sábado, 31 de agosto de 2024


 


 

TU ERES MI LEY, SEÑOR

Mi esperanza, en los momentos de fracaso.

Mi alegría, en las heridas que producen la tristeza.

Mi fortaleza, cuando la debilidad asoma y se cuela por la ventana de mi existencia.

Eres mi ley, Señor.

Contigo aprendo a distinguir entre el bien y el mal.

A separar la verdad de la mentira.

A diferenciar la humildad de la soberbia.

El pecado de la perfección.

Porque, Tú eres mi ley, Señor, te pido que nunca me olvide de Ti.

Que nada ni nadie distraiga mi atención y pueda, en la medida de mis posibilidades, ser instrumento de tu amor y de tu gracia.

Porque, Tú eres mi ley, Señor, te pido que me ayudes: a cumplir con rectitud tus mandatos, a meditarlos día y noche, a llevarlos constantemente en mi pensamiento.

Pero sobre todo, Señor, ayúdame a que ningún otro precepto esté por encima de Ti.

Que ley alguna suprima tu nombre.

Que interesadas leyes se conviertan en un muro que me impidan el verte, que me impidan el encontrarte.

Y si algún día ocurriera, Señor, que la letra fuera más grande que tu presencia, ayúdame a borrar de mi memoria todo aquello que me obstaculiza amarte y entregarme a ti con toda el alma.

Amén

miércoles, 28 de agosto de 2024

2024 AGOSTO MEDITACIÓN EUCARISTICA: EL CAMELLO Y LA MULA 

En esta tarde querido Jesús sacramentado nos encontramos delante de ti para reforzar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. Tu solo puede animar nuestra vida y darle la energía suficiente para que vivamos en todos los momentos de la vida con toda la plenitud y con todo el sentido posible.

Vivir siempre de cara a los demás, colaborando, ayudando, prestando nuestra ayuda y nuestro apoyo a todos aquellos que lo puedan necesitar. Vivimos en un mundo único, en que las cosas pueden suceder a cualquiera sin importar edad, condición, raza o posición social. Todos embarcados en la misma barca y todos colaborando para que la nave pueda navegar con seguridad y llegar a buen puerto.

Escuchemos esta parábola interesante. El camello y la mula: Un día en el desierto hacia demasiado sol y a muchos kilómetros de distancia de un pequeño pueblo una mula iba con su carga muy agotada y estaba casi a punto de desmayarse por todo el peso que llevaba a sus espaldas y de pronto vio a su amigo el camello y le dijo:

- mi hermano y querido camello ya casi no resisto, por favor me podrías ayudar un rato con esta pesada carga es que él amo me puso demasiado peso y casi no siento mi cuerpo, creo que no aguantaré hasta llegar al pueblo. Entonces la mula le dijo al camello que si la ayudaba algún día le iba a regresar el gran favor.

El camello le contestó de una manera indiferente y le destruyó su esperanza, le dijo:

- Mula lo que estás cargando no es mi problema, mejor ocúpate de tus asuntos que yo me encargaré de los míos y de esta manera estaremos todos felices.

Después ambos animales siguieron su camino junto a su amo y su hijo para dejar la mercancía que cargaban en el pueblo más cercano, al cabo de unos minutos la mula estaba muy deshidratada y con un cansancio inmenso. De pronto se desvaneció, la mula tuvo que quedarse con el hijo del amo hasta que llegara un veterinario para poder ser atendida.

Entonces el amo de los animales le quito toda la mercancía a la mula y se la puso al camello que suspirando pensaba, "debí ayudar a la mula cuando ella me lo pidió, por no querer cargar una pequeña carga ahora tengo que cargar toda la mercancía".

Señor Jesús delante de ti te pedimos que nos ayudes a ser personas sensatas y receptivas, misericordiosas y compasivas. Que seamos capaces cuando alguien nos cuente algún problema y creamos que no nos afectan porque no son nuestros inconvenientes, es mejor que recapacitemos y lo pensemos un poco más.

Recordemos que quien no vive para servir, no sirve para vivir. Cada vez que no tendemos nuestra mano para ayudar a nuestro prójimo, sin que lo notemos en ese momento, en realidad nos estamos perjudicando a nosotros mismos. Jamás neguemos hacer un favor, siempre y cuando podamos hacerlo, nunca digamos te ayudaré mañana cuando puedes hacerlo hoy. No cerremos los ojos ante la necesidad de los otros porque la vida puede cambiar y tal vez quien mañana necesite de una ayuda podríamos ser nosotros mismos.

Jesús tu nos enseñaste que no viniste a ser servido sino a servir, por eso ter pedimos que nos ayudes a descubrir el propósito de nuestra vida no es otro que servir. Hay que mostrar compasión y debemos tener una voluntad inquebrantable de ayudar a otros, así que cuando ayudemos a alguien, seamos capaces de dar gracias porque el destino nos ha puesto en el lugar del que da y no en el lugar del que necesita ayuda. Nunca olvidemos que cuando alguien necesite nuestra ayuda y se la podemos brindar, hagámoslo o demos un buen consejo por lo menos.

Cuidémonos de las personas que les gusta aprovecharse de otros, por lo general si les haces un favor y otro día no podemos ayudarlos en otra cosa, se enfadan y terminan hablando mal de nosotros, Pero no importa haz bien y no mires a quien. Al final de nuestra vida el Señor va a mirar nuestras manos de que están llenas, si de favores y ayudas o de desprecios. Ayúdanos tu Jesús a ser mejores personas y mejores hermanos para si construir tu reino de amor y fraternidad universal. Amén

 

sábado, 24 de agosto de 2024


 


 

VOY CONTIGO, SEÑOR

Porque eres el único que permanece, la verdad que nos hace libres, el sol que, más allá del que alumbra en lo alto nos alumbra una eternidad en el cielo.

