sábado, 17 de abril de 2021
2021 AÑO B TIEMPO DE PASCUA III
Los dos discípulos de
Emaús “le reconocieron en la fracción del pan", en partir algo propio por
los demás, porque esto es el corazón del Evangelio. Partir el pan o un frasco
de perfume, como en Betania, y luego compartir el tiempo, el camino y la
esperanza. El corazón de ambos ha cambiado porque el encuentro con Jesús transforma:
Se fueron a su aldea descorazonados y desanimados y regresaron a Jerusalén sin
demora. Ya no les da miedo la noche, ya no hay fatiga, Jerusalén ya no es una
ciudad enemiga, porque el corazón está encendido, los ojos ven más allá de la
realidad. Respiran un nuevo aire porque respiran a Cristo.
Todavía están hablando,
y Jesús mismo se apareció entre ellos y dijo: Paz a vosotros. El encuentro
con Jesús inmediatamente te lleva a un estado de paz y serenidad: El Señor
Jesús entra en nuestra casa y nos trae el regalo de la paz, paz con nosotros
mismo, paz con los que están cerca y los que están lejos.
Es interesante la
lamentación de Jesús: "no soy un fantasma". Jesús
manifiesta ese deseo de ser acogido como amigo que vuelve de lejos, de ser
abrazado con entusiasmo, de ser abrazado con alegría. No podemos amar a un
fantasma. Por eso Jesús pronuncia los verbos más sencillos: Mirar, tocar, comer
juntos.
Conocían bien a Jesús,
después de tres años de acompañarle por los caminos de la vida, pero no lo
reconocen. Los discípulos les cuesta tanto comprender y aceptar la
resurrección, es un esfuerzo enorme. Pero precisamente por eso nos consuela. Porque
la resurrección de Jesús es garantía de que no es una hipótesis consoladora
inventada por ellos, sino algo que los ha desplazado, descolocado y que les
cuesta creer.
La buena noticia es que Jesús no es un fantasma, es el poder de la vida, de Dios; nos envuelve de paz,
de perdón, de resurrección. Vive en nosotros, llora nuestras lágrimas y sonríe
como nadie. Muchas veces él se coloca en nuestro lugar y nos pasan cosas
grandes, y todo se vuelve más humano y más vivo.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran
la Escritura. Es Jesús quien nos
hace comprender, no nuestra inteligencia o nuestros estudios. Por eso Jesús se
manifiesta a los sencillos y gente buena de corazón, sin tener grandes estudios
o inteligencia y sin embargo son capaces de abrirse al misterio de Dios, al
misterio de la vida.
Y el Evangelio concluye
hoy: Vosotros sois testigos de esto.
Ser testigos es nuestra misión y verdad. No somos predicadores, profesores,
palabreros, sino testigos, que tienen una gran y buena noticia que dar, y no podemos
callar porque brota del corazón y se manifiesta con las miradas y los gestos. Amén.
miércoles, 14 de abril de 2021
2021 ABRIL, MEDITACIÓN
EUCARISTICA
COMO LAS AGUILAS
Las águilas viven 70 años, pero a los 40 años tienen
que tomar una difícil decisión, sus uñas se vuelven tan largas y flexibles que
no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico, alargado y
puntiagudo, se curva demasiado apuntando contra el pecho y ya no le sirve.
Sus alas están envejecidas y pesadas en función del
gran tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se le hace muy difícil.
Tiene dos alternativas: abandonarse y morir, o
enfrentarse a un doloroso proceso de renovación, que consiste en volar a un
nido en las montañas cerca de una pared, ya que está seguro.
El águila comienza a golpear con su pico en la pared
con mucha fuerza hasta conseguir arrancárselo. Después esperará el crecimiento
de un nuevo pico, con el que se desprenderá una a una sus viejas uñas. Cuando
las nuevas garras comienzan a nacer, comenzará a desgarrarse sus desgastadas
plumas.
Y después de todos esos largos y dolorosos cinco
meses de heridas, cicatrizaciones y crecimiento, logra realizar su famoso vuelo
de renovación, renacimiento y festejo para vivir otros treinta años más...
