sábado, 31 de enero de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS
Cómo podrá alguien ayudar, si nunca
ha necesitado un hombro amigo.
Cómo podrá alguien consolar, si nunca
sus entrañas han temblado de dolor.
Cómo podrá alguien curar, si nunca se
ha sentido herido.
Cómo podrá alguien ser compasivo, si
nunca se ha visto abatido.
Cómo podrá alguien comprender, si
nunca en su vida ha tenido el corazón roto.
Cómo podrá alguien ser
misericordioso, si nunca se ha visto necesitado.
Cómo podrá alguien dar serenidad, si
nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.
Cómo podrá alguien alentar, si nunca
se quebró por la amargura.
Cómo podrá alguien levantar a otros, si
nunca se ha visto caído.
Cómo podrá alguien dar alegría, si
nunca se acercó a los pozos negros de la vida.
Cómo podrá alguien ser tierno, si en
su vida todo son convenios.
Cómo podrá alguien acompañar a otros,
si su vida es un camino solitario.
Cómo podrá alguien compartirse, si en
su vida todo lo tiene cubierto.
Cómo podrá alguien encontrar, si
nunca ha estado perdido.
AMÉN
2026
CICLO A
TIEMPO
ORDINARIO IV
Estando Jesús en el monte y viendo la
multitud empezó a hablar enseñándoles. El corazón humano busca y anhela la
felicidad, pero una felicidad con futuro, con valor para hoy y mañana. No una felicidad
pasajera, del momento sino para siempre.
En el discurso de las bienaventuranzas
Jesús va aludiendo a diferentes situaciones existenciales. Unas se padecen y
otras son provocadas por la actitud que asumimos. El camino de la salvación
combina siempre lo que depende de nosotros con las consecuencias de nuestra
decisión.
Todas esas situaciones descritas por
Jesús tienen un rasgo común: son declaradas dichosas y son de largo recorrido.
No se refiere únicamente al más allá. Se inicia hoy y apunta a la eternidad.
La Buena noticia del Reino está
destinada a todos. Pero, sin embargo, no todos la aceptan. De ahí que tenga
unos destinarios a los que se dirige en primer lugar. Y es que para lograr
alcanzar esta bienaventuranza (presente y futura) es preciso conectar con el
Dios que revela Jesucristo.
Quienes no aceptan la propuesta, ya
hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de
felicidad en los que no hay futuro.
Las bienaventuranzas no establecen
nuevos preceptos, sino que son el alegre anuncio de que Dios da vida a quienes
producen amor. Si uno hace feliz a alguien, el Padre se hace cargo de su
felicidad.
Si acoges las bienaventuranzas, su
lógica te cambia el corazón, a la medida del de Dios. Que no es imparcial,
tiene debilidad por los débiles, comienza desde las periferias de la historia,
ha elegido lo que en el mundo es pobre y enfermo para cambiar radicalmente el
mundo, para hacer una historia basada no en las victorias de la fuerza, sino
por las siembras de justicia y las cosechas de paz.
Se dice bienaventurados a los pobres, no
a la pobreza. Son bienaventurados los hombres, no las situaciones. Dios está
con los pobres contra la pobreza. Bienaventurados los que lloran: Dios está del
lado de los que lloran, pero no del lado del dolor.
Dios está contigo, en el reflejo más
profundo de tus lágrimas, para multiplicar tu valor. En la tormenta está a tu
lado, fuerza de tu fuerza. Como para los discípulos, sorprendidos por la noche
por la tormenta en el lago: él está ahí, en la fuerza de los remeros que no se
rinden, en los brazos firmes del timonel, en los ojos del vigía que escudriña
la orilla y busca el amanecer.
Bienaventurados los misericordiosos: son
los únicos que en el futuro encontrarán lo que ya tienen, la misericordia. Es
algo que se lleva consigo para siempre, equipaje para el viaje eterno,
equipamiento y sello de eternidad colocado a lo largo de todo el tiempo.
Quizás nosotros no somos pobres o no
estamos perseguidos, pero podemos escoger a lado de quiénes nos posicionamos y
con qué actitudes vivimos. En estos momentos en los que parece que la violencia
y la opresión alzan su voz a nivel mundial, que los poderes políticos y
económicos muestran la cara más voraz de la avaricia, ¿cuál es nuestra
postura?, ¿cuáles son nuestras opciones? pesar del dolor o el sufrimiento que
experimentemos, nuestro corazón se llenará de un gozo y una paz que nada ni
nadie nos podrá quitar.
miércoles, 28 de enero de 2026
2026
MEDITACIÓN EUCARISTICA
EL
PARAÍSO
Aquí
estamos Jesús en silencio, frente al Santísimo Sacramento, y queremos que
ilumines nuestro corazón. Tantas veces pensamos en paraísos perdidos y lo que
tenemos a nuestro alance como don somos incapaces de aprovecharlo para el bien.