Te lo prometo, Señor; yo no me voy.

Porque, en el mundo, cambian muchas cosas.

Lo que es amor, luego se convierte en egoísmo.

Lo que es gratuito, a continuación, es alto precio.

Tú, en cambio Señor, cumples lo que prometes con un amor leal, legal y sin límites.

Porque, en medio del recio viento, eres veleta que orienta para no perderme.

Porque, en medio del bravío mar, eres timón seguro que siempre lleva a buen puerto.

Ayúdame a no desertar, a no alejarme de Ti.

Te doy las gracias, por la libertad que me ofreces para seguirte.

Te doy las gracias, porque, aún en medio de tanta seducción, sigues optando por mí, sigues esperando mi respuesta, sigues añorando mi presencia.

Ayúdame a cumplir con este reto, con esta firme propuesta: quiero estar contigo, Señor.

Quiero estar a tu lado, siempre, Señor.

 

miércoles, 21 de agosto de 2024


 

2024AGOSTO MEDITACIÓN EUCARÍSTICA.

LAS DOS HORMIGAS

 

Señor Jesús presente en el altar, de nuevo en esta tarde venimos a estar contigo y a llenarnos de tu presencia. Aquí a tu lado nos encontramos bien y sabemos que todos estos momentos que dedicamos a estar contigo no es tiempo perdido, sino todo lo contrario es tiempo ganado y bien aprovechado. Porque salimos reforzados y llenos de una gran esperanza e ilusión. Hoy queremos pedirte que nos ayudes a desprendernos de todo aquello que nos ata, de todo aquello que no nos hace bien para que asumamos la vida nueva que tú nos ofreces. Una vida nueva llena de amor, de respeto y de fraternidad.

Una hormiga vivía plácidamente en una montaña de azúcar. Otra hormiga vivía cerca de allí, en un montículo de sal. La hormiga que vivía en la montaña de azúcar vivía feliz, porque disfrutaba de un alimento muy dulce, mientras que la hormiga que vivía en la montaña de sal, siempre tenía una terrible sed después de comer.

Un día, la hormiga de la montaña de azúcar se acercó a la montaña de sal:

- ¡Hola, amiga! le dijo.

- ¡Hola! contestó extrañada la hormiga del montículo de sal. ¡Qué bueno ver otra hormiga por aquí! Comenzaba a sentirme muy sola…

- Pues vivo muy cerca de aquí, en una montaña de azúcar.

- ¿Azúcar? ¿Y eso qué es? preguntó extrañada la hormiga de la sal.

- ¿Nunca probaste el azúcar? ¡Te va a encantar! Si quieres, ven mañana a verme y te dejaré probar el azúcar.

- ¡Me parece una idea fantástica! contestó intrigada la hormiga de la montaña de sal.

Al día siguiente, la hormiga del montículo de sal decidió aceptar la invitación de su vecina. Pero antes de partir, pensó en llevar en la boca un poco de sal, por si acaso el azúcar no le gustaba. Así tendría algo que comer.

Y después de andar un poco, enseguida descubrió la brillante montaña de azúcar. En lo más alto, estaba su vecina.

- ¡Qué bueno que viniste, amiga! Sube, que quiero que pruebes el sabor del azúcar.

- ¡De acuerdo! contestó la hormiga de la sal.

Una vez arriba, la hormiga vecina le ofreció un poco de azúcar, pero como ella tenía sal en la boca, el azúcar le supo a sal.

- ¡Vaya, que curioso! dijo la hormiga de la sal. Resulta que tu azúcar sabe igual que mi sal. Debe ser lo mismo. Tú la llamas azúcar y yo la llamo sal.

- No puede ser, dijo extrañada la otra hormiga. Yo he probado la sal y no se parece en nada… A ver, abre la boca.

Entonces, la hormiga se dio cuenta de que tenía guardada sal en la boca.

- ¡Claro! ¡Ahora lo entiendo! Anda, escupe la sal y prueba de nuevo…

La otra hormiga obedeció y esta vez sí, el azúcar al fin le supo a azúcar.

- ¡Mmmmmm! ¡Deliciosa! ¡Es una maravilla! dijo la hormiga entusiasmada. Y se quedó a vivir con su nueva amiga, disfrutando del maravilloso y dulce sabor del azúcar.

Si no te deshaces de aquello a lo que te aferras sin que te haga feliz, no podrás disfrutar de lo nuevo y darle una oportunidad para mejorar.

Jesús tú nos decías que nos deshiciéramos del hombre viejo y que asumiéramos el hombre nuevo, ese hombre nuevo que tú viniste a enseñarnos. Vivir como hermanos, buscando el respeto de la diferencia del otro. Porque la diferencia del otro nos enriquece y nos da nuevas visiones de la vida. Intentemos deshacernos de lo viejo, de lo que no nos hace felices, de aquello que nos intoxica y nos perjudica y revistámonos de lo bueno, de lo dulce de la vida. Solo tu Jesús puedes echarnos una mano y con tu ayuda estamos seguros que lo conseguiremos. De nuevo te pedimos que no nos abandones y que camines siempre con nosotros. Amén.