miércoles, 31 de diciembre de 2025

ACCIÓN DE GRACIAS

Que tu mirada gane en hondura y detalle

para que puedas ver más claramente

tu propio viaje con toda la humanidad

como un viaje de paz, unidad y esperanza.

Que seas consciente de todos los lugares

por los que caminas y vas a caminar en el nuevo año,

y que conozcas, por experiencia, qué bellos son

los pies del mensajero que anuncia la paz y la buena noticia.

Que no tengas miedo a las preguntas

que oprimen tu corazón y tu mente;

que las acojas serenamente y aprendas a vivir con

ellas hasta el día en que todo se remanifieste y sepa.

Que des la bienvenida con una sonrisa

a todos los que estrechan tu mano:

las manos extendidas forman redes de solidaridad

que alegran y enriquecen con su presencia  protectora.

Que tu vida este año, cual levadura evangélica,

se mezcle sin miedo con la masa

y haga fermentar la Iglesia y el mundo en que vivimos,

para que sean realmente nuevos y tiernos.

Que sea tuyo el regalo de todas las cosas creadas;

que sepas disfrutarlas a todas las horas del día;

y que te enfrentes, con valentía y entusiasmo,

a la responsabilidad de cuidar la tierra entera.

Que el manantial de la ternura y la compasión

mane sin parar dentro de ti, noche y día,

hasta que puedas probar los gozos y las lágrimas

de quienes caminan junto a ti, tus hermanos. Amén

 


 

2026 CICLO A NAVIDAD

SANTA MARIA MADRE DE DIOS

Hoy es la fiesta de María, Madre de Dios. Le damos gracias por haber aceptado esta misión tan importante y le pedimos que nos bendiga a todos.

Pero hoy también es el primer día del año, y nos intercambiamos felicitaciones; es decir, deseamos a todos que estén bien. Bendecir o decir bien, implica desear la vida y la felicidad de quien bendigo. Es lo contrario de cuando me hablan mal o entiendo que los demás desean que desaparezca.

Es importante que estos deseos o bendiciones no sean solo palabras bonitas. Desear el bien del otro también implica comprometerme a hacer todo lo posible para que esto se haga realidad. Como quien bendice a sus hijos, se esfuerza cada día para que esto se haga realidad. O como cuando recito el Padrenuestro y digo: «Venga tu reino». Si realmente lo deseo, no me quedo esperando a que caiga del cielo o a que lo hagan los demás. Sino que tomo decisiones para que se haga realidad, promoviendo la justicia y la paz.

Pero la bendición más importante para un creyente es la que viene de Dios; de Dios que me bendice a mí y a todos nosotros. En la primera lectura de hoy tenemos la solemne bendición que los sacerdotes impartían en nombre de Dios al pueblo de Israel.

Que el Señor te bendiga y te proteja: Es el deseo de que Dios quiera nuestra felicidad y nuestro futuro, y que nos defienda del mal.

Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti: Un rostro resplandeciente, opuesto a un rostro enfadado y oscuro, es el rostro de quien te sonríe, porque se alegra de verte. Como cuando el Padre sonríe al ver a Jesús bautizarse y dice: «Este es mi hijo, en quien tengo complacencia».

Y te conceda su gracia: es decir, te ayude gratuitamente, simplemente porque te ama.

Que el Señor te muestre su rostro: Esto es lo más importante, descubrir que él me muestra su rostro, es decir, que me mira, que desea mirarme, señal de que se alegra de verme, me da una gran paz. Y lo siento con mis propias manos cada vez que el Señor me guiña el ojo, manifestándose con alguna providencia, que me ayuda a creer en él y en su amor.

Y te conceda la paz: Es maravilloso bendecir y sentirse bendecido. Eso es lo que me hace ser positivo y optimista. Lo mismo ocurre con la paz, la que viene del Señor, la que nos llega porque nos sentimos acogidos y amados gratuitamente, y que se nos invita a transmitir a los demás.

El Evangelio concluye diciendo que María “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.” guardar la bendición recibida y meditarla para reconocer la presencia de Dios en nuestra historia. María es la memoria viva de la acción divina. Comenzar el año con ella es aprender a leer cada acontecimiento, luminoso u oscuro, desde la fe. Su corazón es escuela de contemplación, de escucha, de disponibilidad. El Evangelio concluye diciendo que María guardaba todas estas cosas... El inicio del año bajo su mirada nos enseña una actitud esencial: guardar la bendición recibida y meditarla para reconocer la presencia de Dios en nuestra historia. Que Santa María nos ayude en este inicio del año nuevo, ella que fue bendecida por Dios y llenada de su gracias nos acompañe a lo largo de todo este año.


