sábado, 14 de marzo de 2026

2026 CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA IV

Cuarto domingo de cuaresma y en esta ocasión el evangelio nos propone el relato de la curación del ciego y se habla de Jesús como luz. Jesús es para nosotros luz y faro que nos guía. Y nos encontramos con él en torno a la palabra, en nuestros ratos de meditación serena, sin bombardeos emocionales y cuando nos reunimos semanalmente para celebrar la eucaristía, su presencia en medio de nosotros.

Jesús sale del templo y ve a un hombre ciego de nacimiento, un discapacitado que, por ley, no puede entrar en él. Jesús ve lo invisible y se detiene, sin que nadie le llame, sin que nadie se lo pida. Amigos y enemigos se pierden buscando culpas en ese hombre, todos juntos equivocándose sobre Dios. Jesús no está de acuerdo, huye de esa lógica: ni él ni sus padres han pecado. El mal no viene de Dios.

Y sin que el ciego le pida nada, extiende un poco de barro y saliva sobre esos párpados que cubren el vacío. Dios se ensucia las manos con el hombre, y es al mismo tiempo un hombre que se contamina de cielo, contagiado de luz.

Ve a lavarte a la piscina de Siloé... El ciego confía en su bastón y en la palabra de un desconocido. Confía cuando el milagro aún no existe, cuando solo hay oscuridad a su alrededor.

Fue a la piscina y volvió viendo. Ya no se apoya en su bastón; ya no se sentará en el suelo a implorar piedad, sino que, erguido, camina con el rostro hacia el sol, por fin libre. Por fin un hombre nuevo. De hecho, la gente ya no lo reconoce. Es él, dicen algunos. No, no es él. Y así sucede realmente: uno se encuentra con el Señor y cambia por dentro. Se abren ventanas de luz.

Jesús cura en sábado y en lugar de alegría, aparece una tristeza infinita. Incluso los padres del ciego parecen cobardes. A los fariseos no les importa la vida que ha vuelto a esos ojos, sino la doctrina correcta. Y inician un proceso por herejía. Para defender la doctrina, niegan la evidencia. Pero ¿qué religión es esta que no mira por el bien del hombre, sino solo por sí misma y por sus reglas?

Los fariseos querrían que el ciego volviera a ser ciego, para tener razón ellos. Pero el ciego se ha hecho libre, se ha hecho fuerte, planta cara a los sabios: yo no sé de teología, yo estoy con la vida, con los hechos: ¡ahora veo!

Jesús une al Dios de la vida y al Dios de la doctrina, y lo hace poniendo al hombre en el centro. La gloria de Dios es un hombre con luz en los ojos y en el corazón.

Para los fariseos, Jesús no viene de Dios, porque no observa el sábado; para ellos, venir de Dios depende de la observancia de la ley; para Jesús, venir de Dios depende de cómo habitas la tierra y como caminas por ella, sembrando paz y amor.

Yo soy la luz del mundo: luz que acaricia, belleza que sana, mirada que consuela, fuerza que hace renacer la vida. No se pueden obviar todas las sombras de la actualidad, con nuevos conflictos añadidos a los ya existentes, pero animémonos a buscar los puntos de luz de nuestras vidas.

 

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