domingo, 12 de junio de 2022
2022 SANTISIMA TRINIDAD.
DIA DE LA PARROQUIA
- El hombre nuevo que
Jesús nos trajo es un ser comunitario, a imagen de la Trinidad. Este hombre
nuevo, por definición, es un hombre libre, arraigado en una comunidad, somos
esencialmente un ser social. Por eso hoy celebramos el día de la Parroquia, con
motivo de la fiesta de San Antonio de Padua que celebraremos mañana. Queremos
dar gracias porque tenemos una comunidad de referencia.
- Desde nuestra
concepción, estamos atados y enraizados en la comunidad familiar. Nos
desarrollamos y alcanzamos nuestra realización personal en la medida que
entramos en comunión con otras personas capaces de amar y necesitadas de amor.
- Como criaturas,
hechas a semejanza del Dios Uno y Trino, que es comunidad de Amor infinito,
nunca seremos nosotros mismos sino en comunidad.
- Esta vocación
"relacional" o comunitaria sufre en nuestros días un duro trance.
Cada día se muestra con mayor intensidad una crisis cultural donde el individuo
se ha convertido a menudo en una pieza del engranaje social, en un número
anónimo dentro de la masa, en un factor de producción que es utilizado y muchas
veces ultrajado en su dignidad. Nunca la humanidad había contado con medios de
comunicación de todo tipo, tan extendidos, tan variados y sofisticados como hoy
contamos. Nunca hemos estado más cerca unos de otros, pero, al mismo tiempo,
nunca hemos estado interiormente tan distantes unos de otros. El individualismo
es sello característico de nuestra época. Nuestra sociedad está "hecha
pedazos" como decía el Papa Juan Pablo II.
- La pandemia ha
contribuido a la desintegración social, se van disolviendo toda vinculación,
las relaciones interpersonales disminuyen. Desintegración que hoy carcome
nuestra convivencia como una plaga. La red de vínculos de amor filial,
fraternal, familiar, comunitaria y social, se ha destrozado de modo nunca antes
visto. De ahí la tremenda soledad y vacío interior del hombre contemporáneo. Es
un ser desarraigado y vagabundo, perdido en el anonimato; psíquicamente desamparado.
Rodeado de todo tipo de comodidades, en construcciones confortables y dotado de
todo tipo de medios económicos y técnicos, y, sin embargo, incapaz de contacto
personal, y ávido de compensaciones, de tener y de gozar; buscando saciar, por
todos los medios, su sed de amor.
- A este tipo de hombre
queremos dar respuesta con una búsqueda decidida de comunión y de solidaridad,
tanto en el plano natural como sobrenatural. Hemos de sabernos y sentirnos
miembros los unos de los otros, conformando una comunidad donde se supere el
vivir el uno contra el otro o yuxtapuesto al otro, o el uno indiferente frente
al otro.
- Animémonos a cultivar
una comunidad de corazones, donde existe el aprecio y la responsabilidad
personal por el otro. Nuestro ideal es formar un nuevo tipo de comunidad donde
el uno viva en, para y con el otro. San Antonio viene en nuestra ayuda o nos
hace sentirnos miembros de la gran familia humana.
miércoles, 8 de junio de 2022
ADORACIÓN EUCARISTICA:
La bailarina frustrada.
Querido amigo Jesús, estás aquí junto a nosotros
en esta eucaristía, sacramento de amor perfecto. En esta tarde queremos
reflexionar junto a ti, lo importante que es tener firmeza, convicción y
voluntad de realizar tus designios en nuestra vida. Solo tú sabes y conoces
todos nuestros pensamientos, tú conoces nuestra fe y nuestra capacidad de
asumir y coger la cruz para seguirte. Solo tú conoces nuestras flaquezas y
nuestras fuerzas. Ayúdanos siempre a caminar por los caminos que tú has trazado
y has recorridos en tu vida terrena. Escuchemos esta reflexión.
La bailarina
frustrada: Una
joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia. Había llegado el
momento en el que se sentía lista para entregarse a la disciplina que le
ayudaría a convertir su afición en profesión. Deseaba llegar a ser primera
bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias.
Un día, cercana ya la Navidad, llegó a su ciudad una
gran compañía de ballet. Acabada la función, fue a los camerinos y habló con el
director.
- Quisiera llegar a ser una gran bailarina, le dijo.
Pero no sé si tengo el talento que hace falta.
- Hazme una demostración, le dijo el maestro.
Transcurrido apenas cinco minutos, la interrumpió
moviendo la cabeza en señal de desaprobación.
- ¡No! Lo siento, pero no tiene usted condiciones.
La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado.
Arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a danzar nunca más. Pocos
años después se casó, tuvo tres hijos y cuando estos se hicieron un poco
mayores, se puso a trabajar en un supermercado de la ciudad.
Años después, con motivo de que el mismo director
que tiempo atrás le había dicho que no tenía condiciones para el baile,
presentaba un nuevo espectáculo en la ciudad, nuestra amiga asistió al estreno.
Acabada la función, se topó con el viejo director que ya era octogenario. Ella
le recordó la charla que habían tenido años atrás. Le mostró fotografías de sus
hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado; y luego agregó:
- Hay algo que nunca terminé de entender. ¿Cómo pudo
usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?
- ¡Ahhh! Cuando usted bailó delante de mí le dije lo
que siempre le digo a todas, le contestó el director.
- ¡Pero eso es imperdonable! Exclamó ella. ¡Arruinó
usted mi vida! ¡Yo podía haber llegado a ser primera bailarina!
- ¡No lo creo! Repuso el anciano maestro.
- Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una
verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que
yo te dije.
La vida está
llena de pruebas que hemos de superar. Es la lucha continua lo que nos hace ir
superándonos; y es nuestro convencimiento, lo que nos hace mantenernos firmes
en nuestras decisiones. Si un matrimonio se separara al primer problema; si un
médico abandonara la práctica ante el primer error; si un científico abandonara
ante el primer fracaso… ¿No sería acaso signo de inmadurez, falta de vocación o
de ilusión?
El mismo Señor
nos dijo que la primera condición que habían de cumplir sus discípulos era
“renunciar a todo”, “tomar la cruz cada día” y después, “seguirle”. Como si
renunciar a todo, tomar la cruz y seguir a Cristo fuera fácil. Nuestra
bailarina probablemente había recibido de Dios las dotes para la danza, pero le
faltó la valentía y amor para superar el primer revés.
¡Cuántos
cristianos comienzan un camino de santidad, pero abandonan ante el primer o
segundo problema! Ser cristiano es mucho más difícil que ser bailarina; pero se
consigue si uno realmente ama. El amor es lo que nos hace fuertes, invencibles.
Y si ese amor está elevado por el Espíritu Santo, entonces nos hace
“todopoderosos”.
“Él me dijo: «Te basta mi gracia, porque la fuerza
se perfecciona en la flaqueza». Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía
en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me
complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las
persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy
fuerte” (2 Cor 12: 9-10).










