puede llenar.

La vida se desaprovecha cuando dejamos de mirar a Dios y comenzamos a mirarnos unos a otros con rivalidad. Frente al Santísimo, hoy Jesús nos enseña lo contrario: Él, siendo Dios, se hace pequeño, humilde y se entrega por completo. En la Eucaristía no hay competencia, solo donación.

Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, eres el anticipo del paraíso eterno. Si te permitimos reinar en nuestro interior, transformarás nuestras envidias en fraternidad, nuestro egoísmo en servicio y nuestra inquietud en paz. Escuchemos esta bonita fabula.

El paraíso: Un día, Dios miró al mundo y sintió una profunda misericordia. Decidido, levantó su mano y durante la noche más oscura, convirtió el mundo entero en un paraíso.

Al día siguiente, cuando sus hijos despertaron, se vieron diferente. Ya no había enfermedades, todos eran muy hermosos. Aún la persona que era más pobre, se vestía de oro y tenía comida en abundancia. Llenos de felicidad, todos comenzaron a gritar felices por el mundo "era un paraíso".

Fue unos días después que un hombre, mirando la casa de su vecino (en realidad, un palacio) vio que éste tenía unas vacas en su jardín.

Entonces decidió aprovechar un momento en que estaba fuera para tomar de la leche. El vecino, sin embargo, llegó antes de que el hombre se fuera y quedó muy enojado.

Cosas así comenzaron a suceder en todo el mundo. Y, un mes después de la creación del paraíso, estalló una guerra entre dos ciudades. ¡Dios no lo podía creer!

Todos tenían todo y aun así batallaban por cosas que realmente no necesitaban.

Diez años después, cuando el paraíso se había tornado en una mera historia... un cuento narrado a los niños en la escuela...

Dios nuevamente miró a su creación. Suspiró hondo y pensó que la próxima vez va a crear el paraíso primero en los corazones de los hombres.

Lo externo... vendrá naturalmente.

Esta historia Jesús nos enseña que el paraíso comienza en el corazón. El Evangelio no dice que el problema del ser humano no es la falta de bienes, sino la condición del corazón. Dios creó un mundo donde no había enfermedad, pobreza ni carencia alguna, pero aun así surgieron la codicia, el enojo y la violencia. Esto revela que el pecado no nace de la escasez, sino del interior del hombre.

Jesús lo expresó claramente cuando dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las codicias…” (Mateo 15,19).

Aunque Dios nos regaló abundancia, belleza y paz, el ser humano siguió comparándose con el otro y deseando lo que no necesitaba. La escena del hombre que toma la leche de las vacas de su vecino muestra cómo la envidia y el egoísmo pueden surgir incluso cuando todo está dado. Así, el paraíso externo se destruye cuando no hay conversión interior.

Este relato nos enseña que ninguna transformación social, económica o material puede sostenerse sin una transformación espiritual. Por eso Dios comprende que el verdadero paraíso no se construye primero en la tierra, sino en el corazón humano. Solo cuando el corazón es sanado por el amor, la humildad y la justicia, lo externo puede florecer de manera duradera. Cristo vino precisamente a inaugurar ese paraíso interior: “El Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lucas 17,21).

Cuando dejamos que Dios reine en nuestro corazón, aprendemos a agradecer, a compartir y a amar sin competir. Entonces, y solo entonces, el mundo comienza a parecerse al paraíso que Dios soñó desde el principio.

Aquí, en adoración, descubrimos que Dios quiere construir su paraíso primero en nuestro corazón. Un corazón que adora aprende a agradecer. Un corazón que adora deja de compararse. Un corazón que permanece ante Jesús aprende a amar sin poseer. Porque donde hay corazones renovados por el amor de Dios, allí el paraíso empieza a hacerse realidad. Amén.

sábado, 24 de enero de 2026

2 de Febrero - Presentación del Señor y Jornada mundial de la vida Consagrada. 

Con motivo de dicha celebración el próximo domingo 1 de febrero  a las 17 horas en el Convento de las Madres Agustinas Recoletas, tendrá lugar una oración. 

Estáis todos invitados 


 


 


 ACCIÓN DE GRACIAS

Si me llamas, te seguiré sin dudar aunque el camino sea desconocido y duro.

Si me hablas, callaré y creeré en Ti aunque tu voz destroce mis planes y sueños.

Si quieres podarme, me dejaré podar aunque mi savia se desparrame en tierra sin nombre.

Si me acrisolas al fuego, me dejaré purificar aunque pulverices mis deseos y posesiones.

Si me invitas, entraré en tu casa y en tu corazón aunque sea pobre y mendigo.

Si me quieres contigo, iré a donde quieras, aunque no me gusten leyes y obediencias.

Y si me miras con amor, intentaré acoger tus anhelos aunque los mimbres de mi ser no sirvan para ello.



 

2026 CICLO A

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús comenzando su camino público en un contexto difícil. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Empieza a anunciar que el Reino de Dios está cerca.