 


HOJA PARROQUIAL
ENERO 2026


 

2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

Abrazando lo nuevo

Señor Jesús sacramentado en este ultimo día del año queremos pasar estos momentos contigo para agradecer tantos dones y bienes recibidos, y muchos de ellos sin apenas darnos cuenta que eran obra tuya.

El tiempo pasado nos ha ayudado a encontrarnos a nosotros mismos y tanto en la bondad como cuando las cosas no han ido tan bien, queremos agradecerte por lo vivido y por lo que nos queda por vivir. Escuchemos esta bonita historia.

Abrazando lo nuevo: Lucía vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas. A medida que se acercaba el final del año, ella reflexionaba sobre sus experiencias y deseaba un cambio en su vida. Se sentía atrapada por las sombras del pasado y anhelaba la luz de un nuevo comienzo.

Decidió emprender un viaje hacia la cima de la montaña más alta, donde se decía que se encontraba un sabio anciano conocido por su profunda sabiduría. Al llegar, Lucía encontró al anciano contemplando el atardecer. Lucía le explicó que lo buscaba porque necesitaba de su sabiduría para comprender muchas situaciones difíciles de su vida.

- Querida Lucía, dijo el anciano, para abrazar lo nuevo, primero debes soltar lo viejo que ya no te sirve. Ven, te contaré una historia que te ayudará a comprender.

El anciano comenzó a relatar la historia de un árbol antiguo que, a lo largo de los años, había acumulado ramas secas y hojas marchitas. Este árbol representaba la vida de Lucía, con sus experiencias y cargas acumuladas. En la víspera de cada año nuevo, el árbol tenía la sabiduría de soltar sus ramas secas y hojas marchitas. No temía perder lo viejo, porque entendía que, al hacerlo, permitía espacio para nuevas ramas verdes y hojas frescas que le darían vida.

Lucía reflexionó sobre la historia y comenzó a comprender la lección del anciano. Decidió simbólicamente dejar atrás sus cargas emocionales y las ataduras del pasado, aprendiendo a soltar lo que ya no le servía.

Con el amanecer del nuevo año, Lucía descendió de la montaña con ligereza en el corazón. Se dio cuenta de que el viaje no solo la llevó a la cima de la montaña, sino también a la cima de su propia comprensión. Estaba lista para abrazar lo nuevo y permitir que las experiencias frescas florecieran en su vida.

Al regresar al pueblo, Lucía compartió su historia y animó a otros a soltar las ramas secas de sus vidas. Inspirados por su valentía, los habitantes del pueblo también abrazaron la idea de soltar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo. Para abrazar lo nuevo, primero debemos soltar lo viejo que nos pesa el corazón.

Señor Jesús esta historia de Lucía refleja una experiencia profundamente humana y también profundamente cristiana: el deseo de renovación interior. Como Lucía, muchas veces caminamos cargando ramas secas del pasado: culpas no perdonadas, heridas abiertas, miedos, rencores o fracasos que pesan en el corazón y nos impiden avanzar.

El viaje a la montaña simboliza el camino espiritual que todo creyente está llamado a recorrer: salir del ruido cotidiano para encontrarse con la sabiduría que viene de lo alto. En la fe cristiana, ese “sabio anciano” nos recuerda a Dios mismo, quien nos invita constantemente a confiar en Él y a entregarle aquello que ya no nos da vida.

Dios, como buen agricultor, poda lo seco no para destruir, sino para que haya más fruto: “Todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Juan 15,2).

Soltar lo viejo no significa olvidar, sino entregar. Significa dejar en manos de Dios aquello que ya no podemos cargar solos. Lucía desciende de la montaña con un corazón ligero porque ha aprendido a confiar. Así también nosotros, cuando nos abandonamos a ti, descubrimos que la verdadera renovación no viene solo con el cambio de año, sino con un corazón dispuesto a dejarse transformar por el Espíritu Santo. Y compartir nuestra su experiencia, porque la fe no es solo personal, sino comunitaria. Cuando uno se renueva en Dios, se convierte en luz para los demás. Que comencemos cada etapa de la vida con fe, soltando lo que nos aleja de Dios y abrazando la novedad que Él quiere hacer en nosotros. Que el Señor nos conceda un corazón dispuesto a soltar, confiar y florecer en Su amor.

sábado, 27 de diciembre de 2025


                              Venta de entradas en la Sacristía 


 

 



 

ACCIÓN DE GRACIAS

Cuando acabaste la creación, dicen que dijiste firmemente a los cuatro puntos cardinales:

Que todo el mundo viva feliz, en paz, libremente y con dignidad, en la tierra que le vio nacer.

