sábado, 6 de enero de 2024
Tú, estrella divina,
nos ayudas a descubrir el corazón de Dios que
late en un portal a postrarnos ante Aquel
que, siendo Dios, se hace hombre a
ofrecer, entre miserias y debilidades, la
fortuna de nuestra fe.
Eres, estrella celeste,
manifestación de un Dios que guía al hombre
hasta Jesús sendero por el que caminan los
que elevan sus ojos hacia el Creador luz para todo aquel que, viviendo en la oscuridad, busca nitidez para su
fe.
Eres, estrella que
cruza el inmenso cielo, dedo que señala al rey que todos esperan.
Eres, estrella que
parpadea
con guiño de Dios, veleta que nos revela al rey humilde y oculto, real, universal, rompiendo las
fronteras que los hombres vamos levantando.
Estrella de Belén
eres signo de un acontecimiento llamado a ser
universal que lleva a un Dios escondido.
¡Párate, detente
estrella divina y veloz!
Queremos vislumbrar, ya
desde ahora, a Aquel que profetas y reyes, ángeles y pastores anunciaron y
adoraron.
Gracias, Señor,
pues, bien sabemos, que cuando hay LUZ la LUZ ya no tiene estrellas.
Y, Tú, Señor,
eres luz que apaga y esconde todas las demás
estrellas. Amén.
2024
CICLO B TIEMPO DE NAVIDAD
EPIFANIA
Queridos hermanos hoy celebramos la Epifanía, la manifestación de Dios
a todos los pueblos. Los antiguos estaban convencidos de que el nacimiento de
un gran personaje, o un cambio importante en el mundo, era anunciado por la
aparición de una estrella.
De acuerdo con lo anterior, nadie en Israel se habría extrañado de que
una estrella anunciase el nacimiento del Mesías. La originalidad de Mateo
radica en que la estrella que anuncia el nacimiento del Mesías se deja ver
lejos de Judá. Pero la gente normal no se pasa las noches mirando al cielo, ni
entiende de astronomía. Solo la distinguen unos astrónomos de la época, los
magos de oriente: son los que tienen conocimientos profundos de la historia.
La narración es muy sencilla pero una auténtica joya literaria. El
arranque, para un lector judío, resulta dramático. “Jesús nació en Belén en
tiempos del rey Herodes”. El caso de Herodes es un caso patológico de apego al
poder y miedo a perderlo, que le llevó incluso a asesinar a sus hijos y a su
esposa. Al enterarse del nacimiento de Jesús, creyendo que era su competidor,
intentó matarlo.
Y justo se entera de la manera más inesperada, no por información de
la policía secreta, sino por unos personajes inocentes, los magos.
La estrella podría haberlos guiado directamente a Belén, pero entonces
no se advertiría el contraste entre los magos y las autoridades políticas y
religiosas judías. La solución es fácil. La estrella desaparece en el momento
más inoportuno, cuando sólo faltan nueve kilómetros para llegar, y los magos se
ven obligados a entrar en Jerusalén.
Nada más llegar formulan, con toda ingenuidad, la pregunta más
comprometedora: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos
visto su estrella y venimos a adorarlo”. Una bomba para Herodes. La respuesta,
consultado a los escribas, es inmediata: “En Belén, porque así lo anunció el
profeta Miqueas”. Herodes informa a los magos y éstos parten.
Pero van solos, las autoridades políticas y religiosas judías no se preocupa
por rendir homenaje a Jesús. Conocen la Biblia, saben las respuestas a todos
los problemas divinos, pero carecen de fe. Mientras los magos han realizado un
largo e incómodo viaje, ellos son incapaces de dar un paseo de nueve
kilómetros. El Mesías es rechazado desde el principio por su propio pueblo,
anunciando lo que ocurrirá años más tarde.
Los magos no se extrañan ni se desaniman. Emprenden el camino, y la
reaparición de la estrella los llena de alegría. Llegan a la casa, rinden
homenaje y ofrecen sus dones. Estos regalos se han interpretado desde antiguo
de manera simbólica: oro (realeza), incienso (divinidad), mirra (sepultura).
