sábado, 17 de abril de 2021

VIERNES 30 de Abril a las 19'40h
dará inicio la NOVENA a la
VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

 


 

Mañana 18 de Abril -III Domingo de Pascua A las 12h
Confirmaciones de jóvenes y adultos.
Pidamos al Señor para que la fuerza del Espíritu Santo les ayude y santifique

 

2021 AÑO B TIEMPO DE PASCUA III

Los dos discípulos de Emaús “le reconocieron en la fracción del pan", en partir algo propio por los demás, porque esto es el corazón del Evangelio. Partir el pan o un frasco de perfume, como en Betania, y luego compartir el tiempo, el camino y la esperanza. El corazón de ambos ha cambiado porque el encuentro con Jesús transforma: Se fueron a su aldea descorazonados y desanimados y regresaron a Jerusalén sin demora. Ya no les da miedo la noche, ya no hay fatiga, Jerusalén ya no es una ciudad enemiga, porque el corazón está encendido, los ojos ven más allá de la realidad. Respiran un nuevo aire porque respiran a Cristo.

Todavía están hablando, y Jesús mismo se apareció entre ellos y dijo: Paz a vosotros. El encuentro con Jesús inmediatamente te lleva a un estado de paz y serenidad: El Señor Jesús entra en nuestra casa y nos trae el regalo de la paz, paz con nosotros mismo, paz con los que están cerca y los que están lejos.

Es interesante la lamentación de Jesús: "no soy un fantasma". Jesús manifiesta ese deseo de ser acogido como amigo que vuelve de lejos, de ser abrazado con entusiasmo, de ser abrazado con alegría. No podemos amar a un fantasma. Por eso Jesús pronuncia los verbos más sencillos: Mirar, tocar, comer juntos.

Conocían bien a Jesús, después de tres años de acompañarle por los caminos de la vida, pero no lo reconocen. Los discípulos les cuesta tanto comprender y aceptar la resurrección, es un esfuerzo enorme. Pero precisamente por eso nos consuela. Porque la resurrección de Jesús es garantía de que no es una hipótesis consoladora inventada por ellos, sino algo que los ha desplazado, descolocado y que les cuesta creer.

La buena noticia es que Jesús no es un fantasma, es el poder de la vida, de Dios; nos envuelve de paz, de perdón, de resurrección. Vive en nosotros, llora nuestras lágrimas y sonríe como nadie. Muchas veces él se coloca en nuestro lugar y nos pasan cosas grandes, y todo se vuelve más humano y más vivo.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran la Escritura. Es Jesús quien nos hace comprender, no nuestra inteligencia o nuestros estudios. Por eso Jesús se manifiesta a los sencillos y gente buena de corazón, sin tener grandes estudios o inteligencia y sin embargo son capaces de abrirse al misterio de Dios, al misterio de la vida.

Y el Evangelio concluye hoy: Vosotros sois testigos de esto. Ser testigos es nuestra misión y verdad. No somos predicadores, profesores, palabreros, sino testigos, que tienen una gran y buena noticia que dar, y no podemos callar porque brota del corazón y se manifiesta con las miradas y los gestos. Amén.

 

miércoles, 14 de abril de 2021



 

2021 ABRIL, MEDITACIÓN EUCARISTICA

COMO LAS AGUILAS

 En esta tarde del tiempo de Pascua venimos ante ti Señor sacramentado para compartir tu vida y sobre todo compartir estos momentos de oración y de contemplación. Sabemos que tu resurrección nos abre el camino a una nueva vida, una nueva manera de estar y comportarnos delante de la sociedad y del mundo. Queremos ser hombres y mujeres pascuales donde asumimos el riesgo y no dejamos que nos invada el miedo y el temor a lo desconocido. Tu nos empujas a ser personas vivas, autenticas, sencillas, disponible para ti y para los hermanos. Tu nos quieres vivos y resucitados, llenos de vida, energía y vigor. Aprendamos del valor de las águilas.

Las águilas viven 70 años, pero a los 40 años tienen que tomar una difícil decisión, sus uñas se vuelven tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico, alargado y puntiagudo, se curva demasiado apuntando contra el pecho y ya no le sirve.

Sus alas están envejecidas y pesadas en función del gran tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se le hace muy difícil.