En el silencio de la noche, en un lugar humilde y pequeño, nace el Amor, la fe y la ternura.

Jesús, María, José, un trío singular, Modelo de familia, luz para el caminar.

No en palacios de oro, ni en pompa terrena, sino en la rutina, en el trabajo por el pan, en el don total.

El exilio a Egipto, la sombra del dolor, no quebró su lazo, sino que avivó su unión.

La familia es un puerto en la tormenta cruel, donde el perdón florece, dulce y fiel.

Donde el "gracias" se oye, y el "por favor" también, un espejo de Dios, nuestro origen y sostén.

En ella aprendemos la vida, la voz de la verdad, a escuchar en el silencio, con humildad.

A ser libres, a amar sin poseer, a dar, a ser escuela y templo, un lugar para soñar.

Que nuestras casas sean Nazaret de hoy, donde el egoísmo muera, y nazca el nosotros.

Que, en cada hogar y mesa, en cada prueba, en cada afán, resuene el eco eterno del Dios con nosotros.

Amén

 


 

2025 CICLO A

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

La fiesta de la Sagrada Familia no es solo una conmemoración histórica, sino un llamado urgente a valorar la familia. En un mundo donde la familia se está desmoronando, Dios nos ofrece a Jesús, María y José como modelo insuperable de vida en común. La familia es la comunidad de vida y amor, donde experimentamos lo que significa ser persona.

El Evangelio de hoy nos muestra una familia en movimiento, enfrentando amenazas y dificultades, pero unida en la fe y la obediencia a Dios. José, con su silencio elocuente y su pronta obediencia al ángel, nos enseña que la paternidad responsable se manifiesta en la protección y el sacrificio. María, que guarda todas estas cosas en su corazón (Lc 2,19), nos muestra la maternidad que medita y acoge la voluntad de Dios en medio de la incertidumbre.

San Pablo nos invita a vestirnos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia y estas actitudes solo florecen cuando cada uno pone el amor por encima de sus propios intereses.

Muchas familias hoy se sienten solas, desorientadas ante modelos culturales que debilitan los vínculos familiares. La Sagrada Familia nos ofrece esperanza: si incluso la familia de Jesús enfrentó persecución, exilio y dificultades económicas, ninguna familia cristiana está exenta de pruebas, pero ninguna está sola en ellas.

Hoy, más que nunca, el mundo necesita familias que sean testigos valientes del Evangelio, que eduquen a sus hijos en la fe y en los valores humanos, hogares donde se respire el amor de Dios, donde se perdone siempre, donde se sirva con alegría.

Jesús predicó las actitudes que debían tener los seres humanos. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser.

Es verdad que la familia está en crisis, pero las crisis no tienen por qué ser negativas. Todos los cambios profundos en la evolución de la humanidad vienen precedidos de una crisis. La familia no está en peligro, porque es algo completamente natural e instintivo. Tenemos que demostrar con hechos, que el evangelio es el mejor instrumento para conseguir una humanidad más humana.

La familia es el marco en que mejor se pueden desarrollar las más profundas relaciones humanas. En ninguna otra institución podemos encontrar mayor intimidad y mayor estabilidad, que son las mejores e indispensables condiciones para que una relación se profundice y sea humana.

Jesús fue un ser plenamente humano. Es Dios el que se hace hombre, no Jesús el que se hace Dios. Si descubrimos que Dios se hace humano, podremos experimentar que se está haciendo en cada uno de nosotros. Este es el verdadero mensaje del evangelio. Esta es la buena noticia que nos aportó Jesús.

Que María y José intercedan por todas las familias del mundo, para que, siguiendo su ejemplo, seamos testigos de que el amor es fuerte como la muerte y que en la unión familiar encontramos el camino hacia la santidad y la felicidad verdadera.

sábado, 20 de diciembre de 2025


 


 


 


Retiro de Adviento de preparación a la Natividad del Señor


 La Parroquia de S. Miguel, organiza una comida el día de Navidad para las personas que se encuentran solas y no tengan con quien compartir la Natividad del Señor. Los interesados en participar pueden pasar por la sacristía de la Parroquia de S. Antonio para inscribirse. El plazo de la inscripción permanecerá abierto hasta el mediodía del lunes día 22 de diciembre.