Muchas veces pensamos que Dios solo puede actuar cuando todo está en orden y tenemos claridad absoluta. Sin embargo, Jesús nos muestra que Dios comienza su obra justamente allí donde más se necesita. Cuando sentimos cansancio, desánimo o incertidumbre, el Señor sigue saliendo a nuestro encuentro y ofreciendo una luz que orienta y da sentido.

Jesús comienza a llamar a personas concretas, en su trabajo cotidiano, en medio de sus tareas habituales. Los llama y les propone un camino nuevo. La respuesta es inmediata: dejan lo que están haciendo y lo siguen. No porque tengan todo claro, sino porque confían en quien los llama.

También hoy Jesús sigue llamando, en medio de nuestra vida diaria, de nuestras ocupaciones, de nuestras rutinas. Su llamada no siempre llega con señales extraordinarias, sino a través de inquietudes interiores, de preguntas profundas o de un deseo de vivir de otra manera. La conversión que propone el Evangelio no es solo cambiar conductas, sino orientar el corazón hacia Dios y animarse a dar pasos concretos de fe.

Los primeros discípulos no reciben un plan detallado ni garantías. Lo único que saben es que Jesús los invita a caminar con Él y a participar de su misión. Ese seguimiento va transformando su vida, sus prioridades y su forma de relacionarse con los demás. De pescadores pasan a ser hombres al servicio de una misión más grande.

También nosotros somos llamados a dejarnos transformar. Seguir a Jesús implica revisar qué ocupa el centro de nuestra vida, qué cosas nos atan y qué miedos nos frenan. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de vivirlas desde otro lugar, con un corazón más libre y disponible. Cuando ponemos a Dios en el centro, nuestras decisiones comienzan a ordenarse y la vida adquiere una profundidad nueva.

El Evangelio muestra a Jesús recorriendo pueblos, acercándose a la gente, anunciando una buena noticia y sanando heridas. Su presencia no es indiferente ni distante. Él se involucra, escucha, acompaña y devuelve esperanza. Así nos enseña que la fe no se vive solo en lo interior, sino que se expresa en gestos concretos de amor y cercanía.

¿Quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

miércoles, 21 de enero de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

NADIE TRIUNFA SOLO

Señor Jesús en esta tarde queremos pasar contigo unos momentos de descanso y serenidad. Nuestra reflexión de hoy es que nada verdadero se logra sin Ti y sin los demás. Nuestro Dios nos creo para vivir en comunión, no aislados. Él es quien da los dones, la fuerza y las oportunidades, y los demás son el medio que usa para acompañarnos, corregirnos y sostenernos.

Nadie triunfa solo: Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia numerosa. Para dar de comer a su familia el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las como orfebre. A pesar de las condiciones tan pobres en las que vivían, dos de los hijos tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su familia jamás podría pagar sus estudios en la Academia. Después de muchas noches de conversaciones, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al otro con las ventas de sus obras, o como bien pudiera. Así lo hicieron, y Alberto Durero ganó y se fue a estudiar a Nuremberg.

El otro hermano comenzó un período de cuatro años de peligroso trabajo en las minas para sufragar los estudios de su hermano que, desde el primer momento, fue toda una sensación en la Academia. Los grabados de Alberto, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores y, en el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte. Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Alberto se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer realidad sus estudios. Sus palabras finales fueron:

- Y ahora hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti.

Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba su hermano, quien, con el rostro empapado en lágrimas, movía la cabeza mientras murmuraba una y otra vez «No, no, no…».

- No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis de mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis… Mucho menos podría trabajar con delicadas líneas de compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, querido hermano, para mí ya es tarde.

Con los años, Alberto comprendió que el don que había recibido no era solo su talento, sino el amor sacrificado de su hermano. Y quiso dar gracias a Dios por ello. Tomó entonces aquellas manos gastadas por el trabajo, heridas por la renuncia y ya incapaces de pintar, y las elevó en un gesto de oración. No las embelleció, porque el verdadero valor ya estaba en ellas: habían amado hasta el extremo. Así nacieron “Las manos que oran”.

Señor Jesús esta historia nos recuerda que detrás de cada persona que alcanza el éxito casi siempre hay sacrificios invisibles, esfuerzos silenciosos y renuncias que no salen en los libros ni en los aplausos. Alberto Durero pudo desarrollar su talento porque su hermano renunció al suyo. Uno triunfó en la superficie; el otro sostuvo ese triunfo desde la sombra. No hay victoria individual que no esté, de algún modo, construida en plural.

En ese dibujo no hay solo arte, hay Evangelio. Porque esas manos nos recuerdan que nadie vive para sí mismo, que el amor verdadero siempre implica entrega, y que todo don crece cuando se pone al servicio de los demás.

El hermano que se quedó trabajando en la sombra no llegó a Nuremberg, pero llegó al corazón de Dios. Su sacrificio, oculto a los ojos del mundo, fue grande a los ojos del Señor.

Como nos enseñas tu Jesús: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus hermanos”.

Por eso, cuando contemplamos esas manos en oración, entendemos que nadie triunfa solo, y que en el Reino de Dios, muchas veces, los primeros son los que nadie vio. Amén.