Alegría, adoración y regalo: Son las actitudes que nos mueven esta
fiesta, la alegría por la luz inmensa que proviene de lo alto, la adoración al
niño, y el ofrecimiento de los regalos. Eso es lo típico del 6 de enero. Pero el
mejor regalo es ofrecernos, llenos de alegría, a los demás.
miércoles, 3 de enero de 2024
2024 ENERO MEDITACIÓN EUCARÍSTICA
DESEOS DE AÑO NUEVO
Ante todo, nos ponemos en tu presencia
Jesús, hijo de Dios y de María, de una manera consciente y detenida. Señor, Tú
estás aquí. Yo lo creo. Tú me ves... Me contemplas... Penetras mi alma hasta el
fondo... Me escuchas... Me amas... Yo soy alguien para Ti. Importo ante tus
ojos. Lo creo, Señor, porque Tú lo dijiste; y ni quieres, ni puedes engañarnos.
Si Tú estás aquí, y lo creo, debo comportarme como lo hago delante de alguien
que es muy importante para mí. Este acto de oración y meditación, de búsqueda
de Ti, de tu voluntad. Sea para tu mayor gloria.
En una ocasión Dios me dio a conocer la
caducidad de la vida. Y ahora no necesito enviar mensajes a mi cerebro. Un
nuevo año llegado. El tiempo es breve. Urge la santidad. Lamentaremos en el
futuro no haber entregado al Señor hasta los últimos rincones de nuestras
almas. Al arrancar cada día la hoja del calendario, soy consciente: jamás
volverá esta jornada. El bien no practicado por olvido o pereza, será una isla
de vacío en el pequeño lago de nuestra existencia. Este nuevo año galopará más
aún que los anteriores. Cada momento es una oportunidad irrepetible. ¿Cuándo
nos entregaremos de verdad a nuestro Dios y Señor? Pasarán junto a nosotros
personas; podremos derramar sobre ellas amor y entrega generosa. ¡Hora es ya de
abandonar la comodidad y el respeto humano, hijos del egoísmo! El regalo de un
año nuevo puede ser el último
Merece la pena vivir como cuando vivimos
el ideal cristiano. Lo importante es ir poco a poco aumentando este amor a
Dios. Conocerle más y más en la lectura y la oración. Vencer nuestras
inclinaciones hacia el mal; renunciar a nosotros mismos. Entregarnos cada vez
más totalmente a Él.
Cuando llega el año nuevo nos viene a la
memoria aquella frase de Kempis: "Si
cada año quitáramos un defecto, pronto seríamos perfectos". Seamos conscientes
de que Él quiere nuestro esfuerzo y amor, y nos dará ilusión para comenzar el
año con el deseo de su mayor gloria. ¡Es hermoso vivir con esperanza!
Que el amor esté presente en cualquier
palabra que digamos. Que las verdaderas amistades continúen y nunca las
perdamos. Que el perdón y la compasión superen la amargura y las desavenencias.
El inicio del nuevo año siempre nos
inquieta, pero desde que ha comenzado el siglo XXI, nos impresiona aún más.
Cuánto tiempo perdido en etapas anteriores.
Ser amantes de verdad de Jesús en la
Eucaristía para conseguir mayor eficacia en el desarrollo el Reino de Dios. Vamos
a reconocer en los inicios del nuevo año a Jesús en "la fracción del
pan"; vamos a escuchar su grito en el silencio del Sagrario que habla a
nuestro corazón en diálogo de amor, en llamada a la felicidad de la Comunión,
que nadie más que Dios puede proporcionar. ¿Qué nos ha ocurrido durante tantos
años perdidos? Hemos buscado en cualquier otro lugar nuestra satisfacción, y
por eso no ha sido completo nuestro gozo. ¡Y nuestra actividad en el Reino,
puro fracaso!
Procuremos con la ayuda del Señor una
actitud general alegre, positiva y sin estrés psicológico. Cuidado con estar
tenso desde la mañana. Levantarse con paz; dedicar unos minutos a la oración;
al ejercicio; no marchar de casa precipitado al trabajo.
Tengamos pensamientos positivos siempre,
y de una manera más consciente cuando llegan los problemas. Ni el trabajo, ni
la relación con los demás han de impedir nuestra actitud alegre, positiva y sin
estrés.
Un paso decisivo para la salud mental es
reconocer que el trabajo no lo es todo; que se puede vivir con menos recursos
económicos, que las personas cercanas no están en contra de nosotros. Gran
parte de la felicidad está en la familia y en el tiempo libre.
Elegir un talante positivo para
enfrentarse con los problemas diarios. Las dificultades no deben sorprenderte
ni irritarte, porque has de saber controlar las situaciones.