ENCENDIDO DE LA CUARTA VELA DE LA CORONA DE ADVIENTO
 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Vivir es dejar que la Palabra se haga cuerpo en nuestro cuerpo humano, cuerpo de carne y sangre, con espíritu bíblico y aliento solidario.

Y para ello se necesita paciencia y tiempo, cántaros de esperanza compartida, y dejar que la semilla crezca sola en nuestras entrañas humanas, aunque no sepamos cómo.

Vivir es gestar en paz y con cuidado al esperado, que siempre es nuestro hermano, que viene ilusionado a su casa, sin ánimo de destronarnos y sí de enriquecernos y alegrarnos.

Pero para ello hay que estar embarazados o dejar al Espíritu que repose, como él quiera, en nuestro regazo; y ponerse de parto para que la Palabra acampe entre nosotros.

Vivir es Señor, dándote cuerpo.

AMÉN

 


 

2025 CICLO A

TIEMPO DE ADVIENTO IV

Estamos en ya en la última etapa del Adviento, antes de la Navidad. La liturgia nos invita hoy a contemplar los acontecimientos previos al nacimiento de Jesús desde la mirada de San José; el hombre justo que supo acoger el misterio de Dios en su vida, el que en medio de la incertidumbre escuchó y confió en la palabra del Señor.

El evangelio nos presenta una escena profundamente humana y al mismo tiempo, llena de misterio. José desposado con María, descubre que ella está embarazada sin haber convivido con él. En la tradición judía, los desposorios eran un compromiso definitivo: durante un año la pareja era considerada marido y mujer, aunque no vivieran untos. En este contexto, la noticia del embarazo de María debió ser para José un golpe doloroso y desconcertante.

José hombre justo y respetuoso con la ley y del prójimo, decide apartarse en silencio para no exponer a María a la condena. Pero el ángel en sueños le dice que no tema acoger a María. El ángel se aparece a José y no a María como en Lucas. Ahí está el centro del mensaje: el Mesías tiene origen divino, no humano. Dos veces repite por obra del Espíritu Santo. Lo que Dios ofrece no coincide con las expectativas humanas; sorprende, desconcierta y rompe esquemas. José esperaba al Mesías, pero nunca imaginó que vendría de este modo y en su propia familia.

El ángel revela que el niño se llamará Jesús, (Dios salva) y Enmanuel (Dios con nosotros). José obedece y acoge a María y al niño, entrando de lleno en el proyecto de Dios.

José no se limita a cumplir la ley escrita, se abre a la misericordia y al misterio. La verdadera justicia supera la rigidez y se convierte en respeto y confianza. José no lo entiende todo pero confía. Su fe se convierte en modelo para nosotros.

El nacimiento de Jesús no sucede en un palacio sino en una familia humilde. Dios actúa en lo pequeño, en lo inesperado, en lo que rompe nuestros esquemas. La Navidad será autentica si aprendemos a reconocer su presencia en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo que parece insignificante.

A veces la vida nos sorprende con situaciones que no entendemos y que parecen romper nuestros planes. Eso le ocurrió a José. Pero en su desconcierto eligió confiar. También nosotros, en estos días previos a la Navidad, estamos llamados a abrirnos a lo inesperado de Dios.

La Navidad no solo es un recuerdo del pasado, sino la certeza de que Dios sigue viniendo a nuestra historia. Como José, nuestra comunidad está llamada a acogerlo y a dejar que su presencia transforme nuestras dudas en esperanza.

El mensaje es claro; Dios con nosotros. No estamos solos. Dios camina con nosotros, especialmente en los momentos de mayor prueba. Aprendamos de José a escuchar la voz de Dios, a confiar en su palabra y a abrirnos al misterio que se revela en lo sencillo.

Que este adviento nos disponga a recibir al Señor con corazón humilde y confiado, para que su presencia transforme nuestra vida y nuestra iglesia.

miércoles, 17 de diciembre de 2025


 

2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

La Navidad, misterio de luz

 

Contigo Jesús en esta tarde queremos meditar la enorme luz y claridad que presenta tu nacimiento en medio de nuestro mundo viejo y cansado y con tantos momentos de oscuridad. En estas fechas el realismo el profeta Isaías nos enseña que para poder evangelizar al mundo hay que erradicar las tinieblas del pecado: “El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande; creció la alegría y aumentó el gozo, porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado y es su nombre Príncipe de la paz” (Is 9,1-6).

