2026
CICLO A
SOLEMNIDAD
DE SAN JOSÉ
Celebrar la figura de San José, Patrono
de la Iglesia universal nos anima a vivir como él vivió. Él que fue pedido
por Dios para que sea custodio de Jesús, también es custodio de los discípulos
y amigos de Jesús.
A la luz de este relato evangélico,
hablar de san José es entrar en el misterio de Dios, en su designio de amor
para con la humanidad.
La paternidad de San José no surge del
azar
o de la casualidad, no es un elemento más en el proyecto de Dios. Fue
destinado para darle identidad a su Hijo: “tú le pondrás por nombre…” En la
cultura hebrea poner nombre era potestad del varón o cabeza de familia e
implicaba una identidad peculiar. Por lo tanto, se le invita a ser parte del
proyecto Salvador de Dios.
San José es llamado a servir a este
proyecto de Dios para ser el custodio de Jesús y responde con libertad, porque el
amor no puede ser objeto de coacción sino de respuesta libre y liberadora
de un corazón que ama: “José era un hombre bueno” … que no es sinónimo de bonachón.
Era un enamorado que escuchó la llamada de Dios en su corazón. El sí de
san José entrelazó la historia con la voluntad de Dios.
San José fue más allá de la ley
que mandaba repudiar a quienes se encontraban en una situación como María. Es
el padre de la ternura, donde la verdadera fuerza no está en la severidad, sino
en la ternura, la cual es esencial para comprender la fragilidad humana. Él
mismo introdujo a Jesús en la experiencia del amor de Dios, siendo él mismo un
reflejo de la ternura divina. Seguramente Jesús aprendió de él las palabras y
gestos de cariño de su padre terrenal.
Es la lucha diaria de todo ser humano
que quiere ser fiel a su conciencia. El amor va más allá de la ley. San
José responde a esta invitación consciente de que el misterio de Dios va más
allá de la percepción, de ahí que la fe de San José es la respuesta
consciente y firme de quien posiblemente no entendía, pero amaba.
El amor transforma la fe en luz y esa
luz se traduce en esperanza. “Hizo todo lo que le había dicho”, responde con
fidelidad porque vio con el corazón.
Un corazón que ve es un corazón
humanizado que ha traspasado la eficacia de la razón para
entrar en la dimensión del amor.
Un corazón que ve más allá, un corazón
contemplativo que es capaz de acariciar el tiempo y
darle consistencia de eternidad, desde la fidelidad callada del día a día. San
José fue un hombre contemplativo, un hombre de fe que vio la luz de la verdad
más allá de las apariencias.
Quizá nos falte humanizar nuestra vida
desde un corazón que ve, que nos de esa perspectiva eterna que se consolida con
la fe en el amor de Dios que nos invita a darle dignidad a nuestra humanidad.
Día del padre, del que da la vida y la ofrece al servicio de los hijos.
Felicidades a todos los padres y a los
Josés y Josefas.

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