Ante
ti Jesús Eucaristía, entendemos que el verdadero paraíso no es un lugar
perfecto, sino una presencia perfecta. No es tenerlo todo, sino tenerte a ti. Cuantas
veces nosotros buscamos llenar con cosas, reconocimientos o comparaciones el
vacío que solo Dios puede llenar.
La
vida se desaprovecha cuando dejamos de mirar a Dios y comenzamos a mirarnos
unos a otros con rivalidad. Frente al Santísimo, hoy Jesús nos enseña lo
contrario: Él, siendo Dios, se hace pequeño, humilde y se entrega por completo.
En la Eucaristía no hay competencia, solo donación.
Jesús,
presente en el Santísimo Sacramento, eres el anticipo del paraíso eterno. Si te
permitimos reinar en nuestro interior, transformarás nuestras envidias en
fraternidad, nuestro egoísmo en servicio y nuestra inquietud en paz. Escuchemos
esta bonita fabula.
El
paraíso: Un
día, Dios miró al mundo y sintió una profunda misericordia. Decidido, levantó
su mano y durante la noche más oscura, convirtió el mundo entero en un paraíso.
Al
día siguiente, cuando sus hijos despertaron, se vieron diferente. Ya no había
enfermedades, todos eran muy hermosos. Aún la persona que era más pobre, se
vestía de oro y tenía comida en abundancia. Llenos de felicidad, todos
comenzaron a gritar felices por el mundo "era un paraíso".
Fue
unos días después que un hombre, mirando la casa de su vecino (en realidad, un
palacio) vio que éste tenía unas vacas en su jardín.
Entonces
decidió aprovechar un momento en que estaba fuera para tomar de la leche. El
vecino, sin embargo, llegó antes de que el hombre se fuera y quedó muy enojado.
Cosas
así comenzaron a suceder en todo el mundo. Y, un mes después de la creación del
paraíso, estalló una guerra entre dos ciudades. ¡Dios no lo podía creer!
Todos
tenían todo y aun así batallaban por cosas que realmente no necesitaban.
Diez
años después, cuando el paraíso se había tornado en una mera historia... un
cuento narrado a los niños en la escuela...
Dios
nuevamente miró a su creación. Suspiró hondo y pensó que la próxima vez va a
crear el paraíso primero en los corazones de los hombres.
Lo
externo... vendrá naturalmente.
Esta
historia Jesús nos enseña que el paraíso comienza en el corazón. El Evangelio
no dice que el problema del ser humano no es la falta de bienes, sino la condición
del corazón. Dios creó un mundo donde no había enfermedad, pobreza ni carencia
alguna, pero aun así surgieron la codicia, el enojo y la violencia. Esto revela
que el pecado no nace de la escasez, sino del interior del hombre.
Jesús
lo expresó claramente cuando dijo: “Porque del corazón salen los malos
pensamientos, los homicidios, los adulterios, las codicias…” (Mateo 15,19).
Aunque
Dios nos regaló abundancia, belleza y paz, el ser humano siguió comparándose
con el otro y deseando lo que no necesitaba. La escena del hombre que toma la
leche de las vacas de su vecino muestra cómo la envidia y el egoísmo pueden
surgir incluso cuando todo está dado. Así, el paraíso externo se destruye
cuando no hay conversión interior.
Este
relato nos enseña que ninguna transformación social, económica o material puede
sostenerse sin una transformación espiritual. Por eso Dios comprende que el
verdadero paraíso no se construye primero en la tierra, sino en el corazón
humano. Solo cuando el corazón es sanado por el amor, la humildad y la
justicia, lo externo puede florecer de manera duradera. Cristo vino
precisamente a inaugurar ese paraíso interior: “El Reino de Dios está dentro de
vosotros” (Lucas 17,21).
Cuando
dejamos que Dios reine en nuestro corazón, aprendemos a agradecer, a compartir
y a amar sin competir. Entonces, y solo entonces, el mundo comienza a parecerse
al paraíso que Dios soñó desde el principio.
Aquí,
en adoración, descubrimos que Dios quiere construir su paraíso primero en
nuestro corazón. Un corazón que adora aprende a agradecer. Un corazón que adora
deja de compararse. Un corazón que permanece ante Jesús aprende a amar sin
poseer. Porque donde hay corazones renovados por el amor de Dios, allí el
paraíso empieza a hacerse realidad. Amén.
sábado, 24 de enero de 2026
Si me llamas, te seguiré sin dudar aunque
el camino sea desconocido y duro.