LA NAVIDAD MISTERIO DE LUZ

Para ello necesitamos a Cristo, luz que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo, pues en la Palabra está la Vida y la vida es la luz de los hombres, aunque la Palabra vino a su casa y los suyos no la recibieron, pero a cuantos la recibieron les da el poder de ser hijos de Dios.

Imagínate las consecuencias de un apagón de luz en una gran ciudad: todo se paraliza y el miedo y la muerte intentan imponer su ley.

Contempla ahora la Hostia consagrada, que es como un foco potente que te deslumbra, y ya por doquier sólo ves luz, sólo ves a Cristo… Y oímos la voz de Pío XII a los misioneros de Alaska que, ante la dificultad de mantener encendida la lamparilla del Sagrario, les dice que ellos sean lámparas vivientes del Sagrario.

La Eucaristía es como la zarza que arde sin consumirse como señal de una presencia especial de Dios entre los hombres; es la luz que despide Jesús en su Transfiguración y Resurrección… y con razón el cristiano eucarístico repite con Pedro: ¡Qué bien se está aquí! ¿Dónde vamos a ir, si Tú tienes palabras de vida eterna?

Dios es mucho más potente que las estrellas, que las farolas, que las músicas o que las pantallas de nuestro mundo inquieto y confuso.

Una farola humilde, pequeña, luminosa. Las estrellas no pueden competir con ella. ¿Por qué? Porque la luz cercana es capaz de eclipsar astros potentes que envían inmensos rayos de luz desde muy lejos, a muchos millones de kilómetros de distancia.

Así ocurre también con la luz de Dios si la convertimos en algo lejano, casi invisible. Preferimos una farola cercana a ese rayo de esperanza que vino al mundo para iluminar a cada hombre. Preferimos un juego, un placer, un rato de sueño, un libro apasionante, mientras no tenemos tiempo para escuchar la voz de un Padre que habla en lo más íntimo de cada conciencia.

Para ver estrellas maravillosas hay que alejarse de aquellas farolas que impiden ver las hermosuras de nuestro cielo. Para escuchar a Dios hemos de apartarnos de hábitos de pecado, de apegos a bienes materiales o espirituales, para lanzarnos a la aventura de la escucha de la Palabra.

Dios es mucho más potente que las estrellas, que las farolas, que las músicas o que las pantallas de nuestro mundo inquieto y confuso. Si damos un paso decidido hacia espacios nuevos, dejaremos que la Luz brille en nosotros, y sentiremos, en lo más íntimo del alma, una seguridad inigualable, que nace cuando descubrimos, por vivir en la Luz, que somos amados por un Padre bueno.

Una luz que brille en medio de la oscuridad. Las formas emergen en medio de la noche. Empezamos a ver con algo de nitidez lo que bulle a nuestro alrededor. Un mundo de prisas y angustias trata de absorbernos, mientras el reloj corre y suena el teléfono.

Hay ocasiones en que la vida nos arrastra. Dejamos que los hechos marquen la pauta de nuestras acciones. Vivimos como despojados de quereres propios y esclavos de voluntades ajenas. Pero cuando una luz clara nos hace ver cómo perdemos el tiempo entre actos superfluos y superficiales, estamos en condiciones para dar un paso fuera de las tinieblas y de las dudas asfixiantes.

Esa luz vino al mundo, habló a los pobres y a los ricos, visitó a los enfermos, consoló a los tristes, denunció el pecado, anunció la gran fiesta de la misericordia. Esa luz tuvo un rostro y un nombre: Jesucristo. Queda atrás la noche con sus tinieblas y sus miedos. Rompemos con ambiciones que carcomen lo mejor del alma. Abrimos el corazón a Dios, que nos conoce y ama como Padre bueno. Una luz clara ilumina los ojos de mi alma y me impulsa a pedir perdón, a perdonar, y a buscar la paz que viene de lo alto y que llena la vida de esperanza. Amén

sábado, 13 de diciembre de 2025


 


 


 


 En caso de lluvia se suspenderá la romería y la misa de campaña


 

ACCIÓN DE GRACIAS

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Decimos que eres el esperado

pero ¡esperamos a tantos y tantas cosas!

