2026
CICLO A
III
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
El Evangelio de este domingo nos
presenta a Jesús comenzando su camino público en un contexto difícil. Jesús no
empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese
acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de
Juan. Empieza a anunciar que el Reino de Dios está cerca.
Muchas veces pensamos que Dios solo
puede actuar cuando todo está en orden y tenemos claridad absoluta. Sin
embargo, Jesús nos muestra que Dios comienza su obra justamente allí donde más
se necesita. Cuando sentimos cansancio, desánimo o incertidumbre, el Señor
sigue saliendo a nuestro encuentro y ofreciendo una luz que orienta y da
sentido.
Jesús comienza a llamar a personas
concretas, en su trabajo cotidiano, en medio de sus tareas habituales. Los
llama y les propone un camino nuevo. La respuesta es inmediata: dejan lo que
están haciendo y lo siguen. No porque tengan todo claro, sino porque confían en
quien los llama.
También hoy Jesús sigue llamando, en
medio de nuestra vida diaria, de nuestras ocupaciones, de nuestras rutinas. Su
llamada no siempre llega con señales extraordinarias, sino a través de
inquietudes interiores, de preguntas profundas o de un deseo de vivir de otra
manera. La conversión que propone el Evangelio no es solo cambiar conductas,
sino orientar el corazón hacia Dios y animarse a dar pasos concretos de fe.
Los primeros discípulos no reciben un
plan detallado ni garantías. Lo único que saben es que Jesús los invita a
caminar con Él y a participar de su misión. Ese seguimiento va transformando su
vida, sus prioridades y su forma de relacionarse con los demás. De pescadores
pasan a ser hombres al servicio de una misión más grande.
También nosotros somos llamados a
dejarnos transformar. Seguir a Jesús implica revisar qué ocupa el centro de
nuestra vida, qué cosas nos atan y qué miedos nos frenan. No se trata de
abandonar responsabilidades, sino de vivirlas desde otro lugar, con un corazón
más libre y disponible. Cuando ponemos a Dios en el centro, nuestras decisiones
comienzan a ordenarse y la vida adquiere una profundidad nueva.
El Evangelio muestra a Jesús recorriendo
pueblos, acercándose a la gente, anunciando una buena noticia y sanando
heridas. Su presencia no es indiferente ni distante. Él se involucra, escucha,
acompaña y devuelve esperanza. Así nos enseña que la fe no se vive solo en lo
interior, sino que se expresa en gestos concretos de amor y cercanía.
¿Quién contrataría a cuatro pescadores
para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título
de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan
estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que
quieran seguirlo renunciando a todo.

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