Si me hablas, callaré y creeré en Ti aunque
tu voz destroce mis planes y sueños.
Si quieres podarme, me dejaré podar aunque
mi savia se desparrame en tierra sin nombre.
Si me acrisolas al fuego, me dejaré
purificar aunque pulverices mis deseos y posesiones.
Si me invitas, entraré en tu casa y en
tu corazón aunque sea pobre y mendigo.
Si me quieres contigo, iré a donde
quieras, aunque no me gusten leyes y obediencias.
Y si me miras con amor, intentaré acoger
tus anhelos aunque los mimbres de mi ser no sirvan para ello.
2026
CICLO A
III
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
El Evangelio de este domingo nos
presenta a Jesús comenzando su camino público en un contexto difícil. Jesús no
empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese
acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de
Juan. Empieza a anunciar que el Reino de Dios está cerca.
Muchas veces pensamos que Dios solo
puede actuar cuando todo está en orden y tenemos claridad absoluta. Sin
embargo, Jesús nos muestra que Dios comienza su obra justamente allí donde más
se necesita. Cuando sentimos cansancio, desánimo o incertidumbre, el Señor
sigue saliendo a nuestro encuentro y ofreciendo una luz que orienta y da
sentido.
Jesús comienza a llamar a personas
concretas, en su trabajo cotidiano, en medio de sus tareas habituales. Los
llama y les propone un camino nuevo. La respuesta es inmediata: dejan lo que
están haciendo y lo siguen. No porque tengan todo claro, sino porque confían en
quien los llama.
También hoy Jesús sigue llamando, en
medio de nuestra vida diaria, de nuestras ocupaciones, de nuestras rutinas. Su
llamada no siempre llega con señales extraordinarias, sino a través de
inquietudes interiores, de preguntas profundas o de un deseo de vivir de otra
manera. La conversión que propone el Evangelio no es solo cambiar conductas,
sino orientar el corazón hacia Dios y animarse a dar pasos concretos de fe.
Los primeros discípulos no reciben un
plan detallado ni garantías. Lo único que saben es que Jesús los invita a
caminar con Él y a participar de su misión. Ese seguimiento va transformando su
vida, sus prioridades y su forma de relacionarse con los demás. De pescadores
pasan a ser hombres al servicio de una misión más grande.
También nosotros somos llamados a
dejarnos transformar. Seguir a Jesús implica revisar qué ocupa el centro de
nuestra vida, qué cosas nos atan y qué miedos nos frenan. No se trata de
abandonar responsabilidades, sino de vivirlas desde otro lugar, con un corazón
más libre y disponible. Cuando ponemos a Dios en el centro, nuestras decisiones
comienzan a ordenarse y la vida adquiere una profundidad nueva.
El Evangelio muestra a Jesús recorriendo
pueblos, acercándose a la gente, anunciando una buena noticia y sanando
heridas. Su presencia no es indiferente ni distante. Él se involucra, escucha,
acompaña y devuelve esperanza. Así nos enseña que la fe no se vive solo en lo
interior, sino que se expresa en gestos concretos de amor y cercanía.
¿Quién contrataría a cuatro pescadores
para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título
de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan
estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que
quieran seguirlo renunciando a todo.
miércoles, 21 de enero de 2026
MEDITACIÓN
EUCARÍSTICA:
NADIE
TRIUNFA SOLO
Señor
Jesús en esta tarde queremos pasar contigo unos momentos de descanso y
serenidad. Nuestra reflexión de hoy es que nada verdadero se logra sin Ti y sin
los demás. Nuestro Dios nos creo para vivir en comunión, no aislados. Él es
quien da los dones, la fuerza y las oportunidades, y los demás son el medio que
usa para acompañarnos, corregirnos y sostenernos.
Nadie
triunfa solo: Durante
el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia numerosa.
Para dar de comer a su familia el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las como
orfebre. A pesar de las condiciones tan pobres en las que vivían, dos de los
hijos tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero
bien sabían que su familia jamás podría pagar sus estudios en la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al
aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al
que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios
al otro con las ventas de sus obras, o como bien pudiera. Así lo hicieron, y Alberto
Durero ganó y se fue a estudiar a Nuremberg.
El
otro hermano comenzó un período de cuatro años de peligroso trabajo en las
minas para sufragar los estudios de su hermano que, desde el primer momento,
fue toda una sensación en la Academia. Los grabados de Alberto, sus tallados y
sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores y,
en el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas
con las ventas de su arte. Cuando el joven artista regresó a su aldea, la
familia se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable
velada, Alberto se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un
brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer
realidad sus estudios. Sus palabras finales fueron:
-
Y ahora hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir
tus sueños, que yo me haré cargo de ti.