Decimos que haces ver a los ciegos,

pero nos cuesta tanto mirar por tus ojos.

Decimos que haces andar a los paralíticos,

pero se nos hace tan difícil caminar por tus senderos!

Vienes a limpiar nuestras conciencias,

y nosotros preferimos caminar en el fango.

Sales a nuestro encuentro para darnos vida,

y abrazamos las cuerdas que nos llevan a la muerte.

Te adelantas para enseñarnos el camino de la paz,

y somos pregoneros de malos augurios.

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Como Juan, queremos saberlo, Señor.

Como Juan, quisiéramos preparar tu llegada, Señor.

Como Juan, aún en la cárcel,

en la que a veces se convierte el mundo,

levantamos nuestra cabeza porque queremos que Tú nos liberes

Si eres la alegría, infunde a nuestros corazones júbilo.

Si eres salud, inyéctanos tu fuerza y tu salvación.

Si eres fe, aumenta nuestro deseo de seguirte.

Si eres amor, derrámalo en nuestras manos.

para, luego, poder ofrecerlo a nuestros hermanos.

Quien quiera que seas…sólo sé que el mundo te necesita.

Que el mundo requiere de un Niño que le devuelva la alegría.

Que la tierra, con tu Nacimiento, recobrará la paz y la esperanza.

Por eso, Señor, porque sabemos quién eres Tú…

Ven y no tardes en llegar…Señor. Amén.


 

2025 CICLO A

TIEMPO DE ADVIENTO III

Hoy, Domingo III de Adviento, es el domingo “Gaudete”, es decir de la alegría, estad alegres. La alegría cristiana brota de esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, está con nosotros, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece también en la prueba, incluso en el sufrimiento; y no está en la superficie, sino en lo más profundo de la persona que confía en Él. 

Hay alegría, porque un Niño nos va a nacer, será nuestra sonrisa, nuestra fortaleza en Navidad. Desde ahora, vislumbramos lo que acontece en Navidad. Pero ojo que nadie sustituya ni nos robe la alegría cristiana derivándola hacia un puro sentimentalismo de luces, recuerdos y colores.

Viene, Dios, a salvarnos. Viene, Dios, y nuestras tristezas y llantos, tendrán un final. Por eso es el domingo del regocijo. En el mundo, desgraciadamente, no abundan las buenas noticias. Para una que viene envuelta en alegría, surgen otras tantas que nos sobresaltan y nos hacen morder el polvo de nuestra realidad.

Para celebrar con verdad la próxima Navidad, hay que tener, hambre, pero no de turrón ni sed de licor, sino hambre de Dios. Ganas de que, su llegada, inunde la reunión de nuestras familias; motive e inspire los villancicos; que, su inmenso amor, mueva espontáneamente y en abundancia nuestra caridad o que, el silencio en el que se acerca haga más profunda y sincera nuestra oración.

Sigamos preparando los caminos al Señor y si podemos hagámoslo con alegría. Sin desencanto ni desesperación. El Señor, no quiere sonrisas postizas, pero tampoco caras largas. No estamos solos ni desahuciados, el Señor acompaña nuestra historia y viene, siempre viene, aunque en ocasiones no sea como imaginábamos… ya está aquí porque también tiene sed de nosotros.

Juan Bautista, el más grande entre los nacidos de mujer, está aturdido, duda y pide ayuda. ¿Eres tú o debemos esperar a otro?

Y Jesús responde de manera maravillosa: no ofrece definiciones, pensamientos, ideas, teología, ni siquiera responde con un «sí» o un «no». Cuenta historias: Los ciegos ven, los cojos andan… Cuenta seis historias que comunican vida.

Jesús parte de los últimos de la fila, por las lágrimas: ciegos, lisiados, sordos, leprosos, muertos, pobres...; por donde la vida está más amenazada. Y les hace un vestido de caricias. No cura a la gente para reforzar las filas de los discípulos, sino para devolverles la humanidad plena y curada, para que sean hombres libres y completos. Y para que no tengan que llorar más. Y les pide a los discípulos de Juan el Bautista que continúen la historia: contad lo que veis y oís.

