miércoles, 31 de diciembre de 2025


 

2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

Abrazando lo nuevo

Señor Jesús sacramentado en este ultimo día del año queremos pasar estos momentos contigo para agradecer tantos dones y bienes recibidos, y muchos de ellos sin apenas darnos cuenta que eran obra tuya.

El tiempo pasado nos ha ayudado a encontrarnos a nosotros mismos y tanto en la bondad como cuando las cosas no han ido tan bien, queremos agradecerte por lo vivido y por lo que nos queda por vivir. Escuchemos esta bonita historia.

Abrazando lo nuevo: Lucía vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas. A medida que se acercaba el final del año, ella reflexionaba sobre sus experiencias y deseaba un cambio en su vida. Se sentía atrapada por las sombras del pasado y anhelaba la luz de un nuevo comienzo.

Decidió emprender un viaje hacia la cima de la montaña más alta, donde se decía que se encontraba un sabio anciano conocido por su profunda sabiduría. Al llegar, Lucía encontró al anciano contemplando el atardecer. Lucía le explicó que lo buscaba porque necesitaba de su sabiduría para comprender muchas situaciones difíciles de su vida.

- Querida Lucía, dijo el anciano, para abrazar lo nuevo, primero debes soltar lo viejo que ya no te sirve. Ven, te contaré una historia que te ayudará a comprender.

El anciano comenzó a relatar la historia de un árbol antiguo que, a lo largo de los años, había acumulado ramas secas y hojas marchitas. Este árbol representaba la vida de Lucía, con sus experiencias y cargas acumuladas. En la víspera de cada año nuevo, el árbol tenía la sabiduría de soltar sus ramas secas y hojas marchitas. No temía perder lo viejo, porque entendía que, al hacerlo, permitía espacio para nuevas ramas verdes y hojas frescas que le darían vida.

Lucía reflexionó sobre la historia y comenzó a comprender la lección del anciano. Decidió simbólicamente dejar atrás sus cargas emocionales y las ataduras del pasado, aprendiendo a soltar lo que ya no le servía.

Con el amanecer del nuevo año, Lucía descendió de la montaña con ligereza en el corazón. Se dio cuenta de que el viaje no solo la llevó a la cima de la montaña, sino también a la cima de su propia comprensión. Estaba lista para abrazar lo nuevo y permitir que las experiencias frescas florecieran en su vida.

Al regresar al pueblo, Lucía compartió su historia y animó a otros a soltar las ramas secas de sus vidas. Inspirados por su valentía, los habitantes del pueblo también abrazaron la idea de soltar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo. Para abrazar lo nuevo, primero debemos soltar lo viejo que nos pesa el corazón.

Señor Jesús esta historia de Lucía refleja una experiencia profundamente humana y también profundamente cristiana: el deseo de renovación interior. Como Lucía, muchas veces caminamos cargando ramas secas del pasado: culpas no perdonadas, heridas abiertas, miedos, rencores o fracasos que pesan en el corazón y nos impiden avanzar.

El viaje a la montaña simboliza el camino espiritual que todo creyente está llamado a recorrer: salir del ruido cotidiano para encontrarse con la sabiduría que viene de lo alto. En la fe cristiana, ese “sabio anciano” nos recuerda a Dios mismo, quien nos invita constantemente a confiar en Él y a entregarle aquello que ya no nos da vida.

Dios, como buen agricultor, poda lo seco no para destruir, sino para que haya más fruto: “Todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Juan 15,2).

Soltar lo viejo no significa olvidar, sino entregar. Significa dejar en manos de Dios aquello que ya no podemos cargar solos. Lucía desciende de la montaña con un corazón ligero porque ha aprendido a confiar. Así también nosotros, cuando nos abandonamos a ti, descubrimos que la verdadera renovación no viene solo con el cambio de año, sino con un corazón dispuesto a dejarse transformar por el Espíritu Santo. Y compartir nuestra su experiencia, porque la fe no es solo personal, sino comunitaria. Cuando uno se renueva en Dios, se convierte en luz para los demás. Que comencemos cada etapa de la vida con fe, soltando lo que nos aleja de Dios y abrazando la novedad que Él quiere hacer en nosotros. Que el Señor nos conceda un corazón dispuesto a soltar, confiar y florecer en Su amor.

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