Todos
los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que
ocupaba su hermano, quien, con el rostro empapado en lágrimas, movía la cabeza
mientras murmuraba una y otra vez «No, no, no…».
-
No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Cada hueso de mis
dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis de mi mano derecha ha avanzado
tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis… Mucho
menos podría trabajar con delicadas líneas de compás o el pergamino y no podría
manejar la pluma ni el pincel. No, querido hermano, para mí ya es tarde.
Con
los años, Alberto comprendió que el don que había recibido no era solo su
talento, sino el amor sacrificado de su hermano. Y quiso dar gracias a Dios por
ello. Tomó entonces aquellas manos gastadas por el trabajo, heridas por la
renuncia y ya incapaces de pintar, y las elevó en un gesto de oración. No las
embelleció, porque el verdadero valor ya estaba en ellas: habían amado hasta el
extremo. Así nacieron “Las manos que oran”.
Señor
Jesús esta historia nos recuerda que detrás de cada persona que alcanza el
éxito casi siempre hay sacrificios invisibles, esfuerzos silenciosos y
renuncias que no salen en los libros ni en los aplausos. Alberto Durero pudo
desarrollar su talento porque su hermano renunció al suyo. Uno triunfó en la
superficie; el otro sostuvo ese triunfo desde la sombra. No hay victoria
individual que no esté, de algún modo, construida en plural.
En
ese dibujo no hay solo arte, hay Evangelio. Porque esas manos nos recuerdan que
nadie vive para sí mismo, que el amor verdadero siempre implica entrega, y que
todo don crece cuando se pone al servicio de los demás.
El
hermano que se quedó trabajando en la sombra no llegó a Nuremberg, pero llegó
al corazón de Dios. Su sacrificio, oculto a los ojos del mundo, fue grande a
los ojos del Señor.
Como
nos enseñas tu Jesús: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus
hermanos”.
Por
eso, cuando contemplamos esas manos en oración, entendemos que nadie triunfa
solo, y que en el Reino de Dios, muchas veces, los primeros son los que nadie
vio. Amén.
sábado, 17 de enero de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
HAS VENIDO POR MI, SEÑOR
Para que, conociéndote, sepa que no
existe alguien mayor que Tú ni cimientos más sólidos que los tuyos: la fe y la
esperanza, el amor y la vida.
Has venido por mí, Señor.
Para que, viéndote, te ame y me fie de
Ti.
Para que, amándote, ame y me confíe a
los que me necesiten.
Has venido por mí, Señor; y te doy las
gracias y te bendigo, y te glorifico y te busco y, buscándote, pido que reines
en mí; para que, siendo Tú el Rey de mi vida, no me rinda en las batallas de
cada día, ni me eche atrás a la hora de defenderte; ni oculte mi rostro cuando,
a mi puerta, llamen los dramas humanos.
Has venido por mí, Señor.
Para que, mis dolores, siguiéndote se
sientan aliviados por tu presencia.
Para que, mis pecados, llorando ante Ti,
sean perdonados por tu mano misericordiosa.
¡Has venido, por mí, Señor!
¡Gracias Señor!
2026
CICLO A
TIEMPO
ORDINARIO II
En
el centro del Evangelio de hoy está la palabra de Juan Bautista: Este es
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Imaginamos la
escena. Estamos en la orilla del río Jordán. Juan está bautizando; hay mucha gente,
hombres y mujeres de distintas edades, venidos allí, al río, para recibir el
bautismo de las manos de ese hombre que predicaba un bautismo de penitencia y
de cambio de vida.
Juan
predica que el Reino de los cielos está cerca, que el Mesías va a manifestarse
y es necesario prepararse, convertirse y comportarse con justicia; e inicia a
bautizar en el Jordán para dar al pueblo un medio concreto de penitencia. Juan
sabe, que el Mesías ya está cerca, y el signo para reconocerlo será que sobre
Él se posará el Espíritu Santo.
Y
el momento llega: Jesús se presenta en la orilla del río, en medio de la gente.
Es su primer acto público, la primera cosa que hace cuando deja la casa de
Nazaret, a los treinta años: baja a Judea, va al Jordán y se hace bautizar por
Juan. Sobre Jesús baja el Espíritu Santo en forma de paloma y la voz del Padre
lo proclama Hijo predilecto. Es el signo que Juan esperaba. Jesús es el Mesías.
Juan está desconcertado, porque se ha manifestado de una forma impensable: en
medio de los pecadores, bautizado como ellos. Pero el Espíritu ilumina a Juan y
le hace entender que así se cumple la voluntad de Dios, se cumple su diseño de
salvación: Jesús Mesías, el Rey de Israel, pero no con el poder de este mundo,
sino como Cordero de Dios, que toma consigo y quita el pecado del mundo.