Acepta lo que no se puede modificar; no
malgastemos tiempo ni energía quejándonos. Jamás dramaticemos, y tratemos de
encontrar el lado divertido de las situaciones. Rechaza los pensamientos
negativos y cámbialos por positivos.
Señor enséñanos a busca soluciones, y
sacar provecho de las circunstancias. Que construyamos la vida sobre la base
del amor a Ti y al prójimo, sobre el amor a la familia. El amor alimenta el
entusiasmo y enriquece a uno mismo y a cuantos nos rodean. Amén
lunes, 1 de enero de 2024
2024 CICLO B
SOLEMNIDAD DE SANTA
MARÍA MADRE DE DIOS
La fiesta de Santa
María Madre de Dios es también el día de la octava de Navidad. De hecho,
seguimos contemplando y celebrando el misterio de la Encarnación del Hijo de
Dios para nuestra salvación. Después de contemplar a Jesús niño en el seno de
su familia humana (ayer, fiesta de la Sagrada Familia) contemplamos su
nacimiento desde la perspectiva de María, la madre de Jesús, con su hijo en
brazos, tal como nos la presentan tantas imágenes. El hijo nos representa
también a todos nosotros porque María es nuestra Madre.
María tiene un papel
fundamental en la obra de la salvación. María está, con su mediación femenina y
materna, colocada entre la Trinidad y la humanidad a la que Dios dona su Hijo.
El Padre envía a su Hijo, pero la visibilidad del Hijo pasa a través de María
que lo engendra y lo da a luz.
Ninguna maternidad, tampoco
la suya, concluye con el parto; tiene por delante la colaboración en el
crecimiento y la educación del hijo. La maternidad de María crece con el
desarrollo de su hijo y su revelación. Será una reserva inagotable de
conocimientos sobre las primicias de la vida de Jesús y un testigo de la verdad
de su Encarnación.
María acompaña a su
hijo, contempla el misterio y conserva en su corazón todas esas cosas. No lo
hacía para poder después recrearse en recuerdos del pasado, sino como
experiencias que actualizaría y reviviría a lo largo de su vida. Nuestra fe en
Jesús como Salvador no puede quedar en recordar acontecimientos de otros tiempos,
creer es experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana
nuestra vida.
También celebra hoy la
Iglesia la Jornada Mundial de la Paz. Se ha escogido el tema “Inteligencia
Artificial y Paz” porque el notable progreso realizado en el campo de las
inteligencias artificiales tiene un impacto cada vez más profundo en la
actividad humana, la vida personal y social, la política y la economía
Hoy todos nos
felicitamos por el año nuevo que comienza. Los textos de esta fiesta nos
ofrecen en la primera lectura las palabras de bendición que Dios sugirió a
Moisés para que Aarón y sus sucesores las pronunciaran sobre el pueblo como
parte de un ritual litúrgico. Sería recomendable que todos los buenos deseos
que hoy nos dedicamos entre familiares y amigos estuvieran inspirados en esas
palabras que desean a la otra persona la bendición y protección del Señor,
ilumine su rostro sobre ti, te conceda su favor, se fije en ti, te conceda la
paz.
¡Dios nos bendice! y
nosotros debemos bendecir a Dios. La actitud cristiana es buscar el bien, pedir
el bien, querer el bien, pronunciar palabras de bien pidiéndoselas a Dios. Un
bien que no sea exclusivo ni exclusivista porque Dios es de todos y para todos.
Bendigamos a Dios por las cosas sencillas y diarias, como la salud, la vida,
los amigos, la fe, el cariño. Pidamos su bendición para que convierta los
corazones a la justicia y a la paz; que nos ayude a aprender a ver al hombre como
lo que es en verdad, hijo de Dios. Aprendamos a bendecir y a ser una bendición
para los demás.
BENDICIÓN AL INICIAR El AÑO
Que los caminos se abran a tu
encuentro, que el sol brille sobre tu rostro, que la lluvia caiga suave sobre
tus campos, que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con
gratitud el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca
en ti y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un
brillo de amistad, gracioso y generoso como el sol, que sale entre las nubes y
calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te
mantenga firme, que los ojos de Dios te miren, que los oídos de Dios te oigan, que
la Palabra de Dios te hable, que la mano de Dios te proteja, y que, hasta que
volvamos a encontrarnos, otro te tenga, y nos tenga a todos, en la palma de su
mano.
Amén