En nuestra
vida para continuar un vuelo de victoria, vivir una vida pascual, muchas veces
tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación.
Debemos
desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos cuyo peso nos impiden avanzar.
Solamente libres del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una
renovación siempre nos trae.
Resucitar, renovarse
por dentro implica poner orden en el mundo mental, sentimental, afectivo,
visceral, desechando los recuerdos de acontecimientos frustrantes o dolorosos
para quedarnos solo con la experiencia de lo que aprendimos. Y vigorizar
nuestros criterios y valores que son irrenunciables y dejar a un lado lo
secundario y lo que puede entorpecer nuestros caminos de esperanza y alegría
total.
Para poner en
orden, para renovarnos y alzar vuelo, hay que conocernos, saber quiénes somos, cuáles
son nuestras potencialidades y a donde queremos llegar. Así pues, aquí delante
de Jesús sacramentado queremos entrar en lo más profundo de nuestro ser donde
Él nos espera y dialogar y reforzar nuestro amor y devoción al único que puede
descubrir quiénes somos de verdad.
No hay
necesidad de adaptarse al problema; existe la posibilidad de librarse de él.
Pero el camino es un poco difícil, el camino es un desafío. Es una elección
tuya.
Sigamos la
ruta de las águilas. Siempre hacia arriba, siempre hacia delante...
sábado, 10 de abril de 2021
2021 AÑO B TIEMPO DE PASCUA II
Los discípulos estaban encerrados en la casa por miedo. Miedo a los líderes judíos, a los guardias del templo, a la muchedumbre voluble, a los romanos, a sí mismos. Y, sin embargo, viene Jesús. Esa casa de puertas cerradas donde falta el aire de la libertad y donde se respira miedo e incomodidad, ahí mismo viene Jesús.
Vuelve a presentarse ocho días después. Y siglos
después sigue aquí, frente a nuestras puertas cerradas, viene a traernos la paz
y la fuerza de su Espíritu. Qué fantástico es nuestro Dios: No acusa, no
reprocha, no abandona, sino que se presenta en medio de los discípulos y les
vuelve a proponer, les comunica su paz y su fuerza porque no le habían
entendido, y están paralizados por el miedo.
Dios es así, acompaña con infinita delicadeza la fe
lenta de su pueblo, al que no pide ser
perfecto, sino auténtico; no que estén impecables,
sino que estén disponibles. Y se
vuelve hacia Tomas, que nos representa a todos: le enseña manos y el costado.
La resurrección no cerró los agujeros
de los clavos, no eliminó las heridas,
como hubiéramos esperado. Porque la cruz no es un simple accidente que hay que
superar y olvidar; es la expresión más
alta del amor, del arte del amor divino. Es precisamente por esos agujeros
en sus manos y en su costado que Dios lo levantó, y no a pesar de ellos: sus
heridas son su carta de amor. Jesús no quiere forzar a Tomás, respeta su
cansancio y sus dudas, conoce los tiempos de cada uno, conoce la complejidad del
vivir.
Si al final Tomas lo tocó o no, no importa. Lo
importante es lo que expresó: Señor mío y Dios mío, Tomas repite
ese pequeño adjetivo "mío" que lo cambia todo. Mío no de posesión, sino de pertenencia: mantenme en ti. Mío, como
el corazón, como el aliento, sin ellos no existiríamos.
El don de Jesús resucitado es la paz: paz
a vosotros. Tres veces repite Jesús paz a vosotros». No es el saludo
habitual entre los judíos (shalom alekem) y árabes (salam aleikun), es un deseo
más profundo, es un estado de ánimo, tal como manifestó en la última cena: “La
paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os
acobardéis”. En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo
de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y
especialmente durante su pasión.
Después viene la alegría de los discípulos y la misión.
“Como el Padre me ha enviado, así os
envío yo”. Tal como hemos escuchado en los Hechos: El grupo de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma… Los apóstoles daban testimonio de la
resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Bienaventurados
los que creen sin haber visto. Es una fe basada no
solamente en la razón sino en el instinto, en el corazón y en la emoción.