Así
Juan lo indica a la gente y a sus discípulos. Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo. Él es un el único Salvador, Él es el Señor,
humilde, en medio de los pecadores.
Y
estas son las palabras que repetimos cada día, durante la misa, cuando se presenta
al pueblo el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este
gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, la cual no se anuncia
a sí misma. La Iglesia anuncia a Cristo; no se lleva a sí misma, lleva a
Cristo. Porque es Él y solo Él quien salva a su pueblo del pecado, lo libera y
lo guía a la tierra de la vida y de la libertad.
El
Espíritu de Jesús es Espíritu de verdad. Dejarnos bautizar por él es
poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas
seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad.
El
Espíritu de Jesús es Espíritu de amor, capaz de liberarnos de la
cobardía y del egoísmo. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario,
gratuito y compasivo.
El
Espíritu de Jesús es Espíritu de conversión a Dios. Dejarnos transformar
lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus actitudes, su
corazón y su sensibilidad hacia todo lo que nos deshumaniza.
Jesús
comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la
persona. Y finalmente lo proclama Hijo de Dios: es el título que resume todos
los demás.
miércoles, 14 de enero de 2026
2026 Meditación eucarística:
El barco
que nunca zarpó.
El bautismo
Señor
Jesús, este domingo pasado en el día en que celebramos tu bautismo escuchamos
estas palabras bajadas del cielo: Tú eres mi Hijo, muy amado, en el cual
me complazco. Tu bautismo Señor fue el pistoletazo de salida para una
vida nueva porque marca el comienzo de tu vida pública, después de la vida
oculta en Nazaret. A partir de ahí empieza a anunciar el Reino de Dios.
En
este acto se revela la Santísima Trinidad: El Hijo es bautizado. El Espíritu
Santo desciende en forma de paloma. El Padre habla desde el cielo: “Este es mi
Hijo amado, en quien me complazco”.
El
bautismo de Jesús no es para su purificación, sino para manifestar quién es Él
y cuál es su misión: el Hijo de Dios que viene a salvar a la humanidad.
Escuchemos.
El
barco que nunca zarpó: En cierta ocasión toda una población portuaria se
encontraba reunida al borde de un astillero. No era para menos: un gran barco
iba a ser bautizado para comenzar su andadura por las aguas del mar.
Todo
estaba preparado; autoridades y banderas, mesas y luces, invitados y
fotógrafos, música y flores y ¡cómo no!: la botella de champán que, en un
momento dado, el alcalde de la localidad habría de lanzar sobre la embarcación.
Y
llegó el momento culminante: después de las palabras de bienvenida y con gran
emoción, la autoridad correspondiente, soltó en el simbólico acto el cava que
fue a estrellarse en el lugar señalado y con total precisión.
Los aplausos y los cohetes no se
hicieron esperar. No era para menos:
-
Un nuevo barco en nuestro puerto, gritaba orgulloso el vecindario.
La
sorpresa y la incertidumbre llegó cuando (después de la fiesta y de la pólvora,
de los himnos y los consabidos abrazos efusivos, de las fotos y de la colosal
comida popular) el barco por distintas circunstancias se resistió a adentrarse
en el mar y quedó totalmente encasquillado sobre unas vías preparadas para la
ocasión. La decepción se hizo aún más mayúscula cuando en un desesperado
intento por empujar el buque hacia el océano se inclinó de tal manera que se
agrietó todo su casco de arriba abajo quedando sentenciado su futuro para
siempre.
Tu
bautismo Jesús da sentido al bautismo cristiano: no solo un gesto externo, sino
un paso hacia una vida nueva en Dios.
Pensemos
en nuestro bautismo que muchos hemos recibido y, otros tantos hoy, lo siguen recibiendo.
Lo hacemos, al igual que la botadura de esa embarcación, rodeados de flores y
de focos, de luces y de fiesta. Pero nos preguntamos: ¿y luego? ¿nos adentramos
en la misión de todo cristiano o nos quedamos en la orilla de ese bautismo?
Malo será que pongamos tanto énfasis en el momento del “chapuzón sacramental”
que nos olvidemos del horizonte que nos exige.
Porque,
en realidad, el bautismo no se queda en el agua que cae sobre nuestras cabezas.
Continúa en el día siguiente cuando, sintiéndonos hijos de Dios, trabajamos
para que su Reino sea una pronta realidad en nuestra tierra.
Porque,
en realidad, el bautismo que recibimos no acaba cuando somos inscritos en el
libro de los elegidos y, en cambio, si empieza cuando nos comprometemos en
llevar con nuestras manos la luz de la fe a todos los que nos rodean.
