domingo, 12 de mayo de 2019



ESCUCHARTE – CONOCERTE - SEGUIRTE
Dijo Jesús: mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna… Yo y el Padre somos uno

ENTRA EN TU INTERIOR
En el evangelio de este domingo – 4º de Pascua- Juan nos ilustra la imagen del Pastor bueno, del Pastor de la humanidad, que da la vida por sus ovejas, es decir por los hombres. La relación con el Pastor es individual- nos conoce a cada uno- dentro de la colectividad y se basa en tres actitudes: Escucha, conocimiento y seguimiento. Su voz se escucha en nuestro interior, aunque en demasiadas ocasiones nos distraemos, o  nos enfocamos más en lo que queremos decirle que en tener la apertura de corazón para escucharle. Él solamente llama, la decisión de seguirlo dependerá de cada uno de nosotros. Pero escuchar solo no basta, hay que ponerse en movimiento, en camino para entrar en la nueva dinámica, conocerle  para estar en sintonía, para seguirle. Desde la relación de Amor, al que es Amor, conseguiremos la comunión con Él. Amor que da la vida para que cada uno de nosotros tengamos vida eterna. Estar en sintonía con Jesús es estar en sintonía con el Padre “Yo y el Padre somos uno”

domingo, 5 de mayo de 2019





¡ES EL SEÑOR!
Estando Simón Pedro y varios discípulos en el Lago Tiberíades, salieron a pescar, pero esa noche no pescaron nada…amaneciendo, Jesús se presenta sin que ellos le reconozcan y les manda echar las redes. Tanto pescaron que no podían sacarla…
ENTRA EN TU INTERIOR
Este domingo celebramos el 3º Domingo de Pascua, hace varios días celebrábamos el Domingo de Pascua, Cristo Resucitado. Tal vez empezamos este periodo con alegría, pero el paso de los días nos ha hecho volver a la “rutina cotidiana”, ha perdido intensidad nuestra alegría inicial. Simón Pedro y los discípulos regresan a pescar como antes, pero ya nada puede ser como “antes”, se encuentran tristes y solos, la rutina y lo cotidiano da paso a la languidez, a la “oscuridad”. Amanece la luz de la mañana y con ella Jesús y le invita a volverlo a intentar, pero en este caso el resultado es sorprendente. El discípulo amado  dice: ¡Es el Señor!, el amor hace descubrirlo. Todo puede empezar de nuevo, todo puede ser diferente. Jesús pregunta por tres veces ¿Me amas? a Simón Pedro, “Señor, tú sabes que te quiero” y le indica su misión. Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros ¿me quieres?, ¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Aceptaremos nuestra misión?