2026
CICLO A
TIEMPO
DE CUARESMA IV
Cuarto domingo de cuaresma y en esta
ocasión el evangelio nos propone el relato de la curación del ciego y se habla
de Jesús como luz. Jesús es para nosotros luz y faro que nos guía. Y nos
encontramos con él en torno a la palabra, en nuestros ratos de meditación
serena, sin bombardeos emocionales y cuando nos reunimos semanalmente para
celebrar la eucaristía, su presencia en medio de nosotros.
Jesús sale del templo y ve a un hombre
ciego de nacimiento, un discapacitado que, por ley, no puede entrar en él. Jesús
ve lo invisible y se detiene, sin que nadie le llame, sin que nadie se lo pida.
Amigos y enemigos se pierden buscando culpas en ese hombre, todos juntos
equivocándose sobre Dios. Jesús no está de acuerdo, huye de esa lógica: ni él
ni sus padres han pecado. El mal no viene de Dios.
Y sin que el ciego le pida nada,
extiende un poco de barro y saliva sobre esos párpados que cubren el vacío. Dios
se ensucia las manos con el hombre, y es al mismo tiempo un hombre que se
contamina de cielo, contagiado de luz.
Ve a lavarte a la piscina de Siloé... El
ciego confía en su bastón y en la palabra de un desconocido. Confía cuando el
milagro aún no existe, cuando solo hay oscuridad a su alrededor.
Fue a la piscina y volvió viendo. Ya no
se apoya en su bastón; ya no se sentará en el suelo a implorar piedad, sino
que, erguido, camina con el rostro hacia el sol, por fin libre. Por fin un
hombre nuevo. De hecho, la gente ya no lo reconoce. Es él, dicen algunos. No,
no es él. Y así sucede realmente: uno se encuentra con el Señor y cambia por
dentro. Se abren ventanas de luz.
Jesús cura en sábado y en lugar de
alegría, aparece una tristeza infinita. Incluso los padres del ciego parecen
cobardes. A los fariseos no les importa la vida que ha vuelto a esos ojos, sino
la doctrina correcta. Y inician un proceso por herejía. Para defender la
doctrina, niegan la evidencia. Pero ¿qué religión es esta que no mira por el
bien del hombre, sino solo por sí misma y por sus reglas?
Los fariseos querrían que el ciego
volviera a ser ciego, para tener razón ellos. Pero el ciego se ha hecho libre,
se ha hecho fuerte, planta cara a los sabios: yo no sé de teología, yo estoy
con la vida, con los hechos: ¡ahora veo!
Jesús une al Dios de la vida y al Dios
de la doctrina, y lo hace poniendo al hombre en el centro. La gloria de Dios es
un hombre con luz en los ojos y en el corazón.
Para los fariseos, Jesús no viene
de Dios, porque no observa el sábado; para ellos, venir de Dios depende
de la observancia de la ley; para Jesús, venir de Dios depende de cómo habitas
la tierra y como caminas por ella, sembrando paz y amor.
Yo soy la luz del mundo:
luz que acaricia, belleza que sana, mirada que consuela, fuerza que hace renacer
la vida. No se pueden obviar todas las sombras de la actualidad, con nuevos
conflictos añadidos a los ya existentes, pero animémonos a buscar los puntos de
luz de nuestras vidas.

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