Esta
es la gran decepción a la que asistimos, con cierta impotencia, la comunidad
cristiana hoy: un bautismo que se queda en el puerto de los que nunca quisieron
emprender ni aprender la fe que en él y con él recibieron. Se quedaron
encasquillados con una fe sin consistencia, con unos padrinos sin garantía y
resquebrajada desde el principio.
Que
este tiempo ordinario que iniciamos después de la Navidad sea una llamada a
recuperar el brío y la autenticidad de nuestro bautismo: hemos sido bautizados
no por necesidad personal (sería muy poco y pobre) y sí como una llamada a ser
hijos de Dios, a ser iglesia y a dar razón de Él donde haga falta. Ayúdanos tu
Jesús a vivirlo desde la profundidad de nuestro ser y de nuestra vocación. Amén.
sábado, 10 de enero de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
Que también, en mí Señor, se inaugure
como en Ti un nuevo tiempo de misión y de trabajo.
Que la presencia de Dios y del Espíritu y
de toda tu persona, se haga presente en mí, de tal manera que, viviendo con
alegría mi ser cristiano, sea semilla de aquella gran sementera que es tu
Evangelio.
Que también, yo Señor, renazca a una
vida nueva.
Que no me sienta seguro de mí mismo.
Que no crea que, con ser bueno, ya es
bastante.
Que me fíe de tu Palabra, y con tu
Palabra, me sienta querido por Dios y empujado a proclamar su existencia en
medio del mundo.
Tú, Señor, nos das una forma de entender
la vida.
Tú, Señor, nos das el secreto de la
felicidad.
Tú, Señor, con tu Bautismo, cargas con
todas nuestras flaquezas y miserias.
Dios, sobre tus hombros, pone el futuro
de nuestra humanidad:
¡Redímela con tu testimonio y
sacrificio!
¡Rescátala de las incertidumbres que la
asolan!
¡Recupérala de aquellos falsos dioses
ante los que se postra!
Tú, Jesús, que eres preferido, amado,
tocado por el Espíritu haz que, también nosotros, sintamos el calor de la
gloria del Padre, que no es otra que la comunión del Hijo con el Espíritu
Santo.
Amén
2026
CICLO A
BAUTISMO
DEL SEÑOR
Celebramos el bautismo del Señor. Juan vio
a Jesús y no quería bautizarle con ese bautismo de conversión y de penitencia.
Pero cuando Jesús salió del agua oyó esa voz del cielo y ese espíritu que se
posaron sobre él, entonces supo quien era de verdad Jesús. La voz que escuchó
del cielo lo confirmaba: Este es mi hijo amado, en quien me complazco.
El día del bautismo de Jesús marca el
día 0 de su vida. Comienza el ministerio, la misión, el anuncio del amor de
Dios a todos los hombres. Jesús lanzado a su vida pública. Lavado y perfumado
en el agua bautismal experimentamos la tercera epifanía, la epifanía total y
trinitaria. Dios Padre habla y llama a Jesús su Hijo Amado y el Espíritu lo
llena de su poder.
Jesús descubre su identidad y comienza
su tarea que no consiste en hacer obras buenas y contar lindas historias. La
vocación de Jesús es una dedicación a tiempo pleno a las cosas de su Padre,
empujado siempre por la fuerza del Espíritu.
Estar bautizado no es el comienzo de una
vida vivida intermitentemente, a ratos con Dios. Es una vocación que hay que
vivir pleno.
Hoy, por mil razones, nosotros vivimos
en un país de bautizados. Un país de bautizados que empiezan a desbautizarse. Los
bautizados deberíamos vivir de tal manera que fuéramos epifanías para nuestros
familiares y amigos que nunca han tenido una auténtica epifanía cristiana.
Vivir nuestra identidad cristiana con mayor resolución y mayor atrevimiento.
El verbo bautizar significa: sumergir,
inundar. Yo sumergido en Dios y Dios sumergido en mí; yo en su vida, Él en mi
vida. Estamos impregnados de Dios, dentro de Dios como dentro del aire que
respiramos, dentro de la luz que besa nuestros ojos. Y esto no solo ocurrió en
el rito de aquel lejano día, con unas pocas gotas de agua, sino que ocurre cada
día en nuestro bautismo existencial, perenne: “estamos sumergidos en un
océano de amor y no nos damos cuenta” G. Vannucci (osm).