Esta es la narración que más necesita la tierra para alimentarse: historias de creyentes creíbles. Aprendamos con Jesús a ver todo el amor y la bondad que nos rodea; a caminar y crecer rompiendo con las perezas, los egoísmos y temores; a convertirnos en un signo de esperanza, en un anuncio de bien.

miércoles, 10 de diciembre de 2025


 

Meditación Eucarística:

Una vida llena de optimismo

Señor Jesús en estos momentos de intimidad contigo queremos aprender de ti a tener un corazón optimista y disponible. Tantas veces te pedimos que cambies nuestra suerte, que muevas las piezas externas de nuestra vida para que todo encaje según nuestros deseos. Pero tú nos enseña que el mayor milagro no ocurre fuera de nosotros, sino dentro. Tú no viniste solamente a cambiar circunstancias, sino a cambiar corazones.

Cuando en nuestra oración pedimos que seamos transformados, nuestro carácter, nuestros pensamientos, nuestra manera de ver y de responder, entonces descubrimos algo sorprendente: muchas de las bendiciones que buscábamos ya estaban presentes, pero no teníamos ojos para verlas.

La vida que nos ha tocado, con sus retos y sus luces, no es un castigo ni un accidente; puede ser el lugar exacto donde Dios quiere formarnos, fortalecernos y mostrarnos su fidelidad.

Cuando cambiamos nosotros, cambia todo. No porque las circunstancias se modifiquen, sino porque el Espíritu Santo abre nuestros ojos para reconocer que donde pensábamos que solo había peso, había propósito; donde veíamos pérdida, había preparación; donde creíamos que faltaba bendición, Dios ya había sembrado promesas.

Una vida llena de optimismo: Cuenta la historia que una familia pobre tenía la facultad de tomar todas las cosas por su mejor lado, y una mujer rica se interesó por ayudarlos. Pero un día, la visitó un vecino de la familia pobre, y le dijo que la estaban engañando:

- Los niños de aquella familia siempre comen cosas deliciosas, lujos que ni yo puedo permitirme, dijo el vecino.

La mujer rica fue a visitar esta familia al mediodía. Estaba de pie junto a la puerta, a punto de llamar, cuando oyó que una de las niñitas le preguntaba a otra:

- ¿Te vas a servir asado hoy?

- No, creo que comeré pollo respondió la otra niña.

Al oír esto, la mujer golpeó la puerta y entró inmediatamente. Vio a las dos niñas sentadas a la mesa en la que había unas pocas rebanadas de pan seco, dos papas frías, un jarro de agua y nada más. A sus preguntas, contestaron que fingían que su pobre comida era una gran variedad de manjares, y el juego hacía que la comida fuera un verdadero festín:

- Usted no sabe lo delicioso que es el pan cuando te imaginas que es un pastel de chocolate.

- Pero es mucho más rico si lo llamas helado de crema, dijo la otra niña.

La señora rica salió de allí, con una nueva idea de lo que significa el optimismo. Descubrió que la felicidad no está en las cosas, sino en los pensamientos. Acababa de aprender lo que Salomón había dicho tanto tiempo antes, que "el ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad; pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará?".

Jesús que no pidamos que cambie nuestra suerte, pidamos ser transformados nosotros, y nuestros pensamientos. Entonces, veremos que hay bendiciones que nos aguardan en la suerte que nos ha correspondido.  Por eso, en vez de pedir una vida distinta, pidamos un corazón dispuesto. En vez de pedir que cambie nuestra suerte, pidamos que Cristo nos transforme. Entonces veremos que la gracia ya nos aguardaba en el camino que hoy estamos recorriendo.

Y cuando comenzamos a caminar con ese corazón transformado, se produce un segundo milagro: comprendemos que Dios no se equivoca con los caminos por donde nos lleva. Lo que antes considerábamos una carga puede convertirse en una escuela de humildad, de paciencia, de confianza. Lo que parecía un retraso puede ser, en realidad, el ritmo perfecto para que nuestro espíritu madure. La fe cristiana nunca ha prometido una vida sin dificultades, pero sí promete compañía, sentido y victoria espiritual en medio de ellas. Jesús mismo dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Esa victoria no siempre se manifiesta como un cambio inmediato de circunstancias, sino como la fortaleza interna para enfrentarlas con esperanza y con paz.

Y así, la bendición deja de ser algo que esperamos que llegue desde fuera, y se convierte en algo que brota dentro. Las mismas circunstancias que antes nos desesperaban pueden llegar a ser el lugar donde experimentemos la presencia más profunda del Señor, la sabiduría más clara y la madurez más sólida. Amén.