miércoles, 3 de febrero de 2021



2021 ENERO MEDITACION EUCARISTICA,

 EL SAPO Y LA ROSA

Aquí delante de Ti Señor nos postramos con un sentido de adoración y de humildad. Nos sentimos faltos de tu presencia y queremos que tú nos llenes el corazón, que lo inundes con la fuerza de tu gracia y de tu amor. Queremos pasar unos momentos a solas contigo, intentando dejar fuera las preocupaciones, los sinsabores, los problemas y angustias que nos afligen. Ahora solo queremos llenarnos de ti, sentirte vivo y muy cerca de nosotros, tanto que nos abrimos de par en par, abrimos nuestro interior para que tú lo habites y lo planifiques. Queremos que nos ayudes a vencer nuestros orgullos y egoísmos y sentir la necesidad tuya y la de los otros, la de nuestros hermanos. Todos nos hacen falta para ser completos. Lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Todos somos necesarios. Me viene a la memoria la parábola del trigo y de la cizaña, cuando el agricultor quería arrancarla siendo muy pequeñas, pero el dueño de los sembrados le dijo: No, no lo arranques porque podrías arrancar junto a la cizaña también el trigo, lo bueno que surge en el campo. Más bien déjalos crecer juntos ya llegará el momento de la cosecha y entonces separaremos el trigo y la cizaña, lo bueno y lo malo.

La convivencia con todos los seres humanos es necesaria, nos ayuda a crecer y a fortalecer nuestras convicciones y nuestra belleza interior y exterior. Escuchemos la enseñanza de este bonito cuento de la Rosa y el sapo:

“Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Allí también vivía un sapo, que habían crecido juntos. Durante mucho tiempo compartieron todo tipo de vivencias, secretos y sobretodo una amistad que parecía eterna. La vida iba pasando y el sapo observaba como su amiga se volvía cada vez más y más hermosa. Para él era un placer los momentos que pasaba junto a ella, la visitaba y le contaba todas las cosas que pasaban en aquel bonito jardín. La rosa se daba cuenta de su hermosura y de la atracción que producía en la gente que la miraba. El único problema es que de vez en cuando aparecía el sapo dando saltos a su alrededor y espantaba a quienes se acercaban.

La gente no se acercaba mucho a ella y se conformaban con verla de lejos. Era a causa del sapo grande y oscuro que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: pero hasta ahora nunca te había molestado mi presencia y te gustaba que estuviera a tu alrededor y hablar conmigo.

- Es cierto contestó la rosa, pero me he dado cuenta que espantas a todos los visitantes que vienen a admirar mi hermosura, les asustas, y además tu aspecto ya no armoniza con mi belleza.

- Vaya, que lejos han quedado aquellos tiempos. Ambos se quedaron callados durante una eternidad, él esperaba una rectificación y ella en cambio esperando que se fuera.

- Está bien, si así lo quieres, no te preocupes el jardín es muy grande puedo irme a cualquier otro sitio. Y se alejó de allí. La primavera pasó, el verano también el otoño y durante todo aquel tiempo ambos hicieron su vida por separado. No volvieron a verse. Meses y meses pasaron hasta que un día el sapo decidió acercarse e ir a visitar a la rosa, pero al llegar se quedó completamente sorprendido, su amiga, aquella bonita flor estaba ahora marchita. Apenas quedaba rastro de su belleza, sus pétalos estaban agujereados y su tallo caído.

- Hola rosa,

- Hola sapo

- Pero, ¿qué te ha pasado?

- No lo sé, los primeros días todo fue bien, pero poco a apoco aparecieron las hormigas y otros bichos y un día un picotazo aquí y un picotazo allá, se han apoderado de mí y nunca pude volver a ser igual.

El sapo solo contestó:

- Pues claro, Nunca te diste cuenta porque estabas demasiado ocupada observando tu propia belleza, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y esos bichos, y por eso siempre eras la más bella del jardín”.

Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos o simplemente que no nos “sirven” para nada. Todos tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera seamos conscientes.

Señor ayúdanos a reconocer el valor de los demás, todos los que tú nos colocas en nuestro camino. Te agradecemos tu bondad para con nosotros y te pedimos que también la muestres a todo ser humano que necesita encontrarse y encontrarte. Amén.

 

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