La escena del bautismo de Jesús en el
Jordán tiene como centro lo que ocurre inmediatamente después: el cielo se abre,
nos muestra un cielo que no está vacío ni mudo. De él salen palabras: Este
es mi hijo amado, en quien me complazco. Palabras que arden y queman:
hijo, amor, alegría. Que explican todo el Evangelio. Hijo, quizás la palabra
más poderosa del vocabulario humano, que hace milagros en el corazón. Amado,
sin mérito, sin peros. Alegría, y puedes intuir el júbilo de los cielos, un
Dios experto en fiestas para cada hijo que vive, que busca, que se va y que
vuelve.
En la primera lectura, Isaías ofrece una
de las páginas más consoladoras de toda la Biblia: No gritará, no
clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha
vacilante no la apagará. No gritará, porque si la voz de Dios suena
áspera, imponente o estridente, no es su voz. A la verdad le basta un susurro.
No quebrará: no terminará de romper lo que está a punto de romperse; su manía
es cuidar. No apagará la mecha humeante, le basta un poco de humo, lo rodea de
atenciones, lo trabaja, hasta que vuelve a hacer brotar la llama.
miércoles, 7 de enero de 2026
2026 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA
CARTA A LOS REYES MAGOS
Ayer
celebramos la Epifanía, la manifestación de Dios a todos los hombres y
contemplamos como los magos se percataron, se pusieron en camino y adoraron al
niño nacido en Belén y le ofrecieron sus regalos. Nosotros queremos pedir a los
Reyes Magos:
La sencillez para saber
distinguir en los signos de los tiempos la presencia de la Buena Noticia, para
saber observar desde la fe todas las realidades tanto de la tierra como del
cielo.
La docilidad a las divinas
inspiraciones del alma, y seguir el camino que nos marque la estrella. A vosotros
os guio una estrella en el cielo, para nosotros esa estrella es todo aquello
que nos lleva a Jesús os pedimos que no perdamos el rumbo que conduce al
Salvador de todas las naciones, al Rey de todos los Pueblos.
Valentía para ponernos en camino, para saber
dejarlo todo y lanzarnos a la aventura, a desinstalarnos con frecuencia para
vivir de la fe y no de la seguridad de mis posesiones. Confiar que, dejando
todo, es la única forma de encontrar El Todo.
Obediencia a las guías que tengo en el camino, obediencia a lo
que se cree, a lo que se espera, a lo que se ama. Obediencia humilde a las
inspiraciones y a los ángeles, especialmente a mi Ángel de la Guarda, para que
no pierda el camino, y tenga la alegría de que todo se me ha dado como regalo,
confiando y dependiendo totalmente en Aquel que nos ha llamado a un encuentro.
Alegría del encuentro con Dios: el encuentro
de la criatura con su Creador, alegría de encuentro porque es la manifestación
de Dios hecho hombre como Dios, como Rey, y como hombre. Queremos, tener esa
alegría de encuentro que para nosotros se realiza en cada Eucaristía, en cada
sacramento, en cada encuentro con el más necesitado. Alegría de encuentro,
porque cuando el encuentro esta tocado por el amor solo puede ser celebrativo,
y toda nuestra vida es encuentro y toda nuestra vida es celebración si lo
vivimos en la dimensión del amor.
La paciencia para seguir en
el camino, para que el cansancio no nos haga desistir, para que las
dificultades no resten el ánimo, para que los obstáculos del camino solo sean
oportunidades de crecimiento, que sean retos que nos permitan crecer como
personas, como cristianos, como discípulos del Maestro. Que no perdamos la
esperanza del encuentro, que no perdamos la esperanza que la promesa se hará
realidad.
Que
no perdamos la esperanza que en el camino no se anda solo, que ángeles,
estrellas y hermanos caminamos juntos. Tener siempre la esperanza de que es
posible vivir la caridad entre nosotros que caminamos en comunidad como lo hicisteis
vosotros, que os acompañasteis hasta el final.
Todo
lo anterior no lo pedimos solo para nosotros, lo pedimos para poder compartirlo
con todos nuestros hermanos, queremos descubrir en cada hermano a Cristo, queremos
descubrirlo especialmente en los más pobres, en los más necesitados, los
enfermos, los encarcelados, los que están solos o se sienten solos; queremos
reconocer al Rey en aquellos que llevan con humildad la cruz de cada día, en los
que se esfuerzan por dar testimonio del amor, en las personas que perdonan y
aquellos que se niegan a recibir el perdón, reconocerlo en los amigos y también
en los enemigos.
Queremos compartir todo lo que os hemos pedido con todos aquellos que se acerquen
a nuestra vida. Todo lo que os hemos pedido, también os los pido para todos nuestros
amigos, familiares y bienhechores para que todos seamos instrumentos de paz.
