sábado, 13 de diciembre de 2025


 

2025 CICLO A

TIEMPO DE ADVIENTO III

Hoy, Domingo III de Adviento, es el domingo “Gaudete”, es decir de la alegría, estad alegres. La alegría cristiana brota de esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, está con nosotros, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece también en la prueba, incluso en el sufrimiento; y no está en la superficie, sino en lo más profundo de la persona que confía en Él. 

Hay alegría, porque un Niño nos va a nacer, será nuestra sonrisa, nuestra fortaleza en Navidad. Desde ahora, vislumbramos lo que acontece en Navidad. Pero ojo que nadie sustituya ni nos robe la alegría cristiana derivándola hacia un puro sentimentalismo de luces, recuerdos y colores.

Viene, Dios, a salvarnos. Viene, Dios, y nuestras tristezas y llantos, tendrán un final. Por eso es el domingo del regocijo. En el mundo, desgraciadamente, no abundan las buenas noticias. Para una que viene envuelta en alegría, surgen otras tantas que nos sobresaltan y nos hacen morder el polvo de nuestra realidad.

Para celebrar con verdad la próxima Navidad, hay que tener, hambre, pero no de turrón ni sed de licor, sino hambre de Dios. Ganas de que, su llegada, inunde la reunión de nuestras familias; motive e inspire los villancicos; que, su inmenso amor, mueva espontáneamente y en abundancia nuestra caridad o que, el silencio en el que se acerca haga más profunda y sincera nuestra oración.

Sigamos preparando los caminos al Señor y si podemos hagámoslo con alegría. Sin desencanto ni desesperación. El Señor, no quiere sonrisas postizas, pero tampoco caras largas. No estamos solos ni desahuciados, el Señor acompaña nuestra historia y viene, siempre viene, aunque en ocasiones no sea como imaginábamos… ya está aquí porque también tiene sed de nosotros.

Juan Bautista, el más grande entre los nacidos de mujer, está aturdido, duda y pide ayuda. ¿Eres tú o debemos esperar a otro?

Y Jesús responde de manera maravillosa: no ofrece definiciones, pensamientos, ideas, teología, ni siquiera responde con un «sí» o un «no». Cuenta historias: Los ciegos ven, los cojos andan… Cuenta seis historias que comunican vida.

Jesús parte de los últimos de la fila, por las lágrimas: ciegos, lisiados, sordos, leprosos, muertos, pobres...; por donde la vida está más amenazada. Y les hace un vestido de caricias. No cura a la gente para reforzar las filas de los discípulos, sino para devolverles la humanidad plena y curada, para que sean hombres libres y completos. Y para que no tengan que llorar más. Y les pide a los discípulos de Juan el Bautista que continúen la historia: contad lo que veis y oís.

Esta es la narración que más necesita la tierra para alimentarse: historias de creyentes creíbles. Aprendamos con Jesús a ver todo el amor y la bondad que nos rodea; a caminar y crecer rompiendo con las perezas, los egoísmos y temores; a convertirnos en un signo de esperanza, en un anuncio de bien.

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