2024
DICIEMBRE ADORACIÓN EUCARISTICA.
EL
BURRO ORGULLOSO
Cercana
ya la Navidad queremos estar contigo para aprender de ti como tener un corazón
humilde y sensato. Para acoger tu misterio de la natividad es necesario hacerse
humildes y abrir nuestros corazones a tu presencia. Solo así podremos compartir
tu misterio de hacer carne como nosotros y tu cercanía al mundo. La Navidad es
el abrazo de Dios a la humanidad.
Que
no seamos orgullosos como le pasó al protagonista de esta historia.
El
Burro Orgulloso: En
un monasterio retirado en medio de una montaña, vivía desde muy pequeño un
burro, cuyo trabajo consistía en dar vueltas al molino para obtener el agua
necesaria para los monjes. Todos los días debía madrugar para hacer su
rutinaria tarea, pero el burro pensaba.
-
Este trabajo mío parece no tener fin. ¡Qué no daría por salir al mundo
exterior, para saber qué hay más allá de los muros del monasterio!
Así
pasaba los días, mirando hacia el horizonte, tratando de adivinar cómo sería el
mundo. Hasta que, cierto día, le llegó la oportunidad que esperaba. El abad le
ordenó a uno de los monjes que llevara al burro hasta la aldea cercana, y
trajera una carga que estaban esperando desde hacía días. Al fin estaba
conociendo ese mundo que apenas había imaginado.
Al
llegar a la aldea, colocaron con cuidado la carga sobre el lomo del asno.
Entonces, ya más pausadamente, emprendieron el camino de regreso hacia el
monasterio.
Pero
en este trayecto, el burro comenzó a notar algo insólito. A medida que
avanzaban, al cruzarse con los viajeros y campesinos que recorrían el mismo
camino, unos se inclinaban con reverencia, otros se arrodillaban mientras
descubrían sus cabezas y todos se persignaban con gran devoción.
El
burro entendió que era su presencia la que causaba tal conmoción. Seguramente
estaban abrumados por su porte y su aura de grandeza. Entonces levantó la
cabeza con orgullo y siguió caminando a paso firme.
Así
continuaron su camino, el monje saludando con una venia leve a quienes se
cruzaba, y el burro muy dueño de sí mismo, presumiendo su importancia.
Tan
pronto llegaron al templo, los monjes aliviaron al burro de su carga. Después
de dejarlo descansar un rato, lo condujeron, como siempre, al molino para que
comenzara su faena diaria. Pero sintiendo que ahora su dignidad no le permitía
hacer un trabajo tan servil, se negó a conducir la rueda del molino.
Los
monjes trajeron otro asno para cumplir con la tarea. Pensando que aquel burro
ya no era de utilidad, resolvieron dejarlo en libertad. Tan pronto se vio de
nuevo en el camino, pero ahora libre de amos, el burro trotó colina abajo,
esperando ser adorado nuevamente, como correspondía a su naturaleza divina.
Llegando a la aldea, observó que tocaban tambores y lanzaban pólvora.
-
¡Tal como lo pensé, se dijo, me vieron venir y han salido para darme la bienvenida!
En
realidad, se trataba de unas festividades que casualmente se celebraban ese
día, y todo el pueblo había salido para celebrar. Pero el burro trató de
abrirse paso por el medio de la orquesta, sintiendo que debía estar en el medio
de la celebración.
Pero
cuando todos vieron cómo interrumpía los cánticos, pasando entre ellos sin
mirar a los lados, se llenaron de enojo. Comenzaron a golpearlo con todo lo que
encontraron a mano, hasta dejarlo casi muerto a un lado del camino.
Entonces,
lleno de confusión, el burro regresó al galope hacia el monasterio, al no
ocurrírsele un refugio más seguro. Una vez allí, buscó al monje a cuyo cargo
siempre había estado, y con ojos desorbitados, le narró su amarga experiencia:
-
No puedo entender la crueldad de la gente. Cuando veníamos de regreso desde la
aldea, todos me hacían reverencias y me adoraban. Ahora me han golpeado, hasta
casi dejarme muerto. ¿Por qué?
El
monje apenas suspiró con benevolencia, y le contestó: ¡Realmente no puedes
comportarte de otro modo que como un burro tonto! ¡Ellos no se estaban
arrodillando ante ti, sino ante la estatua de Cristo que estabas cargando!
Señor
Jesús ayúdanos a desechar todo el orgullo y la soberbia que reflejan una
realidad que solo habita en nuestro deseo engañoso. Ayúdanos a acogerte en
Navidad con un corazón humilde y abierto y que nos preocupemos un poco más de
los demás intentando acogerlos en lo más profundo de nuestro ser. Amén