2025
CICLO A
TIEMPO
DE ADVIENTO III
Hoy, Domingo III de Adviento, es el domingo
“Gaudete”, es decir de la alegría, estad alegres. La alegría cristiana brota de
esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, está con nosotros, en la alegría y
en el dolor, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta
alegría permanece también en la prueba, incluso en el sufrimiento; y no está en
la superficie, sino en lo más profundo de la persona que confía en Él.
Hay alegría, porque un Niño nos va a
nacer, será nuestra sonrisa, nuestra fortaleza en Navidad. Desde ahora, vislumbramos
lo que acontece en Navidad. Pero ojo que nadie sustituya ni nos robe la alegría
cristiana derivándola hacia un puro sentimentalismo de luces, recuerdos y
colores.
Viene, Dios, a salvarnos. Viene, Dios, y
nuestras tristezas y llantos, tendrán un final. Por eso es el domingo del
regocijo. En el mundo, desgraciadamente, no abundan las buenas noticias. Para
una que viene envuelta en alegría, surgen otras tantas que nos sobresaltan y nos
hacen morder el polvo de nuestra realidad.
Para celebrar con verdad la próxima Navidad,
hay que tener, hambre, pero no de turrón ni sed de licor, sino hambre de Dios.
Ganas de que, su llegada, inunde la reunión de nuestras familias; motive e
inspire los villancicos; que, su inmenso amor, mueva espontáneamente y en
abundancia nuestra caridad o que, el silencio en el que se acerca haga más
profunda y sincera nuestra oración.
Sigamos preparando los caminos al Señor
y si podemos hagámoslo con alegría. Sin desencanto ni desesperación. El Señor,
no quiere sonrisas postizas, pero tampoco caras largas. No estamos solos ni
desahuciados, el Señor acompaña nuestra historia y viene, siempre viene, aunque
en ocasiones no sea como imaginábamos… ya está aquí porque también tiene sed de
nosotros.
Juan Bautista, el más grande entre los
nacidos de mujer, está aturdido, duda y pide ayuda. ¿Eres tú o debemos esperar
a otro?
Y Jesús responde de manera maravillosa:
no ofrece definiciones, pensamientos, ideas, teología, ni siquiera responde con
un «sí» o un «no». Cuenta historias: Los ciegos ven, los cojos andan… Cuenta
seis historias que comunican vida.
Jesús parte de los últimos de la fila, por
las lágrimas: ciegos, lisiados, sordos, leprosos, muertos, pobres...; por donde
la vida está más amenazada. Y les hace un vestido de caricias. No cura a la
gente para reforzar las filas de los discípulos, sino para devolverles la
humanidad plena y curada, para que sean hombres libres y completos. Y para que
no tengan que llorar más. Y les pide a los discípulos de Juan el Bautista que
continúen la historia: contad lo que veis y oís.
Esta es la narración que más necesita la
tierra para alimentarse: historias de creyentes creíbles. Aprendamos con Jesús a
ver todo el amor y la bondad que nos rodea; a caminar y crecer rompiendo con
las perezas, los egoísmos y temores; a convertirnos en un signo de esperanza,
en un anuncio de bien.

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