sábado, 3 de enero de 2026


 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Ayúdame a hacer silencio, Señor, quiero escuchar tu voz.

Toma mi mano, guíame al desierto, que nos encontremos a solas, Tú y yo.

Necesito contemplar tu rostro, me hace falta la calidez de tu voz, caminar juntos… callar para que hables Tú.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida, descubrir en qué tengo que cambiar, afianzar lo que anda bien, sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Me tienta creer que te escucho, cuando escucho mi voz.

¡Enséñame a discernir!

Dame luz para distinguir tu rostro.

Llévame al desierto Señor, despójame de lo que me ata, sacude mis certezas y pon a prueba mi amor para empezar de nuevo, con humildad, sencillez, fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

Amen.

 

 


 

2026 CICLO A TIEMPO DE NAVIDAD II

Nos encontramos de nuevo con el prólogo del evangelio de san Juan y la idea envolvente de todo el relato es la íntima interconexión de lo humano y lo divino.

Al principio. La misma palabra con la que empieza el Génesis. La encarnación será la culminación de la creación. En el principio, cuando Dios crea el cielo y la tierra, la Palabra ya existía.

Ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y Dios era la Palabra. Tres frases con la misma estructura. Las tres formadas por los elementos imprescindibles de una oración: sujeto, verbo y complemento. Los verbos usados indican la misma situación: Existía, estaba, era.

Junto a Dios, indica a la vez proximidad y distinción. En íntima unión por relación dinámica.

Ella contenía vida, y la vida era la luz del hombre. La Vida es primero que la luz. La iluminación viene precisamente porque ha llegado la Vida. El Génesis dice que la Luz fue lo primero.

El mundo no la reconoció. Los suyos no la acogieron. Para el AT el pecado era no obedecer a Dios. Para Juan, es no reconocer a Jesús. No hay que entenderlo en el sentido intelectual griego, sino en el sentido semita. Conocimiento que entraña una actitud de fidelidad.

A cuantos le recibieron, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios. Se trata de una afirmación rotunda y desorbitada. Dios es siempre Padre, pero el ser hijo depende de cada ser humano. La fe en Jesús nos capacita para actuar como Dios, para hacer presente a Dios, para ser hijos.

Si creen en su nombre. En ningún caso se trata de aceptar unas verdades teóricas. Para la Biblia lo que importa es la persona. Tener fe es confiar en la persona; es vivir que el otro es para ti y tú para el otro. Tendríamos que unir dos palabras: confianza en, y fidelidad a.

La Palabra se hizo carne. La “carne” no es ya lo contrario del Espíritu, sino su aliado. Carne era el aspecto más bajo de la criatura humana, pero era también lo que hacía posible el Espíritu. La carne es lo común a todo ser humano; en eso más bajo está Dios encarnado.

Al margen de nuestros merecimientos, Dios se ha revelado y nos ha comunicado su sabiduría, sobre todo por medio de Jesús. Su persona, obras y palabras son el mensaje culminante, la palabra superior y definitiva de Dios, la que nos acerca con trazos y sonidos humanos, lo más entrañable de Dios.

Jesús anunciará y advertirá con claridad que, quien escucha sus palabras y las pone en práctica es persona sensata y edifica su personalidad sobre cimiento sólido...

El sueño del Padre es que lleguemos a sentir su amor tan profundamente, que vivamos de ese amor y lo contagiemos a nuestros prójimos. La Navidad confirma que Dios ha querido entrar en la historia como una cuña de luz. Y nos ha dejado su Espíritu para alargar esta luz de generación en generación. Los sencillos, los de corazón bueno, los humildes, acogen esa luz y escucharan lo que Jesús un día dirá: He venido a traer fuego a la tierra, ¡¡y.… ojalá estuviera ya ardiendo!!