sábado, 24 de enero de 2026


 

2026 CICLO A

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús comenzando su camino público en un contexto difícil. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Empieza a anunciar que el Reino de Dios está cerca.

Muchas veces pensamos que Dios solo puede actuar cuando todo está en orden y tenemos claridad absoluta. Sin embargo, Jesús nos muestra que Dios comienza su obra justamente allí donde más se necesita. Cuando sentimos cansancio, desánimo o incertidumbre, el Señor sigue saliendo a nuestro encuentro y ofreciendo una luz que orienta y da sentido.

Jesús comienza a llamar a personas concretas, en su trabajo cotidiano, en medio de sus tareas habituales. Los llama y les propone un camino nuevo. La respuesta es inmediata: dejan lo que están haciendo y lo siguen. No porque tengan todo claro, sino porque confían en quien los llama.

También hoy Jesús sigue llamando, en medio de nuestra vida diaria, de nuestras ocupaciones, de nuestras rutinas. Su llamada no siempre llega con señales extraordinarias, sino a través de inquietudes interiores, de preguntas profundas o de un deseo de vivir de otra manera. La conversión que propone el Evangelio no es solo cambiar conductas, sino orientar el corazón hacia Dios y animarse a dar pasos concretos de fe.

Los primeros discípulos no reciben un plan detallado ni garantías. Lo único que saben es que Jesús los invita a caminar con Él y a participar de su misión. Ese seguimiento va transformando su vida, sus prioridades y su forma de relacionarse con los demás. De pescadores pasan a ser hombres al servicio de una misión más grande.

También nosotros somos llamados a dejarnos transformar. Seguir a Jesús implica revisar qué ocupa el centro de nuestra vida, qué cosas nos atan y qué miedos nos frenan. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de vivirlas desde otro lugar, con un corazón más libre y disponible. Cuando ponemos a Dios en el centro, nuestras decisiones comienzan a ordenarse y la vida adquiere una profundidad nueva.

El Evangelio muestra a Jesús recorriendo pueblos, acercándose a la gente, anunciando una buena noticia y sanando heridas. Su presencia no es indiferente ni distante. Él se involucra, escucha, acompaña y devuelve esperanza. Así nos enseña que la fe no se vive solo en lo interior, sino que se expresa en gestos concretos de amor y cercanía.

¿Quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

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