sábado, 25 de abril de 2020


DOMINGO DE PASCUA III
En este tercer domingo de pascua el evangelio nos presenta a los dos discípulos que vuelven a Emaús desanimados y descorazonados. Ellos esperaban que Jesús fuera el libertador de Israel. No son galileos, no forman parte del grupo inicial, pero han alentado las mismas ilusiones que ellos con respecto a Jesús. Estaban convencidos de que el poder de sus obras y de su palabra los pondría al servicio de la gran causa religiosa y política: la liberación de Israel. Sin embargo, lo único que consiguió fue su propia condena a muerte. Ahora sólo quedan unas mujeres lunáticas y un grupo se seguidores indecisos y miedosos, que ni siquiera se atreven a salir a la calle o volver a Galilea. Ellos desencantados cortan su relación con los discípulos y se van de Jerusalén.
Pero Jesús se pone a su lado a caminar con tal aspecto que no pueden reconocerlo. Jesús le explicaba que el Mesías tenía que padecer y morir para entrar en su gloria. Lo curioso es que Jesús no se les revela como el resucitado, se limita a recorrer la Ley y los Profetas, espigando, explicando y comentando los textos adecuados. Más tarde comentarán que, al escucharlo, les ardía el corazón.
Y en un gesto tan habitual como partir el pan se les abren los ojos para reconocer a Jesús. Y en ese mismo momento desaparece. Pero su corazón y su vida han cambiado.
Cuanto necesitamos en nuestras comunidades: recordar a Jesús, ahondar en su mensaje y en su actuación, meditar en su pasión. Que Jesús nos conmueva, que sus palabras nos lleguen hasta dentro y nuestro corazón comience a arder. Sería el despertar de nuestra fe.
Los dos caminantes sienten necesidad de Jesús. Les hace bien su compañía. No quieren que los deje: «Quédate con nosotros». En la cena se les abren los ojos.
Es la experiencia clave: sentir que nuestro corazón arde al recordar su mensaje, su actuación y su vida entera; sentir que, al celebrar la eucaristía, su persona nos alimenta, nos fortalece y nos consuela. Cuando acabe nuestro confinamiento ojalá nuestros encuentros eucarísticos nos motiven y nos fortalezcan y vivamos con mayor intensidad y emoción nuestras eucaristías. Ánimo a todos.

ACCIÓN DE GRACIAS
Mientras caminábamos tristes,
te has acercado respetuoso
a nuestras dudas, temores y desánimos.
Has hecho el camino con nosotros
aceptando nuestro ritmo y paso,
conversando con lenguaje llano y claro.
Con tu palabra y presencia viva
nos has abierto la Escritura
y los caminos de Dios en la historia.
Has calentado nuestro corazón,
has abierto nuestros ojos cegados
y nos has devuelto alegría e ilusión.
¡Quédate con nosotros al declinar el día
y comparte nuestro pan y techo, sin prisa,
antes de enviarnos a ser personas nuevas!
¡Quédate con nosotros y haznos compañía,
vamos a conversar un poco más de tu utopía
y de los horizontes abiertos en nuestras vidas!
Florentino Ulibarri

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