2021 SEPTIEMBRE ADORACIÓN
EUCARISTICA.
EL AMOR ES LO MÁS FUERTE
Aquí estamos Señor. Delante de ti eucaristía. Nos sentimos tremendamente envueltos en tu cercanía y sentimos con fuerza tu amor misericordioso sobre cada uno de nosotros. Sentimos que formamos parte de ti y que tú formas para de nosotros como comunidad y como individuos.
Tu amor y tu
entrega para con tus criaturas, para con tus hermanos es “grande” y “fuerte”.
Como San Pablo cuando recibió la llamada del Señor en el camino de Damasco.
Allí comenzó a entender el misterio de Cristo, hasta tal punto que sintió que el
Señor lo acompañaba siempre, en las cosas bellas y en las malas.
Así también lo
sentimos nosotros, con amor. Estamos seguros que el Señor nunca abandona. Entendemos
el Amor de Cristo en nuestras propias vidas, inmerso en la realidad más
profunda de nuestro ser. Es el único camino valido, el del amor siempre, en las
buenas y en las malas, siempre y por delante. Esta es la grandeza de Jesús.
Escuchemos
está historia verídica de una de las tribus indoamericanas:
Un día una niña le preguntó a la anciana más sabia
de su tribu:
- ¿Qué es lo más fuerte?
La mujer sabia le dijo unos minutos después: Las
cosas más grandes del mundo son nueve:
El hierro es muy fuerte, pero el fuego lo derrite.
El fuego es fuerte, pero el agua lo apaga.
El agua es fuerte, pero el sol la evapora y se
convierte en nubes.
Las nubes son fuertes, pero el viento las dispersa.
El viento es fuerte, pero también la montaña lo
detiene.
La montaña es alta, pero el hombre la conquista.
El hombre es fuerte, pero tristemente la muerte lo
conquista.
¡Entonces es la muerte más fuerte! interrumpió la
niña
- No - prosiguió la anciana, ¡Sólo el AMOR ...
sobrevive a todo y es el más fuerte de todos"
El amor es lo
único que nos salva y que es más fuerte que la misma muerte. De ahí la
necesidad de dejarnos amar por Dios y por la gente que nos quiere.
Jesucristo fue
enviado por el Padre para salvarnos y lo hizo con amor, dio su vida por mí, por
ti, por nosotros: no hay amor más grande que el dar la vida por el otro.
Pensemos en una madre, el amor de una madre, por ejemplo, que da la vida por su
hijo, siempre lo acompaña en la vida, en los momentos difíciles, pero aún es
poco... Es un amor cercano a nosotros, no es un amor abstracto. El amor de
Jesús es un amor yo-tú, yo-tú, cada uno de nosotros, con nombre y apellido”.
Jesús al
acercarse a Jerusalén y presintiendo todo lo que iba a ocurrir llora, su
inmenso amor le lleva a expresar esos sentimientos interiores en lágrimas y
sollozo. Su grande amor lo lleva al llanto, al llanto por cada uno de nosotros.
La ternura que existe en esta expresión. Jesús podía condenar a Jerusalén,
decir cosas feas… Y se lamenta porque no se deja amar como los pollitos de la
gallina. Esta ternura del Amor de Dios en Jesús demuestra una fortaleza enorme
y una lucha incansable por aquello que más aprecia. El amor no se derrumba
jamás.
En esta tarde
te pedimos Jesús sacramentado que nos hagas sentir, que nos hagas entender la
ternura del Amor de Dios en Jesús por cada uno de nosotros, nunca podremos comprender
en profundidad qué es el Amor de Cristo. Pero estamos convencidos que es un
amor robusto, fuerte, espera siempre, es paciente… También con los grandes
pecadores, hasta el final Él ama con esta ternura que le desborda.
Sabemos que la
esperanza es más fuerte que el desánimo. Creemos que el amor es más fuerte que
la muerte, y que sin duda un día triunfará, aunque en tiempos y formas que
nosotros no conocemos. Amén
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