Tiene dos alternativas: abandonarse y morir, o enfrentarse a un doloroso proceso de renovación, que consiste en volar a un nido en las montañas cerca de una pared, ya que está seguro.

El águila comienza a golpear con su pico en la pared con mucha fuerza hasta conseguir arrancárselo. Después esperará el crecimiento de un nuevo pico, con el que se desprenderá una a una sus viejas uñas. Cuando las nuevas garras comienzan a nacer, comenzará a desgarrarse sus desgastadas plumas.

Y después de todos esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatrizaciones y crecimiento, logra realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento y festejo para vivir otros treinta años más...

En nuestra vida para continuar un vuelo de victoria, vivir una vida pascual, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación.

Debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos cuyo peso nos impiden avanzar. Solamente libres del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre nos trae.

Resucitar, renovarse por dentro implica poner orden en el mundo mental, sentimental, afectivo, visceral, desechando los recuerdos de acontecimientos frustrantes o dolorosos para quedarnos solo con la experiencia de lo que aprendimos. Y vigorizar nuestros criterios y valores que son irrenunciables y dejar a un lado lo secundario y lo que puede entorpecer nuestros caminos de esperanza y alegría total.

Para poner en orden, para renovarnos y alzar vuelo, hay que conocernos, saber quiénes somos, cuáles son nuestras potencialidades y a donde queremos llegar. Así pues, aquí delante de Jesús sacramentado queremos entrar en lo más profundo de nuestro ser donde Él nos espera y dialogar y reforzar nuestro amor y devoción al único que puede descubrir quiénes somos de verdad.

No hay necesidad de adaptarse al problema; existe la posibilidad de librarse de él. Pero el camino es un poco difícil, el camino es un desafío. Es una elección tuya.

Sigamos la ruta de las águilas. Siempre hacia arriba, siempre hacia delante...

sábado, 10 de abril de 2021


 2021 AÑO B TIEMPO DE PASCUA II

Los discípulos estaban encerrados en la casa por miedo. Miedo a los líderes judíos, a los guardias del templo, a la muchedumbre voluble, a los romanos, a sí mismos. Y, sin embargo, viene Jesús. Esa casa de puertas cerradas donde falta el aire de la libertad y donde se respira miedo e incomodidad, ahí mismo viene Jesús.

Vuelve a presentarse ocho días después. Y siglos después sigue aquí, frente a nuestras puertas cerradas, viene a traernos la paz y la fuerza de su Espíritu. Qué fantástico es nuestro Dios: No acusa, no reprocha, no abandona, sino que se presenta en medio de los discípulos y les vuelve a proponer, les comunica su paz y su fuerza porque no le habían entendido, y están paralizados por el miedo.

Dios es así, acompaña con infinita delicadeza la fe lenta de su pueblo, al que no pide ser perfecto, sino auténtico; no que estén impecables, sino que estén disponibles. Y se vuelve hacia Tomas, que nos representa a todos: le enseña manos y el costado. La resurrección no cerró los agujeros de los clavos, no eliminó las heridas, como hubiéramos esperado. Porque la cruz no es un simple accidente que hay que superar y olvidar; es la expresión más alta del amor, del arte del amor divino. Es precisamente por esos agujeros en sus manos y en su costado que Dios lo levantó, y no a pesar de ellos: sus heridas son su carta de amor. Jesús no quiere forzar a Tomás, respeta su cansancio y sus dudas, conoce los tiempos de cada uno, conoce la complejidad del vivir.

Si al final Tomas lo tocó o no, no importa. Lo importante es lo que expresó: Señor mío y Dios mío, Tomas repite ese pequeño adjetivo "mío" que lo cambia todo. Mío no de posesión, sino de pertenencia: mantenme en ti. Mío, como el corazón, como el aliento, sin ellos no existiríamos.

El don de Jesús resucitado es la paz: paz a vosotros. Tres veces repite Jesús paz a vosotros». No es el saludo habitual entre los judíos (shalom alekem) y árabes (salam aleikun), es un deseo más profundo, es un estado de ánimo, tal como manifestó en la última cena: “La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis”. En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

Después viene la alegría de los discípulos y la misión. “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo”. Tal como hemos escuchado en los Hechos: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma… Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.

Bienaventurados los que creen sin haber visto. Es una fe basada no solamente en la razón sino en el instinto, en el corazón y en la emoción.