Para que todos busquemos el reino de Dios, sabiendo que, si Dios reina en
nuestros corazones, reinará en nuestras familias, en nuestras comunidades, en
nuestras ciudades, y en nuestras naciones.
Os
deseamos queridos Reyes Magos, feliz viaje de regreso a vuestros países. Nos despedimos
agradecido por la ilusión que suscitasteis en nosotros cuando éramos niños.
Gracias
porque un día os esperábamos con la ilusión de niños y hoy os podemos esperar
con la ilusión de adultos.
Con
afecto, en el Señor que buscamos y que encontramos en la Eucaristía, que él nos
bendiga y bendiga a todos los niños del mundo. Amén
lunes, 5 de enero de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
Vayamos con los
magos para encontrar al REY DE REYES.
Porque, sólo los que
cabalgan, sobre el caballo de la fe, un horizonte de estrellas les espera, en
medio de las dificultades.
Como aquellos,
regios personajes, que dejando palacios y vasallos quisieron ser siervos de un
pequeño Rey.
Con tres palabras de
aliento: alegría, amor e ilusión.
Con tres huellas en
el camino: servicio, entrega y generosidad.
Con tres miradas
hacia el cielo: La fe, esperanza y caridad.
Y, como los Magos,
siempre en marcha y sin temor hacia al que nos espera: el AMOR que ha bajado
del cielo, el AMOR que se deja adorar, el AMOR que se deja tocar, el AMOR que
habla sin hablar.
Con el incienso de
nuestra oración.
Con el oro de
nuestra caridad.
Con la mirra de
nuestra fragilidad.
Para que, Jesús
desde el Portal, pueda ver y comprobar que en el mundo siguen existiendo
hombres y mujeres que dejan, lo que tienen y no lo que son, para ponerse en
camino, siguiendo la ruta que marca la estrella de Belén. Amén
2026 CICLO A TIEMPO DE NAVIDAD EPIFANÍA
Epifanía significa la primera luz que
aparece en el horizonte antes de salir el sol; por eso la luz viene siempre de
oriente. Jesucristo es, sin duda alguna, la luz del mundo que viene a todos
para salvarnos. La luz de Dios se convierte así en faro y guía para toda la
humanidad. La manifestación de Dios es universal. Dios no puede tener
privilegios. Estamos celebrando la realidad de lo que es Dios y la
alegría de poder descubrirlo.
Mateo nos narra que cuando nació Jesús
los de cerca rechazan a Jesús por lo que es, y los de lejos lo buscan y lo
aceptan como lo que es: luz que ilumina a todo hombre.
Los magos significaban buscadores
de sabiduría, de Dios, intentando interpretar las estrellas y los astros y
también miembro de la casta sacerdotal. Los magos llegan a Jerusalén y
preguntan por el nuevo rey. El miedo de Herodes es también nuestro miedo.
El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Un Dios
que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa. Seguiremos sin
enterarnos y el encuentro no se producirá.
Los letrados lo saben todo sobre el
Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven
un dedo para comprobarlo. Los paganos adoran al Niño, los judíos
intentan matarlo. Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo
reconocen. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las
estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios y abiertos a lo que nos
va a decir.
El hombre tiene que dejarse iluminar por
su estrella, pero también debe ser guía para los demás. Nuestra obligación es
hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestado en nuestra vida. Hacemos
presente a Dios, siempre que vamos en ayuda de los otros.
Al igual que los sabios de Oriente,
debemos poseer primero una sensibilidad despierta en nuestra vida para poder
reconocer las manifestaciones de Dios y su paso por nuestra existencia.
Esto es, identificar la presencia del Reino del Dios en el mundo. Y, en segundo
lugar, responder a los desafíos y oportunidades que presenta nuestra época, de
modo que, al igual que ellos, nos pongamos en camino, proclamemos y adoraremos
al Señor.
“Se pusieron en camino y, de pronto, la
estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse
encima de donde estaba el niño. Y cayendo de rodillas lo adoraron; después,
abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”
Frente al misterio de un Dios hecho
carne en la mayor vulnerabilidad y humildad, lo propio de la respuesta humana
es adorar. Los regalos, oro, incienso y mirra manifiestan quién
es este niño. Oro, propio de los reyes; incienso, en reconocimiento de su
divinidad; y mirra, en alusión a su humanidad.
Lo que celebramos hoy es la apertura de
Dios a todos los hombres. Allí donde haya un ser humano que crece en humanidad,
amando a los demás, allí está Dios. Al volver a nuestros quehaceres, vayamos
transformados por “otro camino”, un camino de luz, de amor y esperanza, con
el compromiso de ser estrellas que conduzcan a otros hacia un encuentro íntimo
con Cristo, luz.






















